FICHA TÉCNICA



Título obra Tereso y Leopoldina

Autoría Willebaldo López

Elenco María Idalia, Manuel Guízar, Manolo García, Mario Sauret

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Tereso y Leopoldina de Willebaldo López]”, en Siempre!, 30 agosto 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   30 de agosto de 1989

Columna Teatro

Tereso y Leopoldina de Willebaldo López

Rafael Solana

El michoacano Willebaldo López también es simultáneamente autor, director y actor: sólo que él es todo eso en la primera división; sobre todo autor; como director cumple perfectamente y como actor lo hemos visto en varias obras suyas y en alguna de Rulfo estar excelente; pero la de autor es la principal de sus carreras, y en ella se ha ganado ya un sitio muy importante.

No dudamos de que también pudiera ganárselo, si quisiera, Rodolfo Rodríguez, que tiene habilidad, ingenio, dominio del arte de la escritura; solamente comentamos que hasta ahora se ha conformado con triunfar en un género baratón. Como director puede también sacar los pies del plato, y de hecho los ha sacado ya, pues su dirección de escena en ¡Qué plantón!, de Guillermo Méndez, la hemos elogiado como muy buena.

Willebaldo, muy constante desde ya un buen número de años, ha tenido como todos los autores prolíficos, sus altas y sus bajas. Mucho gustó, al principio de su carrera, con la graciosa farsa Los arrieros con sus burros por la hermosa capital, y su simpática Cosas de muchachos le valió grandes éxitos no nada más en su patria, sino igualmente en Europa. Con Yo soy Juárez limpiamente ganó un concurso, y llevó esa obra a varios países de la América Latina. Una obra suya acerca de La Malinche no tuvo completo éxito, y ninguna otra acerca de travestistas; pero Vine, vi y mejor me fui es una obra suya que sin duda cuenta entre lo más valioso del teatro mexicano de su tiempo. La recordamos con mucha admiración; y, en ella, la mejor de las actuaciones de Willebaldo.

Ahora regresa Willebaldo, y lo hace en foro del teatro Wilberto Cantón, que él mismo inauguró, hace pocos años... ¡como compositor y como cantante! La obra suya que el empresario Ramiro Jiménez ha decidido montar en el simpático teatro de la Sociedad General de Escritores de México se llama Tereso y Leopoldina y tiene únicamente dos personajes (dos tenía también Cosas de muchachos, y sus intérpretes eran Willebaldo mismo y Joanna Brito, madre de Ana María López Brito, que ahora figura ya como asistenta de dirección).

En principio, las obras de dos personajes inspiran desconfianza, casi tanta como los monólogos. Uno piensa: tendrán que ser Ignacio López Tarso y Dolores del Río, o Manolo Fábregas y Marga López, o Ernesto Alonso y Silvia Pinal, para sostener vivo el interés del público, y para atraer a la gente a las taquillas. Pero la obra Tereso y Leopoldina es tan buena, y el director ha sacado tanto partido de sus intérpretes, que fue la noche de su estreno(1), y sin duda seguirá siendo por meses, un gran éxito, con un artista ya tan cuajado y tan bueno como Manuel Ojeda y una actriz joven pero muy talentosa, que es Ana Bertha Espín. Conocíamos ya la obra, de lectura, y la teníamos en gran aprecio; pero la dirección, las dos espléndidas actuaciones, la alegre escenografía, todo un gran acierto, de Félida Medina, y la música y los bailes con que ha sido enriquecida, todo hace a la pieza subir enormemente de leída a representada. El público que llenaba la sala la noche del estreno (sillas adicionales, gente parada) hizo de ella un gran triunfo, riendo ruidosamente sus episodios cómicos, asustándose con los dramáticos, pues de todo ha puesto Willebaldo, en sabias proporciones, en su composición.

La obra nos ha parecido estupenda, y no le pondríamos otro reparo que la prolongación de sus dos últimas escenas, y sobre todo de la final; ojalá que el autor o el director (para el caso es el mismo) encontrara prudente acortar en unos cuantos renglones esas escenas anticlamáticas, la segunda de las cuales retarda innecesariamente un final esperado. Todo lo demás es magistral, desde las escenas muy cómicas del planteamiento hasta las sumamente dramáticas en que se descubre del hueso del asunto. La verdad es que los dos intérpretes, pero sobre todo Ojeda, para nuestro gusto, hacen auténticas creaciones de sus dos admirablemente bien dibujados personajes. López, como no suele suceder cuando uno mismo son [sic] el autor y el director, ha enriquecido su obra, la ha llenado de eficacísimos efectos, de sorpresa. Ojeda da una enorme al revelarse como un estupendo bailarín: sus bailables arrancan francas ovaciones a telón abierto.

Con el estreno de esta obra tanto don José María Fernández Unsaín, a cuyo cuidado ha puesto la Sociedad de Escritores la administración del Teatro Wilberto Cantón, como Willebaldo, que es alto funcionario de la Unión Nacional de Autores, dan, y ganan estrepitosamente, una batalla en favor de los autores nacionales. El empresario don Pollo Jiménez podrá comparar, cada día, las entradas que este teatro haga, y que auguramos excelentes, con las recaudaciones de algún otro local que él mismo maneja, y en el que ofrece una obra de autor extranjero, al cual, aunque la hacen artistas excelentes (tampoco nacidos en México) no ha logrado, hasta donde podemos saberlo, despertar el entusiasmo de los espectadores.

Es posible que Tereso y Leopoldina vaya a ser el mayor éxito jamás obtenido en el teatro Wilberto Cantón, que la SOGEM dedica al estreno exclusivamente de obras de comediógrafos mexicanos.


Notas

1. El 10 de agosto. P. de m. A: Willebaldo López.