FICHA TÉCNICA



Título obra La ilustre cuna

Autoría Rafael Solana

Dirección Héctor Azar

Elenco Jorge Galván, Maricruz Nájera, Rebeca Mankita, Chela Estvané

Espacios teatrales Centro de Arte dramático Asociacion Civil

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La ilustre cuna de Rafael Solana, dirige Héctor Azar]”, en Siempre!, 4 abril 1990.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   4 de abril de 1990

Columna Teatro

La ilustre cuna de Rafael Solana, dirige Héctor Azar

Rafael Solana

Ha tenido Héctor Azar una idea, como todo lo suyo, generosa y constructiva: la de dedicar las festividades con que celebra el décimo aniversario de la su [sic] Asociación Civil “Centro de Arte Dramático”, de Coyoacán, a pasar una revista, en parte informativa, en otra antológica, de la dramaturgia mexicana actual. Ha escogido 15 autores vivos para montar de cada uno una obra, con la finalidad de que se formen los alumnos de ese centro, y también los amigos que como espectadores lo frecuentan, una idea de lo que es hoy el teatro de autores nacionales. Inició el ciclo con una obra suya(1), pensamos que por acatamiento al orden alfabético (pero Argüelles habría tenido que pasar antes, y también Aura); después nos dio la impresión de que el orden que seguirá sería el cronológico, pues dirigió una pieza cómica del que muy probablemente es hoy el más anciano, el decano de los dramaturgos mexicanos(2); aunque si le toca esta antigüedad por fecha de nacimiento, no le corresponde por la de su iniciación en el arte de escribir comedias, ya que tuvo por maestro y antecesor a Luis G. Basurto, quien justamente en este año está celebrando su medio siglo de dedicación a estos menesteres.

Su propio autor tenía perfectamente olvidada La ilustre cuna que se estrenó en un teatro de la ciudad diferente del que hoy lleva ese nombre, hace nada menos que 37 años(3). Estaba escéptico ese autor acerca del tino de Azar al desempolvar esa obra añosísima, pues creía que, tratándose, como se trata, de una comedia en clave, ya los espectadores actuales no iban a reconocer a los personajes a pesar de la transparencia de los nombres falsos que les pusieron.

¿En el médico cantante Alfredo Ortiz Miranda, descubriría el público al doctor Alfonzo Ortiz Tirado? ¿Y en el coronel Martínez al general Mariles? ¿En la periodista Ana de Sicilia a la encantadora Ana Cecilia Treviño, “Bambi”?

Pero Azar convidó también, para el preestreno, a personas de alguna edad, que sí hubieran conocido, siquiera de oídas, a esos personajes; ya ni el autor se acuerda de a qué actriz del cine caricaturiza la Queta Julepe que aparece en su comedia; por algunos rasgos alude a la “mexican spitifire”, por sus perros afganos y sus maridos célebres a otra estrella, todavía no del todo apagada. En cuanto al doctor José Hoyo Monte (en la comedia doctor Montoyo) y su esposa, solamente quienes los conocieron y trataron podrían descifrar sus retratos, distorsionados por el buen humor, en los artistas de la pieza.

Fue una grata sorpresa para el autor mismo, que tan perdida en su memoria tenía esta obrita, el partido que Héctor Azar supo sacarle, y el que de cada uno de los caricaturescos, casi fársicos personajes lograron extraer los artistas encargados de su respectiva parte.

El personaje central (lo estrenó, hace media docena de sexenios el ya fallecido galán cómico Miguel Montemayor) ha sido encomendado a Jorge Galván, quien hace de él una creación, llena de picardía y agilidad. Sin caer ni por un instante en la chacota, da este actor excelente todo lo que de satírico hay en el papel, y no desperdicia ocasión alguna de arrancar risas, o, más difícil sonrisas, a sus parlamentos. Lo secunda muy bien la magnífica actriz Maricruz Nájera, en el papel de Salecita, la abnegada enfermera, administradora y esposa. La noche del preestreno, que precedió en una semana entera al estreno para la prensa y los amigos, no estaban todavía impresos los programas de mano y costaba trabajo enterarse de los nombres de los actores y las actrices; sobre todo si pensamos que el desdoblamiento se complica al necesitarse tres nombres; el personaje, el del individuo real a quien dicho personaje aludía, y el del actor o la actriz que lo representaba. Pero opinó la gente invitada que todos están estupendos en sus caricaturas y a todos los ovacionó, no solamente al final de la obra, y al de cada uno de sus actos sino también en algunos pasajes en que, o el texto, o la dirección, que lo adornó con gags no verbales, o la interpretación hacían gracia a la clientela, que a la postre pasó una noche grata, entretenida, de fresca comicidad, y aplaudió al director organizador lo mismo que a sus alumnos, y hasta al autor, que fue el más sorprendido, entre los espectadores, de que se tuviera todavía en pie, gracias al talento del director y los artistas, una obrita de tan remota fecha(4). Posteriores representaciones harán ver si se repite este éxito que, la noche del preestreno, pudo ser calificado de rotundo.

Seguramente fue el autor la única persona que notó un importante cambio que el director hizo a la obra, al suprimirle una escena final, que contenía una especie de moraleja (manía del autor, probablemente) y en la que quienes solamente habían parecido ridículos por la exageración de sus defectos adquirían un matiz humano que los rescata. El autor mismo apreciaba que este final rompía un poco con la unidad de la obra, sostenida en tono de farsa, y de pronto, en forma poco explicable, daba un giro, no por completo acertado. Héctor Azar hace a la comedia terminar en cola de pescado, la deja sin remate, pero con una escena pantomímica y carnavalesca de su propia invención la redondea dentro del estilo que había tenido, con lo que la unidad de tono sale ganando.

Al día siguiente de la representación se nos hizo llegar el programa de mano que además de una nota elogiosa acerca del autor, en la que se hace notar su longevidad ya digna de respeto, se mencionan los nombres del asistente de dirección, José Alfredo Ramírez, y los dos actores que tomaron parte en la función; ellos son, además de los ya más arriba mencionados Jorge Galván y Maricruz Nájera; en el papel de la periodista: Martha Papadimitru; en el de la estrella de cine: Araceli Aguilar, como enfermera aparece Ana María Martínez; el cantante es Miguel Ángel de la Cueva; el coronel olímpico, Alejandro Tommasi: además toman parte varios alumnos del CADAC Arturo Castillo, Eva Sánchez, Arturo Sandoval, Valeriano Pérez Maldonado, Héctor Bourges, José Fuentes y Luis Germán Martínez.


Notas

1. La incontenible vida del respetable señor Ta Kah Brown cuya crónica con fecha del 9 de mayo se incluye en este volumen.
2. El mismo Rafael Solana.
3. El estreno de la puesta que aquí se reseña tuvo lugar el 28 de marzo. Arturo Díaz y Francisca Miranda. Teatro en México 1990-1991. Bianuario. México, INBA, 1993, p. 53.
4. Véase la crónica respectiva que con fecha del 15 de diciembre de 1954 se incluye en este volumen.