FICHA TÉCNICA



Título obra Y retiemble en sus centros la tierra

Autoría Tomás Urtusástegui

Dirección Xavier Rojas

Elenco Margarita Isabel, Roberto Ballesteros, Manolo García, Mario Sauret

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Y retiemble en sus centros la tierra de Tomás Urtusástegui, dirige Xavier Rojas]”, en Siempre!, 13 diciembre 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   13 de diciembre de 1989

Columna Teatro

Y retiemble en sus centros la tierra de Tomás Urtusástegui, dirige Xavier Rojas

Rafael Solana

Xavier Rojas ha sido uno de los más importantes y activos “renovadores del teatro mexicano”. Así lo reconoce y señala la llorada Margarita Mendoza López en su libro de ese título. Otros de los que merecieron esa calificación, como Seki Sano y José de Jesús Aceves, ya han muerto; el que sigue vivo, y en incansable actividad, es Xavier, reconocida gloria de su estado natal, que es Puebla. Actualmente es director de una de las más importantes escuelas de arte teatral del país, que es el Instituto Andrés Soler, de la Asociación Nacional de Actores.

Siempre inquieto, siempre constructivo, Xavier Rojas ideó un movimiento nacional para ligar la producción teatral a la educación cívica: promovió en varios estados concursos de obras patrióticas, cuyo personaje central fuera un importante héroe de cada entidad; visitó a los gobernadores, y obtuvo de ellos premios para los triunfadores, y otros estímulos, tales como la promesa de escenificación; es bien sabido que para un autor dramático significa mucho más fuerte estímulo el ver su pieza representada que el ser gratificado con un cheque.

No en todos los estados que visitó, ni de todos los gobernadores a quienes planteó el asunto, obtuvo Rojas la respuesta apetecida; y, lo que es más grave, no en todas partes despertaron los concursos, entre los posibles concursantes, el deseado entusiasmo. La producción de dramaturgos no es pareja en el país, hay estados que producen café, otros petróleo, otros caña de azúcar, algunos henequén... y comediógrafos de talento, pocos. Sinaloa tiene el suyo, Óscar Liera, muy trabajador; y Veracruz varios de primerísima fila, tales como... Carballido, Argüelles y algunos otros; Michoacán tiene a Sergio Magaña y a Tomás Álvarez, y a Fernando López Alaniz; Tamaulipas a Altaír Tejeda; Oaxaca perdió hace poco a su Luz Servín de Cervantes... pero no en todos los estados que respondieron a la generosa promoción de Rojas brotaron, por arte de magia, o por el incentivo de los premios, los dramaturgos a los que se esperaba ver surgir.

Y... otro inconveniente: el obligado tono de exaltación de personajes históricos, parecía encajonar a los escritores dentro de inevitables senderos de demagogia. ¿Qué iban a hacer, para merecer los galardones ofrecidos, sino entonar entusiastas y encendidos cánticos en honor de los personajes que en las bases de cada concurso quedaban señalados?

El riesgo de que la calidad se resintiese era evidente; además de que a concurso de este tipo no suelen concurrir los escritores ya consagrados; no por el riesgo de no quedar en primer lugar... sino por el de quedar en segundo, por debajo de algún desconocido.

Pero por lo menos hubo un estado en el que envió para el concurso un comediógrafo ya conocido y acreditado; fue el estado de Sonora, donde, sobre el tema sugerido: “El héroe de Nacozari”, el director Tomás Urtusástegui mandó una obra, que fue encontrada por los miembros del jurado calificador la mejor de las que a ese certamen se presentaron.

Rojas la ha montado, con los alumnos de la Academia que dirige; le fue cedido uno de los teatros del Departamento del Distrito Federal, el “María Tereza Montoya”, en el Casa de la Cultura de la Segunda Colonia del Periodista (Delegación Benito Juárez); el Instituto Nacional de Bellas Artes colaboró con la ropa.

El nombre que se le ocurrió al doctor Urtusástegui para su obra no puede ser más rimbombante, ni tampoco más patriótico: le puso Y retiemble en sus centros la Tierra (ustedes recordarán que el licenciado Tomás Perrín sostenía que esa era una lectura viciada del poema, y que el señor González Bocanegra lo que escribió fue “antros”); para la marquesina y los programas de mano Xavier abrevió y sólo llamó a la obra Nacozari.

Si se imaginan ustedes que van a ver a Jesús García en escena, y a una máquina corriendo, y una carga de dinamita haciendo explosión, se tiran plancha; la acción en la obra de don Tomás se inicia tres años después de aquel tronido: “El héroe de Nacozari” ya está bien muerto y no diremos enterrado, porque la dinamita lo atomizó y no se encontró resto alguno suyo. Se reúnen varios vecinos frente a la cruz levantada para recordar a García y ocurren allí muchas cosas de diferentes colores y sabores: de amor, de celos, de patriotismo, de comedia; pero, sobre todo, de protesta obrera; los mineros quieren ir a la huelga, y los campesinos, que están más muertos de hambre que ellos, los envalentonan y les ofrecen su protección. El tono demagógico de la pieza puede colegirse de bocadillos como éste: “¿Y ese señor Madero quién es?”; “Un ricacho dueño de media Coahuila”; “Pues si es rico no puede ser bueno”; etcétera.

Ciertamente el doctor Urtusástegui no verá crecer su fama ni el aprecio que ya se le tiene, pues nada agrega a su ya valiosa obra pieza tan flojita. A los alumnos sí les puede servir como examen, pues todos ellos lucen sus estudios, en la medida de la diversidad de sus papeles, aunque a casi todos los entonó el director a gritos; tanto las féminas como los muchachos están muy bien, y dan señales de aprovechamiento; es una lástima que los personajes a que dan vida sean casi todos ellos tan falsos, tan primarios o tan burdos.

Nos hace saber Rojas que como ésta (esperamos que mejores que ésta) tiene otras 20 obras, que esperen el entusiasmo de “alguien” (¿no habíamos quedado en que sería el de los gobernadores?) para subir a escena, y, dice el director, “cumplir con su mensaje de arte, cultura y civismo”.