FICHA TÉCNICA



Título obra Misterio bufo

Autoría Darío Fo

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Luis Bayardo, René Azcoitia, Eduardo Borja

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Misterio bufo de Darío Fo, dirige Nancy Cárdenas]”, en Siempre!, 23 agosto 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   23 de agosto de 1989

Columna Teatro

Misterio bufo de Darío Fo, dirige Nancy Cárdenas

Rafael Solana

¿Quién es Darío Fo, en el teatro italiano? Desde luego no es Luigi Pirandello, uno de los genios del siglo XX; ni Gabrielle D´Anunzio, un cursi, pero con personalidad y con fuerza; ni siquiera es Ugo Betti ni Massimo Bontempelli, y hasta tal vez ni Edoardo de Filippo; pero es un autor de éxito; lo podríamos equiparar usando términos de comparación del teatro español, con Alfonso Paso, que no es ni Jacinto Benavente, ni Ramón del Valle Inclán, ni mucho menos Federico García Lorca: pero que ha demostrado ser más viable que Luis Fernández Ardavín o Gregorio Martínez Sierra, más constante en el éxito que Navarro y Torrado, que Joaquín Dicente, que Pilar Millán Astray; más duradero que Alejandro Casona y que Jacinto Grau; más popular que Buero Vallejo, que Miguel Mihura, y que su propio suegro, Enrique Jardiel Poncela.

A Paso le preguntó Juan Miguel de Mora, con notoria impertinencia, ante las cámaras de televisión: “¿Por qué escribe usted puros furcios?”. Y él contestó con humildad: “Hombre, puros furcios, no. Hay de todo. También a Lope de Vega, que escribía muchísimas, unas comedias le salían mejores que otras”.

Fo es probable, o posible, que también escriba mucho; y tampoco todo lo suyo es igualmente bueno. La muerte accidental de un anarquista se la jaleamos muchísimo, pues además de ser muy buena pieza estuvo estupendamente hecha. Otras obras suyas han gustado bastante menos; y no falta entre ellas alguna que no haya gustado absolutamente nada.

Misterio bufo, que a Nancy Cárdenas le hace mucha gracia, no es de lo mejor que le conozcamos a Fo, a nuestra manera de ver. Se trata de tomar a chunga episodios del Nuevo Testamento, que muchísima gente toma muy en serio. Andreiev, Eça de Queiroz, Anatole France, han puesto en solfa algunos pasajes que otros autores menos irónicos o más apocados, convirtieron en cursilonas “Estampas de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo”, rebuscadamente adjetivas y lacrimógenas. Selma Lagerlöf se acerca más a este extremo que al otro; Giovanni Papini, tan demoledor y tan cáustico, retrocedió ante esta figura, y escribió una Vida de Jesús bastante ortodoxa; más, desde luego, que la de don Ernesto Renán.

A Fo algunas de las caricaturas de su Cristíada le resultaron francamente patosas, con mayor irreverencia que ingenio, con más vulgaridad que gracia.

Las buenas actuaciones de algunos artistas logran salvar la obra, que Nancy Cárdenas ha dirigido con altibajos. La estrella de la representación viene a ser Patricia Reyes Spíndola, que es una actriz consumada, y que tiene sobre el público muy fuerte impacto. La recordamos, por ejemplo, en Delirium tremens, o en Claudina va a la escuela, y también en otras obras, la más reciente de las cuales ha sido Los pepenadores. Misterio bufo no es en realidad una obra que tenga continuidad, sino es solamente una sucesión de siete sketchs cuyo lazo de unión es la presencia, entre cajas, de Cristo, a quien los espectadores no llegamos a ver en escena, pero a quien los actores sí fingen ver desde el escenario, más allá de las piernas de la decoración, que, en este caso, es sumamente simplista.

El sketch en que se luce Patricia es el que se refiere a “Las bodas de Caná”, con su famoso milagro de la conversión del agua en vino, el primero que hizo Jesús en la que había de ser su brillante aunque muy breve carrera de dramaturgo. Patricia se hace la dueña de la escena y de la función, y la ovación que el público le tributa es la más larga y apretada de la noche.

Lupita Sandoval, en cambio, tiene la mala suerte de que a ella le haya tocado el rollo de la pieza, un larguísimo e insípido monólogo en el que deposita don Darío su mensaje socialista y antipatronal, un verdadero latazo. La excelente actriz Ana Ofelia Murguía, quien en varios cuadros había pasado sin pena ni gloria en personajes sosos, tiene un excelente desempeño en el papel de la Muerte, y otro todavía mejor en el de la Virgen María vieja, en el cuadro “De cómo María se enteró de lo de su hijo”.

Fred Roldán, único varón en el reparto, cumple en varios papeles chicos, alguno de ellos femenino; y saca la tripa de mal año con el de Loco que interpreta en uno de los cuadros, el de la Última Cena.

Completa el breve reparto, en el que ella nos pareció la noche del estreno el elemento más flojo, pues la notamos baja de tono en más de una escena, y algo descolorida en todas, Dunia Zaldívar, a quien le tenemos anotadas muchas otras actuaciones bastante más satisfactorias.

Dejó Nancy Cárdenas, que firma la versión, dirige, produce, ejecuta y diseña, que esa disparejura en las actuaciones se note. Seguramente va a ir logrando que se vean menos en futuras representaciones, aunque ya tiene años dirigiendo este misterio, en Guanajuato y aquí mismo. Quizá sus observaciones le aconsejen aligerar un poco el monólogo de la Sandoval, o consiga que ella ponga en esa escena algo más de ligereza o de gracia.

En estos tiempos de discusión acerca de si debe modificarse o no el Artículo 130 de la Constitución, no es de esperarse que los energúmenos de Pro Vida quieran hacer un escarmiento, que sólo a su causa dañaría, como el que hicieron con Cúcara y Mácara, de Oscar Liera, porque la consideraron irrespetuosa.

Como sólo se da los lunes en el teatro Julio Prieto, esta obra liberalesca no busca el aplauso de la pequeña burguesía, sino el de aficionados selectos.