FICHA TÉCNICA



Título obra Playa azul

Autoría Víctor Hugo Rascón Banda

Dirección Ignacio Retes

Elenco Luz María Jerez, Mercedes Matute, Agustín

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Playa azul de Víctor Hugo Rascón Banda, dirige Ignacio Retes]”, en Siempre!, 20 septiembre 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   20 de septiembre de 1989

Columna Teatro

Playa azul de Víctor Hugo Rascón Banda, dirige Ignacio Retes

Rafael Solana

Al aproximarse a su término el Primer Festival de la Ciudad de México tocó al fin su turno de presentarse al teatro mexicano; antes lo habían hecho el de Polonia, el de la Unión Soviética, el de Italia, el de España, el de Brasil, el de Venezuela, el de Colombia... El dramaturgo escogido fue uno de los de mayor talento entre los de su generación, que hasta hace poco podía llamarse joven, pero que ya ha alcanzado la madurez: Víctor Hugo Rascón Banda.

Rascón ha escrito ya, y estrenado, muchas obras, tan diferentes unas de otras que cuesta algún trabajo clasificarle; se han depositado en él, hombre estudioso y culto, sedimentos de muchos autores que le han precedido. Tal vez los asuntos más afines a su carácter, como escritor, sean los de violencia; las obras en que primero se piensa al pronunciar su nombre son las muy dramáticas, crueles, sangrientas, Armas blancas, cuatro piezas breves que forman un todo muy personal y vigoroso; este cronista, en lo personal, prefiere la única franca comedia que le conoce; Manos arriba; ahora en Playa azul se le encuentra reminiscente de algunos ya pasados momentos del teatro mexicano: hay en ella residuos de El gesticulador, una obra maestra que bien se merece hacer escuela; también se percibe la tristeza, el desencanto, la melancolía, de dos autores de una generación ya pasada: Luisa Josefina Hernández y Juan García Ponce; aquella opacidad, aquella decadencia y aquella ruina que se reflejaban en Botica modelo y en El canto de los grillos tienen ahora como un eco; hasta geográficamente, pues no coloca ahora Rascón a sus personajes en el desierto de Chihuahua, como alguna vez antes, sino a la sombra de palmeras, en un Michoacán tropical que hacer evocar Campeche, o Yucatán.

Desde que vimos representar por primera vez esta obra, en la Universidad La Salle (a los alumnos del maestro Manuel Roberto Flores Montenegro), y después se la escuchamos leer a su autor, en el CADAC, en Coyoacán, tenemos la impresión de que un poco la ha retocado; la ha modernizado con alusiones a la actualidad política tales como la mención de la modernización, de la orden de aprehensión contra un antiguo funcionario que a la sombra de un poderoso general amigo suyo hizo negocios y se enriqueció; hasta los nombres de algunos ex gobernadores michoacanos suenan, y no se nos quedó en la memoria que sonaran antes. El del general aludido, no es necesario pronunciarlo, pues se reconoce su silueta en la omisión. Es decir, suponemos que Víctor Hugo ha “gesticuladorizado” un poco su sombra, que nos parecía menos concreta, más sencillamente humana, antes. Los problemas que ventilaba eran de seres humanos entrados en putrefacción; los que ahora se dirimen en la escena son problemas políticos, y que convierten un poco el lunetario en la sala del Congreso, o en las columnas editoriales de diarios partidistas.

La intención misma de la obra, que consiste en pintar una podredumbre, un desmoronamiento, hace ya la obra de por sí tristona; la dirección de Raúl Quintanilla ha subrayado ese desmayo sin una exagerada morosidad; siete minutos hace transcurrir el director entre el momento en que las luces de las sala se apagan y la primera palabra que en el escenario se pronuncia; este silencio (hay otro de unos dos minutos al final, y varios, en forma de lagunas, a lo largo de toda la obra, a la que encharcan), unido a la presencia de Ignacio Retes, nos hizo recordar otra obra, esta vez de Vicente Leñero, también desconsoladora, deprimente y adormecedora: La vista del ángel.

No han ayudado mucho a Víctor Hugo ni el lentísimo director ni el sombrío escenógrafo, Gabriel Pascal, que prefirió poner bajo techo, un techo ruinoso y podrido, lo que pudo haber sido una soleada terraza, desde la cual habría parecido menos falso ver y oír cosas lejanas, imaginarias, que a través de una ventana por la que el público nada percibe.

Lo más acertado en esta postura en escena ha sido el reparto, para el que se encontraron por lo menos cuatro artistas excelentes, más dos jóvenes que cubren con honor sus desfallecientes partes: Retes está excelente como siempre en el corto papel del viejo guardián; Carmen Delgado tiene los bocadillos más lucidos de la pieza, lo que incluye una siempre adornada escena de borrachera; Lilia Aragón muestra todo el señorío que su papel requiere; y Sergio Bustamante personifica, convincentemente, al político corrupto caído en desgracia, a la muerte de su protector y la llegada de los nuevos aires moralizadores que amenazan barrer la escoria dejada por los viciados regímenes anteriores.

Es posible que la intención del autor y el director haya sido llevar al ánimo del público (que la noche del estreno llenaba absolutamente el teatro Benito Juárez(1)) la idea de que ya han entrado en estado de descomposición los tiempos no tan antiguos, y que el tipo de político representado por el personaje central de esta pieza está tan por caerse de podrido y de viejo como el techo de su descuidado hotel en las playas michoacanas. En todo caso han evitado ambos, Rascón y Quintanilla, el tono panfletario, en el que los espectadores no habríamos caído: pero la obra pierde en claridad parece titubear, deja muchas cosas solamente entredichas y como para adivinarlas.

No creemos que sea Playa azul la mejor obra, ni, eso desde luego, la más divertida, de ese inteligente y excelente autor que es Víctor Hugo Rascón Banda.

Por supuesto, se trata de una opinión personal, con la que ustedes estarán en su derecho al manifestarse en desacuerdo, una vez que asistan a alguna representación, para estar en capacidad de opinar por ustedes mismos. Y nuestra recomendación es que lo hagan lo más pronto posible (ir a ver Playa azul), puesto que se trata de un honesto montaje de una obra de uno de los mejores comediógrafos de México.


Notas

1. El 30 de agosto. P. de m. A: Ignacio Retes.