FICHA TÉCNICA



Título obra La incontenible vida del respetable señor Ta Kah Brown

Autoría Héctor Azar

Elenco Jesús Arriaga, Cabriel Labastida, Miguel Ángel de la Cueva

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La incontenible vida del respetable señor Ta Kah Brown de Héctor Azar]”, en Siempre!, 9 mayo 1990.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   9 de mayo de 1990

Columna Teatro

La incontenible vida del respetable señor Ta Kah Brown de Héctor Azar

Rafael Solana

Como que se salió de sus casillas el dramaturgo Héctor Azar al escribir su obra más reciente, a la que puso el brechtiano título de La incontenible vida del respetable señor Ta Kah Brown; esta vez se trata de una “farsa clasemediera”; no es, ciertamente, la primera que le conocemos; pero a pesar de que él es en lo personal un individuo alegre, ingenioso y simpático, ante la mesa de escribir lo normal es que se ponga serio, y que se oriente hacia el género melodramático, al que pertenece la parte más famosa de su creación, y, desde luego, la que nos gusta más de todas las piezas que le tenemos anotadas. No hace mucho que vimos un sketch, dentro del grupo de los que sirvieron para el estreno del Corral de Comedias “Rodolfo Usigli”; pero le vimos allí un poco como un pez en el aire; dejaba ver que no es el tipo de teatro al que concede sus mayores preferencias y lo mejor contado de su talento.

Ya el nombre de su pieza más reciente deja esperar que se tratará de algo dentro de la cuerda cómica. Y así comienza: la otra faceta de la personalidad de ese teatrista, que tiene todavía varias más, es la dirección de escena; ya en los primeros compases de su farsa deja ver su maestría directorial, en el manejo de un espacio múltiple, en el de un muy nutrido grupo de artistas intérpretes, en la visualidad, a base de un gran colorido, de los cuadros que van ante los ojos de los espectadores componiendo, y en la incorporación de un acompañamiento musical muy bien integrando a la obra, que la comenta y la subraya. Hay un personaje explicativo o apostillador, muy bien hecho, por cierto, por el excelente actor Jorge Galván (el triunfador de La ilustre cuna); el titular lo hace la estrella masculina de la compañía, el maestro Gilberto Pérez Gallardo; la primera actriz, Consuelo Rodríguez, nos es reservada para la escena final, cuando ya el comediógrafo ha abandonado el tono humorístico y ácidamente crítico y ha regresado a su habitual personalidad. Si por momentos habíamos respirado una bocanadas de aire de los hermanos Marx, y hasta recordado un poco cierta joven obra de uno de los benjamines de nuestro teatro, Tomás Urtusástegui; al acercarse el momento del apagón final ya de quien estamos acordándonos es de Freud, porque no logró Azar mantenerse todo el tiempo en la arlequinada, sino nos planteó algún complejo muy serio, para no dejarnos ir a casa muertos de risa, sino con un problema a meditar y masticar, que tal vez hasta en cierta medida nos quite el sueño.

Azar director ha manejado varios elementos sumamente teatrales con la maestría con que sabe hacerlo: el color, la música, el movimiento incesante, el entrar y salir constantemente de gran pluralidad de personajes, que la mayor parte del tiempo le sirven para dibujar con ellos agudas caricaturas de la vida burocrática, en viñetas muy afortunadas; pero el personaje central, el titular, no consigue causar risa, sino nos parte el alma con su verismo en la reconstrucción de la mediocridad; los argentinos crearon un Gutierritos que no fue de farsa, sino de tragicomedia; y esa es la misma puesta de que está formado el señor Brown, hijo de una madre castrante, y pobre diablo por los cuatro costados, un hombre-ventanilla, con su oficina a cuestas, como un caracol; y rodeado de lo más concentrado, quintaesenciado, de la población grisácea de los burós de México y cabe suponer que del mundo. En este desfile de figuras que dibujan en nuestros labios sonrisas, pero que nos arrugan el alma con su insignificancia y su ordinariez, Brown completa una estampa más conmovedora que risible, aunque nos haya hecho reír de buena gana durante una hora.

De los dos Azares, el autor y el director, reconocemos más al segundo, que nos es más familiar; el autor de Inmaculada se nos esconde detrás de una máscara risueña, que acaba por desprenderse, pero por su conocimiento de todas las entrañas de la mecánica teatral le hace manejarlo todo con una habilidad y un profesionalismo en cada momento admirable.

La incontenible vida del respetable señor Ta Kah Brown ha sido la primera de muchas obras, todas de autor mexicano vivo, con que Héctor se propone celebrar el décimoquinto aniversario de su Centro de Arte Dramático de Coyoacán(1), una empresa benemérita que ha rendido ya los más suculentos frutos.


Notas

1. Había sido estrenada el 24 de marzo. P. de m. A: Biblioteca de las Artes. Arturo Díaz y Francisca Miranda. Teatro en México 1990-1991. Bianuario. México, INBA, 1993, p. 53.