FICHA TÉCNICA



Título obra Tempranito y en ayunas

Autoría Jaime Chabaud

Dirección Alejandro Ainslie

Elenco Concepción Márquez, Raúl Zúñiga, Eugenia Oslon

Espacios teatrales Teatro Santo Domingo

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Tempranito y en ayunas de Jaime Chabaud, dirige Alejandro Ainslie]”, en Siempre!, 21 febrero 1990.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   21 de febrero de 1990

Columna Teatro

Tempranito y en ayunas de Jaime Chabaud, dirige Alejandro Ainslie

Rafael Solana

El maestro Salvador Novo (maese, preferían decirle sus discípulos) acumuló una considerable fortuna porque su talento y su infatigabilidad le convirtieron en el escritor mejor pagado de México. Sus colaboraciones periodísticas, solicitadísimas (mientras no reñía con las empresas) le eran cubiertas, formas de pago hasta ese día desconocida en México, por palabra (como los avisos de ocasión); también tasaba muy alto su trabajo para agencias publicitarias, que echaban mano de su talento y de su gracia para lanzar campañas (la de la cerveza Moravia, por ejemplo); cuando fue jefe de teatro, en el Instituto Nacional de Bellas Artes, recibía además cheques como jefe de cine y de literatura, jefaturas que no tenía y que sólo figuraban en las nóminas; además, se encargaba a sí mismo traducciones y direcciones, que hacía muy bien, por cierto. También colaboró, aunque poco, en películas, y alguna vez fue elevado funcionario en Relaciones. Además en una de sus casas de Coyoacán abrió un restaurante, al que marcó los precios más altos de México, que con gusto pagaban algunos buenos clientes por gozar de su conversación y salir en sus columnas en la prensa.

Murió solterón, y si bien dejó parte de su fortuna a su sobrino Antonio López Mancera, todavía dispuso de lo bastante para fundar becas destinadas a fomentar las letras entre los jóvenes; hasta ahora comienza a conocerse el resultado de esa fundación, pues ya empieza a sacar la cabeza uno de esos becarios: se trata de Jaime Chabaud, un joven desde luego sumamente simpático, y en cuyas primeras breves obras, además de la verdura de los años mozos, puede ya advertirse un natural talento, al que abonan la dedicación y la curiosidad. Una de las pequeñas obras de Chabaud que hemos conocido por lectura está siendo ya representada, y ahora podemos verla viva y palpitante sobre un escenario; normalmente, la obra de teatro gana mucho al ofrecerse representada, y no solamente leída, o escuchada en lectura; otras veces la indiscreción de un director petulante enmascara la obra literaria y la hunde bajo un fárrago de aportaciones que, pretendiendo enriquecerla, tal vez la desvirtúan.

La dirección escénica de Alejandro Ainslie a Tempranito y en ayunas, de Chabaud(1),nos parece que está en este caso; es tanto lo que ha querido el director subrayar, poner en evidencia y salpimentar los valores teatrales de la breve pieza, que la ha distorsionado; la amplificación no diremos que echa a perder la pieza; pero sí que la cambia, que la infla. Desde luego, en materia de tiempo, Chabaud ha escrito, como otras suyas que hemos conocido, una obra brevísima, de las que Xavier Villaurrutia llamaba “autos”, y en las que Carballido se ha mostrado un admirable maestro, y Elena Garro una artista felicísima; Ainslie no quiso usar Tempranito como la obra breve que es, y unirla a otras cuatro o cinco, como hizo Julián Pastor con las piezas del mosaico (de varios autores) que es Qué comedias que adivinas, ni siquiera con otras dos, como Puccini hizo con su Tríptico, o con una, como hacen los directores de ópera que en la misma función ponen Cavallería Rusticana y Payasos, sino alargó sus 20 minutos de texto a 40 o 50 con agregados que no la embellecen (uno de ellos es la obrita del mismo Chabaud Un grito entre las piernas) y le imprimió una lentitud, una morosidad que ya reprochamos mucho cuando vimos arrastrada casi hasta la parálisis la bellísima pieza corta El árbol, de la señora Garro. Imaginen ustedes lo que sería que en una sala de conciertos un director de orquesta intentara hacer durar Las ruinas de Atenas lo mismo que la Novena Sinfonía, o La consagración de la casa(2) el mismo tiempo que la Tercera de Mahler.

La obra de Chabaud, leída, nos pareció excelente, inflada ya no nos gustó tanto y no porque no le agreguen mucho bueno las encomiables actuaciones de Concepción Márquez, y, sobre todo, Raúl Zúñiga, que está magnífico (Eugenia Olson es un pegote que no tiene nada que hacer en la obra), sino porque el abuso de recursos de dirección disimula hasta hacer aparecer como en segundo plano la obra; el naturalismo ha sido llevado por el director a tal paroxismo que, si existieran enfrascados los malos olores, como existen los buenos, no dejaría de esparcir aroma de encerrado, de mugre, de pies, de sobacos, de heces, de cerveza y otras pestilencias, entre las cuales la única que le fue accesible es la del humo de un sospechoso cigarro; resucitó el señor Ainslie el centenario truco teatral de fingir sangre sobre la ropa interior de sus artistas (bien entonado el color lo que no siempre ocurre) para dar mayor horror a sus grandguiñolescas escenas.

¿Está naciendo un importante dramaturgo? Los deseos de que así sea no nos faltan. Tiene Jaime Chabaud sentido del teatro, y estudios que le hacen no parecer un ignorante de los secretos de la escena, aun dentro de su insipiencia; sería, al avanzar por el camino por el que lo vemos perfilarse, no un discípulo de Novo (que fue también melodramático en sus inicios teatrales), sino un seguidor de Jesús González Dávila y de Willebaldo López; a menos que, como bien podría suceder, al avanzar en edad vaya siendo conducido por su experiencia de la vida y por nuevas lecturas a algún estilo más propio y más evolucionado.

Por lo pronto, limitémonos a recomendar a nuestros lectores: ojo con Chabaud, que puede ser el dramaturgo joven con el que entre a México el siglo XXI (Tomás Urtusástegui, mucho más cuajado que él, pertenece ya a otra generación; tal vez Estela Leñero sería su competidora o su compañera). Y enhorabuena a la Universidad y a la Delegación Cuauhtémoc por alentar (la Delegación, con la cesión de un local incomodísimo y de laborioso acceso, pero que se haría mal en conservar en el olvido en que estaba(3)) por alentar a valores jóvenes de ostensible talento, como este tierno autor, este actor excelente, esta actriz y este director que podrá en lo futuro centrarse y madurar, o bien precipitarse en el tavirismo y otros pecaminosos excesos. Vale la pena de hacer el esfuerzo de trepar medio centenar de escalones para no dejar pasar esta vigorosa obra, fuerte, estremecedora, y que contiene tantas promesas, algunas de las cuales vivamente deseamos que se cumplan.


Notas

1. Que se había estrenado el 19 de enero. Idem. p. 79.
2. Probablemente se refiere a La consagración de la primavera de Igor Stravinski.
3. Se refiere al teatro Santo Domingo.