FICHA TÉCNICA



Título obra El pastel de zarzamoras

Autoría Jesús González Dávila

Dirección Pilar Souza

Elenco Claudia Nayeli Ferriz, Ramiro García, Alfonso Rangel, Rubén Herrera

Espacios teatrales Foro Cultural de la Escuela Nacional de Ajedrez

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El pastel de zarzamoras de Jesús González Dávila, dirige Pilar Souza]”, en Siempre!, 2 septiembre 1992.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de septiembre de 1992

Columna Teatro

El pastel de zarzamoras de Jesús González Dávila, dirige Pilar Souza

Rafael Solana

¿Ustedes le ven pies ni cabeza al hecho de que una obra teatral estupenda, que además de estar impecablemente construida y escrita y de tratar un tema vigoroso, relacionado con los derechos humanos, y que llega a ser tan emotiva que merece el calificativo de conmovedora, vaya a reponerse, misteriosamente, sin anuncio alguno, al diminuto e ignorado local que es el Foro Cultural de la Escuela Nacional de Ajedrez, en un callejón sin salida del rumbo de Nonoalco? Una que además, lo que merecería alguna atención, es de autor mexicano, y no un desconocido o un incipiente, sino que ya triunfó en el teatro del tamaño del Julio Castillo, antes del Bosque, con una pieza, De la calle, cuyo nombre resonó en la temporada de premios; y de otra, Los niños prohibidos, que estuvo con honor en el Tepeyac, un teatro del Seguro Social ya de noble tradición y que viene viéndose cada vez frecuentado; y de otra obra más, Amstedam boulevard, que unificó en su favor a la crítica, que la colmó de merecidísimos premios; y de Crónica de un desayuno, que se dejó ver en el Rodolfo Usigli, con general aplauso; y de otras, infantiles, que gustaron también. Y todo esto en momentos en que las más poderosas instituciones, como el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte [sic], y los Institutos Mexicano del Seguro Social, Nacional de las Bellas Artes y de Seguridad y Servicios para los Trabajadores del Estado se unen con el noble propósito de dar impulso al buen teatro, y forman un consejo para la concesión de una docena de acreditados locales... no todos lo cuales, en este primer año de funcionamiento de la coalición, han sido otorgados con igual acierto.

Pues ha sido la suerte de El pastel de zarzamoras, que nos inclinaríamos a señalar como la mejor de todas las obras de don Jesús González Dávila, si no nos asaltara la duda de que tal vez sea igualmente buena, ya que no mejor Amsterdam boulevard, que trata por cierto de un problema con el que el de El pastel de zarzamoras tiene algún parecido. El señor González Dávila es ya un autor consagrado, que cuenta con generales respeto y aprecio; no es personalmente, ni muchísimo menos, un pesado que se hubiera creado entre sus contemporáneos y connacionales un mal ambiente; pero en todo caso, aunque así fuera, habría habido que ignorar ese defecto suyo, como ya en otros ejemplos ha ocurrido, para reconocer sin prejuicios la grandeza y la excelencia de su obra, sin prevención de ninguna clase. No es un soberbio, ni un pedante, ni un engreído, sino un hombre que se pasa de modesto (como a veces le ocurre también a su estimabilísimo colega el doctor Tomás Urtusástegui) al permitir que obras de la gran calidad de las suyas vayan a esconderse, como avergonzadas, a salitas que carecen de prestigio y de público (aunque en el agujero al que nos referimos, y que lleva además del ya citado otros nombres, tales como Centro Cultural de la Nueva Dramaturgia y Grupo Tercera Cara del Teatro Latinoamericano), en vez de luchar por obtener algún local más acreditado, y cuya capacidad permita la contratación de artistas de mayor fama, que algo ayuden a atraer a la gente (si bien se dio ya el caso de que Rosa de dos aromas, otra obra mexicana formidable, se hiciera vieja en otro cul-de-sac (callejón ciego) con unas actrices o con otras y todavía siga viva).

El único nombre de arrastre en el reparto de El pastel de zarzamoras es el de la directora Pilar Souza, como actriz hace ya cuarenta y cinco años consagrada, y recientemente directora de teatro clásico en la Pinacoteca Virreinal (otro escondrijo). Los artistas del nada numeroso reparto, que trabajan con más abnegación que experiencia, son Claudia Nayeli Ferriz, Ramiro García, Alfonso Rangel (en el papel de mayor peso) y Rubén Herrera. Pero es tan buena la obra que basta escucharla, sin contar con que sea necesario que la ameriten los nombres de artistas conocidos o televisionudos.

La Delegación Cuauhtémoc, que algún tipo de patrocinio imparte a estas representaciones, tal vez podría, puesto que hay en torno al licenciado Guillermo Orozco Loreto personas tan avisadas y capaces como el licenciado José de la Rosa y la entusiasta y activa mujer de teatro Maricela Lara, extender su protección, u otorgar su recomendación, para que pieza tan bella y fuerte fuese albergada en algún otro teatro, y alimentada con alguna publicidad. Esto no sería una obra de caridad, sino una de la más estricta justicia.