FICHA TÉCNICA



Título obra Leticia y Amoricia

Autoría Peter Shaffer

Elenco Miguel Ángel de la Cueva, Juan Antonio Edwards, Arturo García Tenorio

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Con Leticia y Amoricia de Peter Shaffer se inauguró el teatro Diego Rivera]”, en Siempre!, 29 mayo 1991.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   29 de mayo de 1991

Columna Teatro

Con Leticia y Amoricia de Peter Shaffer se inauguró el teatro Diego Rivera

Rafael Solana

La señora Pinal ya les puso el pie delante a todas sus predecesoras en el arte mexicano, y si no a cada una en cierto renglón particular, en el conjunto de su actividad y en la variedad de las facetas de su personalidad ya las superó a todas. Pongan ustedes que no sea tan grande actriz dramática como la señora Montoya, ni tan salada vedette como María Conesa, ni tan estrella internacional del cine como Dolores del Río o María Félix; pero ni la Montoya bailaba, ni la Conesa hizo teatros, ni Lola ni la Doña fueron tan graciosas, tan plurivalentes o tan televisadas. La Fábregas, la Iris, hicieron un teatro cada una, que ya perdieron el nombre de ellas (a doña Virginia después fueron dedicados otros dos; pero ya no contaron con el recuerdo de su presencia; doña María Tereza hizo uno en Monterrey, que pronto perdió, y ahora aquí hay otro, con el que ella nada tuvo que ver; Silvia ya hizo dos, o tres, si contamos el Xicoténcatl (así se llama también, antes, el que luego fue Iris) en Tlaxcala, que se remodeló cuando ella era gobernadora consorte, y que inauguró con La divina Sarah(1). Aquí convirtió en uno magnífico el antiguo cine Estadio, y lo estrenó con un enorme triunfo personal cuyo [sic], el de La tía Mame(2); ahora ha estrenado otro, también espléndido, aunque menos vasto. Era el cine Versalles, y lo arrebató a la Federación Teatral, que ya lo tenía apalabrado. Ha quedado en magníficas manos; le metió muchísimo dinero, mucho cariño y mucho talento para adaptarlo, engrandecerlo, darle todas las comodidades; es un local formidable, de primera; y también lo ha estrenado ella misma, ahora no con una comedia musical, sino con una alta comedia excelente; lo único que echamos de menos, con cierta melancolía, es que no haya pensado en inaugurar ninguno de sus teatros, los tres, con alguna obra mexicana, cada uno, aunque fuera por pocas noches, o hasta por una sola, siquiera para la ficha histórica; pero Silvia, como Manolo Fábregas, el otro máximo gigante del teatro mexicano, es alérgica a la literatura nacional, o tal vez no la conoce, es el único vacío que deja en nuestra desmedida admiración y en nuestro inmenso respeto.

Un nuevo gran triunfo, inolvidable, es para la señora Pinal el haber levantado, de un cascarón cinematográfico, esta sala formidablemente cómoda y bien equipada. Y uno enorme es el que como actriz obtiene en esta inauguración(3), con una buena, novedosa, amable comedia de esa gran figura del teatro universal que es Peter Shaffer, autor inglés de ya por lo menos tres o cuatro de los más resonantes éxitos teatrales de esta mitad del siglo, en todo el mundo. Quizá no iguale Leticia y Amoricia a otras obras de este escritor, tan admirables como Amadeus o como Equus; pero tiene gran originalidad, un magnífico humor (británico) y la maestría de un profesional universalmente reconocido. Sobre todo pensó el comediógrafo, como todos deberían hacer, en brindar oportunidades de lucimiento a los intérpretes, que van a ser (y no el autor, aunque él ponga la liebre para el guisado) quienes llevan la gente a los teatros. Shaffer escribió su obra para dos primeras actrices, ya de cierta edad, e iguales en categoría, aquí se incurrió en algún desequilibrio, pues la señora Pinal tiene una categoría superior a la de la señora Rivas, aunque la de ésta sea muchísima; y aparenta una edad menor, aunque... vaya usted a saber. Resultan las escenas de ambas (la mayor parte de la comedia) el diálogo entre una gran actriz y una enorme estrella, que no por eso es menos buena actriz, y entre una mujer madura y otra que se resiste a serlo. No tenían que ser dos ancianas, como “Las señoritas Vivanco”; pero sí se nota que el autor concibió dos damas de edades semejantes, y no una madurita y otra todavía muchachona.

Como actrices están tal para cual. La señora Rivas, con su imponente voz grave, con sus antecedentes en teatro trágico, rinde una actuación estupenda; pero con toda la maquinaria pesada de su maestría y de su personalidad no supera nunca a Silvia, que pone en su personaje una nota de gracia, de alegría, que hacen que su actuación tenga que ser calificada de encantadora. Está Silvia deliciosa, como en la obra de su repertorio que ustedes con más cariño le recuerden. Esta actriz es un dulce que no puede menos que enamorar a quienes la vean, aunque la recuerden igualmente adorable desde sus películas de hace muchísimos años.

No son Silvia y María Teresa, que están imponentes, las únicas fichas de triunfo en esta inauguración gratísima; ya hemos mencionado al autor, y ahora lo hacemos con el traductor y director, José Luis Ibáñez, que con la señora Pinal hace una buena pareja; y con David Antón, el escenógrafo laureadísimo, que en todo acierta. Y con José Luis Couturier, una vez más abogado, que aunque aparece sólo en el último acto se deja ver con una actuación impecable y simpática. Judy Ponte reaparece, tras muchos años de ausencia, con un papel episódico, sumamente pequeño, y por debajo de sus comprobadas capacidades. Y hay nueve nombres más en el reparto, con intervenciones sumamente breves, pero que el director supo entonar y mover con mucho talento, para obtener los efectos solicitados.

La ciudad de México cuenta con una nueva sala teatral digna de una gran metrópoli, y en la que se puede ver una comedia ingeniosa, agradabilísima, y que a ninguna otra se parece, con excelente escenografía, brillante dirección, y actuaciones sobresalientes, dignas del mayor de los elogios.


Notas

1.Véase la crónica respectiva del 15 de marzo de 1985 que se incluye en este volumen.
2. Idem. 6 de marzo de 1974.
3. El 2 de mayo. Giovanna Recchia, Por un museo de las artes escénicas. Proyecto de investigación en proceso. CITRU, INBA, 1997.