FICHA TÉCNICA



Título obra Cartas de amor en papel azul

Autoría Arnold Wesker

Dirección Adriana Roel

Elenco María Jerez, Mercedes Matute, Agustín Silva

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Con Cartas de amor en papel azul de Wesker, debuta como directora de Adriana Roel]”, en Siempre!, 2 agosto 1989.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de agosto de 1989

Columna Teatro

Con Cartas de amor en papel azul de Wesker, debuta como directora de Adriana Roel

Rafael Solana

También en el teatro se dan rachas, como en los toros y en el cine: de pronto vemos seguidas tantas buenas obras que llegamos a temer que nuestras críticas asuman un cierto parecido con gacetillas o con boletines de propaganda; y repentinamente, como si nos hubiera caído una hepatitis, o un prolongado dolor de muelas, tenemos que acusar cierto mal humor, o desencanto, o tibieza, en nuestras crónicas, porque llega a parecer como si el que nos gustara por completo más dependiera de nuestro estado de ánimo que de reales insuficiencias o erratas en lo que vemos.

Y hasta puede darse, y hoy se da, que nos parezca que en una obra falta lo que juzgamos que en otra sobraba, y, al revés, haya exceso de lo que antes señalábamos (en otra obra, por supuesto) como carencia. Tanto hemos insistido en que el teatro es sobre todo texto, genero literario, y no saltos ni monerías de los actores ni extravangancias de los directores, que hoy casi nos cohíbe el decir que hemos visto algo excesivamente literario y directorialmente inerte, algo que se pasa de tueste en materia de verborrea (cuanto tanto deseamos que se dé a la palabra el primer rango, sobre la escena) y cuyo director (en este caso, directora) nos parece que llega hasta parálisis en su prudencia por no exagerar los movimientos; del mal de san Vito, que condenamos, caemos en la catalepsia, que tampoco podemos elogiar. Ya en una ocasión en que nos vimos en un compromiso parecido nos acordamos de una canción de Cri Cri: “Ay, mamá me duele este diente / siempre traen la leche caliente / (que se la lleven a enfriar): / ay mamá, mira a esta María, / siempre trae la leche muy fría / (que la vuelva a calentar)”.

El teatro sin texto, o casi pura tarantela, nos parece defectuoso; pero el teatro de pura letra, extático... ¡también! Aquí otra ocasión, esta vez un bolero: “En qué quedamos, por fin, / ¿me quieres o no me quieres?”.

Acudimos con vivo interés a un estreno, en el teatro Julio Prieto, uno de los más prestigiosos de México por su casi siempre sostenida calidad; lo hicimos sobre todo por la atracción del debut como directora de la consagradísima actriz Adriana Roel, recipiendaria de muchos premios; y porque actuaría Augusto Benedico, que el año pasado fue aclamado, con el público puesto en pie, cuando le dimos los críticos el del mejor actor. La obra, la de un actor considerado bueno, de una de las más recientes promociones británicas; aunque la verdad es que pocas veces el teatro inglés nos ha sacado de nuestras casillas, después de aquella generación de fines de siglo pasado: Wilde, Shaw, que se prolongó a los primeros años del presente con Maugham, Coward, el medio americano Eliot, y, finalmente, Fry y Rattigan. Entre los más jóvenes el que mayor impacto ha logrado ha sido Pinter, aunque también ha interesado Osborne; quizá más joven, Wesker todavía no se ha popularizado aquí, aunque se tengan noticias de algunas de sus obras; pero no era por la obra por lo que íbamos al antiguo Xola, sino por la directora y los artistas.

Nos encontramos con una grata novedad, al levantarse el telón: un nuevo escenógrafo, Guillermo Gómez Mayorga (¿tal vez hijo del poeta Mauricio, y nieto de doña Ana? ¡quién sabe!). Creó un ambiente (una casa entera, desde la cocina hasta todas las demás dependencias, salvo el baño) muy alegre y muy acogedor, hasta muy florido ¡Buen principio! Comenzó la obra, y escuchamos, con el respeto del siempre, al magnífico don Augusto, tan admirable decidor de textos. Le daba la réplica el inteligente, culto, estudioso don Roberto D´Amico, que es tan cumplido y tan puntilloso.

Sin duda se decían cosas interesantes, y muy bien escritas; pero con el actor principal clavado en una cama, y la actriz congelada delante de una mesa, donde parecía escribir (justamente las Cartas de amor en papel azul que dan título a la pieza) nosotros también nos fuimos lentamente congelando; cada vez nos costaba mayor esfuerzo el mantenernos despiertos para escuchar aquellos textos, algo dulzones, tal vez azucarados por demás, hasta poéticos quizá, pero de ninguna manera teatrales. Se puede un autor (o director) quedar lejos del punto medio lo mismo por exceso que por defecto. Adriana Roel, en esta su primera salida al campo de la dirección, se ha mostrado estatuaria; y eso, que es tan elogiable en un torero, para una directora resulta negativo o deficiente.

Igualitos a los primeros momentos son los segundos, y los terceros, con poquísima alteración; una buena parte del público va sucumbiendo a la somnolencia; otra va envidiando aquella tibia cama en la que está acostado el artista central.

Los aplausos finales fueron corteses, pero no podemos calificarlos de entusiastas. Casi temíamos que algún espectador al ser despertado por ellos, fuera a preguntar en voz alta, como después de un desmayo: “¿Dónde estoy?”.

Benedico es un artista enorme, por encima de cualquier tropiezo: Mercedes Pascual una actriz excelente, sobre todo cuando tiene papel; D´Amico es muy apreciable por sus conocimientos y su ponderación. Y Adriana Roel, tan sensible (lo ha demostrado en la actuación) llegará sin duda a ser una buena directora, cuando haya hecho algo más que poner el pie en el primer escalón de esa difícil y exigente carrera.