FICHA TÉCNICA



Título obra De la mañana a la media noche

Autoría Georg Kaiser

Dirección Mario Espinosa

Elenco Mariana Elizondo, María Gelia Crespo, Norma del Rivero, Sergio Cataño

Iluminación Jarmina Masserova

Música Eduardo García

Notas de Música Adolfo Silva / pianista

Espacios teatrales Museo Rufino Tamayo

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [De la mañana a la media noche de Georg Kaiser, dirige Mario Espinosa]”, en Siempre!, 27 septiembre 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   27 de septiembre de 1989

Columna Teatro

De la mañana a la media noche de Georg Kaiser, dirige Mario Espinosa

Rafael Solana

Corresponde a las universidades, y principalmente a la Nacional Autónoma de México; y al Instituto Nacional de Bellas Artes; y al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, de reciente fundación (prácticamente una nueva Secretaría de Estado) la misión de dar a conocer a un público comparativamente pequeño, pero muy selecto e importante, las obras teatrales (y en general artísticas) que la iniciativa privada no podría tomar en sus manos, a causa de la improbabilidad de su recuperación económica. Los espectadores de estas obras es sensato esperar que se encuentren en tan corto número como los alumnos inscritos en las clases de la Facultad de Altos Estudios, pero no sería correcto por esta consideración de su incosteabilidad dejar de airear esas obras, que fueron en su momento importantes en la historia de las artes, y todas las cuales, ya sea de una índole o de otra, contienen enseñanzas, unas dan lecciones que vale la pena seguir; otras advierten sobre escollos que sería prudente evitar.

Una de las zonas menos conocidas de la historia del arte es, en la primera mitad de nuestro siglo, el expresionismo alemán; algo se sabe de la pintura de este tiempo, y se tiene noticias de su cinematografía, sin que sea mucha la gente que ha logrado ver las películas notables de ese periodo, que principalmente se conocen de oídas o de leídas; menos conocido todavía es el teatro expresionista; y merece que, siquiera por cultura general, se le atisbe un poco. Georg Kaiser, nacido en una parte de Alemania que hoy corresponde a la mitad democrática, pero que vivió en la Argentina, en España, en Italia y que, exiliado por los nazis, fue a morir a Suiza, cuando ya tocaba a su fin la Segunda Guerra Mundial, escribió durante la primera (en 1916) una de sus obras más características: Von Morge bis Mitternachts (De la mañana a la media noche), que no recordamos haber visto antes de ahora en México; se puso suya Gas, en Bellas Artes (en realidad hay dos obras de ese nombre: Gas I y Gas II, y no sabemos cuál de ellas fue la que aquí se representó). Otras como Los burgueses de Calais, El incendio de la ópera, El doctor Kleist, son todavía menos conocidas.

Kaiser fue un seguidor de Wedekind, a quien también se suele representar (pero la Universidad hace poco, y Bellas Artes hace mucho, han montado Despertar de primavera); y se le podría considerar precursor de Brecht, y, en la Argentina, de Cuzzani; hay algún tinte de protesta, en obras de Kaiser, contra la moderna civilización (la de hace tres cuartos de siglo) que ahora nos suena extemporánea, antañón.

En el Museo Rufino Tamayo, que es un sitio tan elitista y tan exclusivo como algunos de los locales de la Ciudad Universitaria, un joven director excelente, Mario Espinosa, se echa sobre los hombros la tarea ingrata, mal agradecida, de desempolvar a Kaiser, De la mañana a la media noche, ante un público escaso y algo adormilado(1); muy expresionista es la iluminación, de Jarmila Masserova: un crudo reflector de luz blanca por la izquierda (del actor) y un babyspot cenital hacia el centro del escenario, también de luz fría y no atenuada; la escenografía y el vestuario, de Gloria Carrasco, no corresponden a lo que fue la escenografía para la película El gabinete del doctor Caligari, o su tardía réplica mexicana, Dos monjes, de Juan Bustillo Oro; pero sí al vestuario de los personajes de Cross. Hay dos clases de música: una grabada, escogida por Eduardo García, y otra producida por un pianista en escena, que repite pasajes de la obertura de Tannhäuser, de Wagner, y algunos valses. Suponemos que el actor principal es Juan Carlos Rodríguez (el programa de mano no relaciona a los intérpretes con los papeles que hacen), a quien encontramos excelente; ya comienza a llamar la atención con sus gestos muy expresivos antes de pronunciar la primera palabra; es un artista de agradable presencia, de correcta dicción y muy comunicativo; su personaje, si atinamos en nuestra conjetura, es el único estable a lo largo de la representación; otro más, y tres mujeres (algunas veces travestidas) se reparten los muchos papeles complementarios. La señorita Carrasco simplificó el vestuario para no hacer tardados o difíciles los cambios.

Admirables también nos parecieron las tres damas, que cambian de personaje constantemente; ellas se llaman Mariana Elizondo, María Gelia Crespo y Norma del Rivero; quizá Sergio Cataño sea el actor que nos falta mencionar, y Adolfo Silva sea el nombre del pianista. Todo esto se deja un poco a la adivinación de los espectadores.

Tanto en la comprensión de la obra como en el limitado movimiento escénico, pero sobre todo en la recitación de los actores, el director Mario Espinosa logra notables aciertos; la obra progresa sin tropiezos, cambia de escenarios con agilidad, y con una inteligente gradación nos va conduciendo hasta su dramático clímax.

No puede esperarse que se cambie hacia este tipo de teatro público de masas. Es para conocedores, o para sedientos de conocer; para estudiantes o para coleccionistas. Es el teatro anticomercial por excelencia; pero quienes lo patrocinan, inclusive el Instituto Goethe, difusor en México de la Cultura alemana, cumplen muy bien con una alta misión educativa al producirlo.


Notas

1. La obra se había estrenado el 17 de agosto. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.