FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Qué plantón!

Autoría Guillermo Méndez

Dirección Marina del Campo

Elenco Fernando López Arriaga, Sebastián, María Idalia

Iluminación Gabriel Pascal

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [¡Qué plantón! De Guillermo Méndez y Marina del Campo]”, en Siempre!, 16 agosto 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   16 de agosto de 1989

Columna Teatro

¡Qué plantón! De Guillermo Méndez y Marina del Campo

Rafael Solana

Don Manolo y doña Fela Fábregas (Née Salinas, y tía de nuestro exitoso presidente) se muestran sumamente exigentes en la cesión de su bellísimo teatro San Rafael, uno de los mejores de la ciudad, a los inquilinos que se lo solicitan. Y hacen muy bien. Desean sostener no sólo la calidad, sino hasta el tono de los espectáculos que allí se presenten. Esto viene a compaginar muy bien con una campaña que el Departamento Central y la Secretaría de Turismo ha emprendido para promover en las agencias de viajes la venta anticipada de boletos para los teatros de esta metrópoli; para que esa venta pueda hacerse con semanas y aun meses de anticipación (como se viene practicando desde hace 25 años con el Ballet Folclórico) es indispensable saber, si no exactamente el nombre de la obra que se va a ver, pues en plazos tan largos puede ocurrir que unas se acaben y se estrenen otras, por lo menos el tipo de obra que en cada local se ofrece: comedias musicales, comedias cómicas, revistas, dramas, o lo que sea. El que pida boletos para ir al San Rafael cuando venga a México dentro de algún tiempo, tiene que estar seguro de que si ya no está la obra que ha leído o ha oído decir que está muy buena, habrá otra de características muy semejantes y de muy parecida categoría. Recientemente los señores Fábregas rechazaron una obra que en estos momentos está muy de moda en Nueva York, M. Butterfly, porque su tema es no exactamente familiar y contiene un desnudo masculino. (Esta obra probablemente vaya al Silvia Pinal, que también es un teatro elegante y muy cómodo, y casi de seguro tendrá en su reparto a Héctor Bonilla y a Humberto Zurita; al segundo de ellos ya lo vimos en pelota en una pieza del productor Enrique Gómez Vadillo).

En vez de eso de anunció en el San Rafael ¡Qué plantón! una comedia musical que en vano buscaríamos en las carteleras de Nueva York o de Londres. ¿De dónde, pues la habrán sacado? Nos preguntamos. Y nos causó grata sorpresa saber que se trataba de un estreno mundial, escrita en México y por mexicanos. ¡Por fin íbamos a saber si hemos tenido o no razón al estar por años pidiendo a Manolo, y a Silvia, y a Julissa, que se dejen ya de irse [sic] a Broadway a buscar qué poner en México! El ideal a perseguir, dijimos alguna vez, o varias, sería lograr que los empresarios de Nueva York, o de Londres, vinieran a México a buscar qué obras llevar a sus teatros. Y eso señores, nos alegra infinitamente decirlo... ¡está a la vista!

“¡Tierra!”, podríamos gritar, como Antón de Alaminos, o el que haya sido, cuando las carabelas de Colón, o Colom (como prefiere decir don Bartolomé Costa-Amic) atisbaron la primera isla antillana tras de azarosos meses de viaje. Esa obra, que merece ser llevada de México a Nueva York, y no al revés, es ¡Qué plantón!, cuyo triunfo, la noche de su estreno, fue arrollador y absoluto.

Todo se ha juntado: obra, música, dirección(1), decorados(2), ropa(3), actuaciones, para conformar este triunfo, que podemos considerar histórico. Ya se habían hecho intentos (en los que participaron algunas de las mismas personas que triunfan ahora), por ejemplo, Anjou, o Los tres mosqueteros. Pero los resultados no habían sido tan convincentes, tan palmarios. ¿Y quién es el mayor responsable de este gran éxito? Suponemos que el que conjuntó todos estos elementos, y les dio cuerda: el productor, ya conocido, don Morris Gilbert, que se asoció con otro que hasta ahora no lo era, don Juan Canedo. Al auspiciar la obra excelente, encontrar sus atinadísimos intérpretes, y reunir el capitalazo necesario para hacer la estupenda grabación musical y confeccionar el costoso vestuario, hicieron posible que fraguara en una realidad deslumbrante el sueño que se tenía por inalcanzable de hacer una comedia musical mexicana de ser llevada a la calle 42 o a sus alrededores.

