FICHA TÉCNICA



Título obra El futuro está pelón

Autoría Enrique Alonso

Dirección Enrique Alonso

Elenco Enrique Alonso, Tere Colón, Martha Ofelia Galindo, Rene Azcoitia, Doris, Gibrán

Notas de escenografía Compañia María Conesa

Notas de vestuario Compañia María Conesa

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El futuro está pelón y Los anillos de Saturno, nuevos espectáculos de Enrique Alonso]”, en Siempre!, 3 agosto 1988.




Título obra Los anillos de Saturno

Dirección Enrique Alonso

Elenco Enrique Alonso, Tere Colón, Martha Ofelia Galindo, Rene Azcoitia, Doris, Gibrán

Notas de escenografía Compañia María Conesa

Notas de vestuario Compañia María Conesa

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El futuro está pelón y Los anillos de Saturno, nuevos espectáculos de Enrique Alonso]”, en Siempre!, 3 agosto 1988.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   3 de agosto de 1988

Columna Teatro

El futuro está pelón y Los anillos de Saturno, nuevos espectáculos de Enrique Alonso

Rafael Solana

El único que falta de tomar el paso para que se logre el retorno al teatro de la Edad de Oro de la revista, finalidad que “Cachirulo” propugna, es el público: el actual no sabe cuál era el comportamiento del de aquella época; pero el anónimo cronista, que data de entonces, se acuerda muy bien, y lo va a comentar:

La ciudad, cuyo millón de habitantes cabía entre los patios de Nonoalco y el estadio (colonia Roma) y entre el río del Consulado y de la estación (ferrocarrilera) de San Lázaro contaba con solamente media docena de teatros: dos de comedia, que estrenaban cada sábado: el Ideal y el Fábregas; uno de conciertos y a veces de teatro importado: el Arbeu; y tres en que se hacía ese género musical y picaresco del que Enrique Alonso se acuerda: el Principal (que se quemó en 1931, y al que pronto vino a sustituir el Politeama), el Lírico y el Esperanza Iris, hoy teatro de la Ciudad; el único que queda en pie es el Lírico, con su mismo nombre; el Fábregas fue derribado y a uno nuevo levantado en un solar adyacente hoy se le llama Fru Fru; del Arbeu, del Principal, del Politeama, del Ideal, no quedan ni rastros.

Los aficionados, para ir por lo menos una o dos veces por semana al teatro, teníamos que escoger entre esos pocos lugares; y para que regresáramos a ellos con esa periodicidad, ellos cambiaban hebdomadariamente de cartel. Los atenidos al sistema de tandas (dos por un boleto) formaban sus programas con un estreno sabatino y la prolongación por siete días más de lo estrenado la semana anterior, de tal manera que el que solamente asistiera a ellos cada 15 días, no se perdía absolutamente ninguna obra.

Hoy el sistema es diferente: la obras se estrenan para durar meses, en ocasiones años eternos en cartelera, y se retorna al mismo local una vez al año, o al bienio, y como van las cosas, pronto sería cada cuatro años, como las olimpiadas o los campeonatos de futbol, o cada seis, como se regresa a las urnas. Las revistas eran de candente actualidad; comentaban lo que estaba ocurriendo justamente en los mismos días del estreno. Hoy se estrena, por ejemplo una revista que se llama El futuro está pelón y a las pocas semanas ese futuro ya no es futuro, sino presente hecho y derecho; y si sigue pasando el tiempo acabará por ser pasado.

“Cachirulo”, para el completo éxito de su espectáculo, tendría que tomarse la molestia de escribir cada semana nuevos sketchs, y de arrancar de su ingenio un nuevo título humorístico. El montaje no sería complicado, pues ya tiene don Enrique docenas de telones que sirven para todo y un vestuario abundantísimo, parte del cual heredó de María Conesa; los números musicales, cantables y bailables, son aproximadamente los mismos siempre, y lo único nuevo cada vez, además del título chocarrero, que con frecuencia sería recogido del ambiente, serían 10 o 20 minutos de diálogos, que para gente experimentada y curtida no necesitan ser ensayados un mes.

