FICHA TÉCNICA



Título obra ¿De interés social?

Autoría Luis Eduardo Reyes

Dirección José Solé

Elenco Fernando Montenegro, Sergio Bustamante

Grupos y compañías Compañia Nacional de Teatro

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [¿De interés social? de Luis Eduardo Reyes, dirige José Solé]”, en Siempre!, 11 noviembre 1988.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de noviembre de 1988

Columna Teatro

¿De interés social? de Luis Eduardo Reyes, dirige José Solé

Rafael Solana

Ya hemos dicho aquí varias veces que quien se está retardando y quedando atrás en el gran esfuerzo colectivo de reafirmar y mantener a la cuidad de México en el sitio que ya alcanza como una de las cuatro o cinco más importantes capitales teatrales del mundo es el público. Cada vez hay más y mejores locales y recientemente han sido inaugurados varios espléndidos; cada día surgen no solamente personalidades, sino generaciones de actores y actrices notables, sobre todo desde que esa profesión tiene remuneraciones fantásticas con el gran apoyo de la televisión, que vino a remplazar al cine y hasta curules se pueden ganar con una bella carrera teatral (en Estados Unidos un actor de cine llegó a presidente, como en Polonia hace muchos años un pianista, y en Venezuela un novelista). Y tal vez debiéramos decir sobre todo, desde que brotan autores nuevos como la abundancia de hongos, pero sin esa improvisación, sino con estudios sólidos, en escuelas que tienen tanto éxito, que ya la Sociedad General de Escritores de México tuvo que abrir en Guadalajara una sucursal de la suya.

De uno de los periódicos concursos de esta sociedad ha salido el joven autor que hoy comentamos: Luis Eduardo Reyes, cuya obra De interés social (ahora se llama ¿De interés social? un cambio con el que no mejora mucho) fue ganadora de un concurso convocado por la SOGEM. Otra pieza que llegó a finalista en ese certamen, y que también es excelente, es El enemigo está en casa de Virgilio Ariel Rivera, a la que no hace mucho nos hemos referido; otro autor de esta novísima ola que viene a empujar y a comenzar a dinosaurizar a la anterior, que todavía dista mucho de caducar, es el de la bella comedia onírica De acá de este lado, que dirigió Xavier Rojas y que acaba de terminar su temporada en el teatro Isabela Corona, que esa actriz ilustre ha inaugurado en Tlatelolco.

Pero hoy vamos a mencionar solamente la pieza de Reyes, con el vivo deseo de llamar la atención sobre ella a los buenos aficionados y de sugerirles vehementemente que vayan al teatro Wilberto Cantón a conocerla. Nada escatimó la sociedad que preside don José María Fernández Unsaín para estrenarla con honor; llamó a un escenógrafo que muchos tienen por el mejor, David Antón, y a un director cuya capacidad y sensibilidad no se discuten: Pepe Solé; y Solé reunió un reparto muy adecuado, que encabezan Héctor Gómez y Carmelita González, y en el que figuran también Margarita Isabel, Salvador Jaramillo (escondido tras el nuevo nombre de Trujillo), Ari Telch, Marcos Zetina, Tomás Bárcenas, Leandro Martínez, entre los ya muy conocidos, y algunos otros artistas más nuevos, para completar docena y media de personajes (en obvio de posibles dificultades se suprimió a un perro, que la obra pide y que no resulta absolutamente indispensable).

La obra puede clasificarse como pieza, que es el término medio entre comedia y drama; comedia seria o drama risueño serían términos que la definirían: por momentos algún personaje la acerca al sainete y aun a la farsa; la tristeza y la aparente fatalidad del destino de otros la vincularía con la tragedia si no se tratara de modestas personas de clase media tirando a baja, de la burocracia, en vez de los dioses, héroes y príncipes que el estreno trágico requiere. Quizá algunos espectadores, que en el teatro buscan principalmente divertimiento y fuga de los horrores de la vida diaria, encuentren que no les da lo que buscaba, pues la pieza, en su realismo retocado por el arte, viene a resultar en sus conclusiones algo depresiva y pesimista; se trata de una estampa muy verista copiada de la vida cotidiana, con naturalismo admirable. Se pasa uno las dos horas que duran sus dos actos encontrando similitudes entre lo que le ha pasado a uno mismo en ese mismo día, o lo que sabe que les ocurre a sus familiares, amigos o vecinos; el fondo de amargura y decepción que éste contiene está hábilmente disimulado por el director, el autor y los intérpretes con pinceladas de humor, con sonrisas; hay en el señor Reyes un arte de buen escritor en este pintar, como lo hizo Balzac, personajes ordinarios, y a veces nos recuerda la valentía con que Goya, o Rembrandt, dos artistas inmensos, reprodujeron las sombras, las fealdades y aun las deformidades que vieron en torno suyo, y a las que embellece el toque mágico del arte, realismo fotográfico no es un término despectivo, sino el reconocimiento de una habilidad.

Tan realista, tan frustrante, no produce esta obra desagrado, sino admiración, en quien presencia su representación; al ponerle delante ese cruel espejo se le hace al espectador un favor, el de permitirle asomarse al fondo de sí mismo y al de la sociedad en que vive, tal vez con el propósito de hacerle reaccionar y buscar remedio a lo que tenga. En este sentido esta pieza acusadora es confortante e higiénica, saludable.

Podremos esperar de Reyes muchas obras más, muy valiosas si con paso tan firme ha arrancado y con tal seguridad sabe manejar a sus personajes, que no títeres. La mano de un autor perfectamente capacitado para el oficio se percibe; demos la bienvenida a una nueva estrella de la constelación novísima.

El día de invitados no cupo la gente, y toda salió encantada de la obra y de su montaje; antes y después, las entradas no han sido las que tan bello esfuerzo merece; y es aquí donde cabe invocar al público para que con su presencia y su aplauso aliente a ese autor naciente, y que promete llegar a ser tan valioso: que ya lo es, de hecho. Confiamos en que al correrse la voz irá reaccionando la taquilla, y en que ¿De interés social? acabe por ser un éxito de boletería, como lo es ya de ovaciones y de crítica.

Estupenda la dirección de Solé; la escenografía de Antón resuelve muchos problemas, pero no nos pareció tan atinada como otras muchas del mismo decorador, que hemos festejado y premiado constantemente durante muchos años; demasiado negra, y sin suficiente diferencia entre los dos domicilios, el del primer acto y del segundo que a nuestro juicio debiera marcar más vigorosamente un cambio.

En cuanto a los artistas, encontramos perfectos a los dos mayores: Héctor en un padre tristón apachurrado, Carmen en una verdadera bruja como cada uno encontrará que hay alguna en su propia familia. Muy bien todos los demás, en el orden, aproximadamente, en que ya los hemos mencionado, aunque una obra tan repartida (18 papeles) deja poco margen para lucimiento personal de quienes no estén a la cabeza del amplio elenco. Solé ha hecho a algunos de los miembros de su compañía doblar en los papeles menos largos, y lo logra en forma muy convincente. La realidad mexicana está tratada por su autor, director e intérpretes en forma irónica pero no destemplada; hay escenas, como la de la huelga de hambre, que pudo inclinarse a una de las dos orillas, la de la caricatura o la del patetismo, pero que conserva un inteligente equilibrio.

Han nacido un interesante autor y una pieza vigorosa; se confirman un gran director y artistas excelentes. Cómo quisiéramos que el público inteligente que es el que tenemos la fortuna de tener en estas páginas escuchara nuestra ferviente recomendación, y acudiera a dar fe de estos constructivos acontecimientos.