Tras de los productores, sin cuya fe y sin cuyos entusiasmo y talento no se habrían alcanzado estos resultados, hay que citar al autor (que es nuestra costumbre poner por delante de los demás). Hay obra, y hay música; pero sin la gran producción de que se la ha dotado esa obra habría parecido escolar, simpática, amable, mas no el gran espectáculo teatral que es. La firman Guillermo Méndez y Marina del Campo; ella, concretamente, parte de la letra de las canciones. Y la música, Guillermo Méndez solito; y la dirección musical Guillermo Méndez también; y la coreografía, Guillermo Méndez y Joel Negrete; y uno de los papeles, con número de canto solista, Guillermo Méndez. Cuando se hable de ¡Qué plantón! habrá que decir: “La obra de Guillermo Méndez”, pues él está en todas partes, y sobre todo en las principales: la autoría literaria y la musical. De modo que el gran triunfador de la noche, una vez que ya hemos hecho el elogio de los productores, es... ¡Guillermo Méndez! (Pero no olvidemos una labor muy importante: la de arreglista del la música, que es Eugenio Toussaint, otro de los grandes triunfadores de la jornada.)

Sobre la escena, el éxito mayor, a nuestra manera de calibrar las actuaciones (sobre todo, por la fuerza de los aplausos del público) resulta ser la actriz María Elena Saldaña, a quien desde ahora proponemos para el premio a la mejor actriz del año en comedia musical. Se hace simpática, canta y baila sin descanso, y arranca la ovación más apretada, en su número de presentación. Tras de ella viene la encantadora y siempre saladísima Angelita Castany; el otro papel femenino muy importante lo hace Lolita Cortés, a quien en las gracias finales se destaca; pero que a nosotros no nos gustó tanto como sus dos ya mencionadas compañeras. Excelentes están Susana Zabaleta y Susana Cázares, que tienen otros dos papeles muy ostensibles.

En el cuadro masculino sobresalen el experimentado Manuel Landeta, un artista completo y ya muy acreditado, y el buen cantante Enrique del Olmo, cuya participación pone en esta pieza un ligero sabor a Jesucristo Superestrella. Excelente Méndez, que reservó un papel relativamente chico; y graciosos Gerardo González y Mario Bézares. Ángel Casarín llena su personaje a la perfección. Y gusta al presentarse el nuevo valor Enrique Ferreól, con un número bien logrado.

Es verdad que hemos visto antes una o dos o tres comedias musicales mejores (serían Mi bella dama, Jesucristo Superstar y tal vez Violinista en el Tejado); pero también lo es que conocemos 10 o 20 o 30 de menores méritos, y que sin embargo a todo costo, pagadas en dólares fueron traídas de la Urbe de Hierro; ahora se ha demostrado al fin aquello en lo que siempre tuvimos fe: que en México pueden hacerse obras de este tipo que nada pidan a las anglosajonas. Nada nos llamaría la atención que Guillermo Méndez fuera llevado a Nueva York, con esta misma obra o para hacer otras, aunque, tal vez, para estrenar ¡Qué plantón! en los teatros de Estados Unidos las autoridades de lucha antidrogas sugieran la supresión, o aligeración, de los personajes narcóticos, o al menos que no parezcan hacer propaganda a ningunas yerbas estupefacientes. El mensaje ecológico que de la bella pieza se desprende, está muy bien. El otro no nos pareció del todo.

Aunque no absoluta, hay originalidad en la pieza, y repetimos que su ropa es magnífica y sus luces (Gabriel Pascal) sensacionales.


Notas

1. De Rodolfo Rodríguez. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Diseñados por Laura Rode. Idem.
3. El vestuario estuvo diseñado por René Durón. Idem.