“Cachirulo” estrena más o menos una vez al año, y no una a la semana, y su público se desacostumbra a ir a verlo; cierto que hoy tiene la gente, en vez de cuatro o cinco espectáculos para escoger, 40 o 50; pero siempre habría una base de clientela fija, o porque le quede cerca el teatro, o porque conserve su adicción al género. Las nuevas revistas (que siguen a Dos tandas por un boleto y a La alegría de las tandas) se llaman El futuro está pelón y Los anillos de Saturno, y tienen toda la gracia, la picardía, la intención política y llegado el caso un poquito alburera, de las de cuando Alonso era niño; él mismo es tan buen autor como lo eran los de antaño: Pepe Nava, Robledo, Benítez, Ortega y Prida, Guz Águila, Vázquez Méndez, Troncoso, y todos los demás que alimentaban las temporadas de Roberto Soto, de Joaquín Pardavé, de Medel o de Beristáin. Se dirá y con razón que faltan vedettes de los tamaños de María Conesa, Celia Montalbán, Lupe Vélez, la Negra Galindo, Margarita Carbajal, Sofía Álvarez, Delia Magaña, Lupe Rivas Cacho; pero a cambio de ellas tenemos otras: por ejemplo, Martha Ofelia Galindo se ha convertido en una verdadera estrella que llena el espectáculo, dentro del cual se multiplica para cantar como María, bailar como la Barceló o la Beltri, y actuar como lo hicieron en aquel tiempo la Wilhelmy o Elisa Berumen. Dentro del elenco de “Cachirulo” ha ascendido esta actriz simpática al primer puesto (ha desaparecido Blanca Sánchez); en cambio bajó a segundo lugar para los adoradores del jamón y del tonelaje, pues ahora ya hay quien en este renglón le mata el gallo y exhibe a los precios actuales por lo menos 100 mil pesos más de apetitosos filetes. Doris, que al principio se quedaba parada para cantar, como Franco Corelli o Luciano Pavarotti (o Lola Beltrán o Amparo Montes) cada día está más suelta, y ya baila y actúa como si con esas dotes hubiera nacido: hay también un galancito cantante, Gibránn (hijo de Doris de los “valores Barcardi”) que si tiene muy poquita voz, la suple con el micrófono, y que está bien presentado y es simpático; y se ha agregado a la compañía (en la que Roberto Comadurán desde los primeros días permanece) un actor cómico formidable que puede dar la talla que tuvieron el Chato Ortín o don Ángel Garasa: René Azcoitia, producto del género zarzuelero y vástago del Seguro Social y a quien viene como un guante este tipo de teatro, en el que triunfa en toda la línea.

Tan buenas, o casi, como las anteriores revistas evocadoras de Enrique Alonso son estas dos nuevas a las que seguirán otras con chistes oportunos de temporal y en las que el propio Alonso tiene gran participación como empresario, como animador, como director, como autor y como intérprete. En esta ocasión no se limita Enrique a ser él mismo sino inserta una afortunada caricatura de un compañero suyo de profesión (“Clavillazo”) en la que triunfa como imitador. Hay una segunda vedette que se deja ver en algunas escenas, Tere Colón, y el espectáculo entero está teñido de la gracia, de la nostalgia, de la bella música antañona con que ha sabido “Cachirulo” adobar sus espectáculos anteriores. Creemos que la renovación, el refresco de sketch, y también el recambio de estrellas invitadas, atraería a un público fiel a repetir sus asistencias, pues a todos nos dejan perfectamente complacidos la comicidad, el buen humor y la gracia de los libretos (en ocasiones algo mandadamente agudos en sus sátiras políticas) y el talento de los intérpretes, entre los cuales, una vez más lo diremos, el propio Enrique Alonso y la encantadora Martha Ofelia Galindo son los más resplandecientes.