FICHA TÉCNICA



Título obra Mujer como trigal

Autoría Mónica Serna

Dirección José Enrique Gorlero

Elenco Monica Serna

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Mujer como trigal espectáculo de Mónica Serna, dirige José Enrique Gorlero]”, en Siempre!, 23 noviembre 1988.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   23 de noviembre de 1988

Columna Teatro

Mujer como trigal espectáculo de Mónica Serna, dirige José Enrique Gorlero

Rafael Solana

La noche en que estuvimos en el teatro Juárez para conocer el espectáculo Mujer como trigal que produce y representa la actriz Mónica Serna, había entre el auditorio un grupo de invidentes; ignoramos si acudieron por iniciativa propia o respondían a una invitación que les hubiese sido dirigida. Se nos ocurrió que podría ser una bella costumbre la de que las empresas teatrales invitasen a los ciegos, los días de la semana más flojos, pues la prueba de someter las comedias a la opinión de los privados de la vista puede ser muy interesantemente orientadora. Si divierte a los ciegos una obra, es verdaderamente teatro, tal como lo entendemos nosotros; si a quienes divierte es a los sordomudos entonces será circo, o cine antiguo, o tal vez un deporte. A nuestra manera de ver las cosas el principio básico del teatro está en la palabra; el ballet, o la pantomima, son, por decirlo de la manera más suave posible, teatro incompleto. Y la palabra la pone el autor: el teatro de autor es el que preconizamos como el mejor, por muy espectacular y vistoso que pueda llegar a ser un espectáculo sin obra. Recientemente los directores ponen más cuidado en los cuadros plásticos, en el movimiento escénico y en las sorpresas de maquinaria o de iluminación que en la belleza o la hondura de los textos y en la emisión de las voces, y eso nos parece un camino equivocado de seguir del cual va a fatigarse la gente; no diremos que muy pronto: pero sí alguna vez; del texto, en cambio, no se cansa nadie, y por eso siguen vivos los griegos de hace 25 siglos y los franceses, los ingleses o los españoles de hace cuatro.

El espectáculo de Mónica Serna tiene texto... pero como por no dejar. No es lo principal. En realidad, fue muy poco lo que nos dijo. Habría que preguntarles a los ciegos. Párrafos sueltos (sólo con muy buena voluntad podrían ser llamados “poemas en prosa”) de Kira Galván, que no nos pareció una gran poetisa, ni muchísimo menos una dramaturga. No nos explicamos con claridad qué vio en estos textos Mónica Serna para animarse a recitarlos. Susana Alexander, cuando ha acometido empresas de índole parecída (o Pilar Pellicer, o Laura Zapata) al menos escogen páginas que ofrezcan a quienes las oyen algún interés; sin obra, los actores gastan su esfuerzo en una exhibición personal casi tan vana como las de las modelos en los desfiles de modas.

A Mónica Serna la hemos admirado mucho más que en este soliloquio en las obras que tienen pies y cabeza; alguna vez actuó ella en la estupenda Compañía Nacional a la que dio vida José Solé, y entonces estuvo encantadora o magnífica, según los personajes. Ahora nos prueba que tiene una voz espléndida y bien educada, capaz de versatilidad y de impacto, que la lleva desde lo tierno a lo patético; también es dueña de una hermosa figura y domina los más arduos ejercicios corporales (poner las palmas de las manos en el suelo sin reflexionar la cintura, por ejemplo); pero eso no lo vieron sus invitados ciegos. Mucho, muchísimo más le habríamos agradecido que empleara su talento y su belleza en la interpretación de una buena obra teatral (hay miles de ellas) o por lo menos en la recitación de algunos bellos poemas, que también existen por millares.

José Enrique Gorlero, un director excelente, a quien otras veces hemos con mucho entusiasmo aplaudido, tuvo poca tela de donde cortar, en esta ocasión, y algunos de sus trucos para prestar animación al monólogo nos parecieron efectistas y fuera de cacho [sic].

Ojalá vaya gente a ver a Mónica Serna; pero también desearíamos volver a oírla en una obra de mayor interés que la que ahora está poniendo.