FICHA TÉCNICA



Título obra Una noche con Medea

Notas de autoría Tito Vasconcelos / adaptación

Dirección Tito Vasconcelos

Elenco Alejandro Tommasi, Sergio Klainer, Fernando López Arriaga, Sebastián, Jesús Arriaga, Cabriel Labastida, Miguel Ángel de la Cueva

Escenografía Tito Vasconcelos

Iluminación Tito Vasconcelos

Vestuario Tito Vasconcelos

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Una noche con Medea adaptación y dirección de Tito Vasconcelos]”, en Siempre!, 11 mayo 1988.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   11 de mayo de 1988

Columna Teatro

Una noche con Medea adaptación y dirección de Tito Vasconcelos

Rafael Solana

A base de un trabajo esforzado y serio, el actor, director, promotor y autor Tito Vasconcelos ha ido haciéndose, en los últimos años, de un nombre reconocido y respetado en todas esas ramas del quehacer teatral: el principal sitio de su trabajo ha sido el Foro de Shakespeare, y el aspecto más insistente de su labor es el travestismo; han sido especialmente papeles femeninos los que le han permitido brillar: se ha tratado de una tarea ardua, pues en lo primero en que el travestimento suele hacer pensar es en chacota, en relajo y en mofa, y los efectos más frecuentemente logrados en esta especialidad de la actuación han solido ser cómicos, paródicos o burlescos; pero se han dado ya casos de artistas de este tipo que se han hecho tomar muy en serio, respetar, y hasta premiar, y que han arrastrado no únicamente a un público gay o paragay [sic], de simpatizantes, sino a un público teatral no nada más curioso o atento a divertirse, sino capaz de estimar trabajos de calidad: no dudamos en afirmar que quien más ha hecho en este sentido ha sido el señor Vasconcelos: pero tampoco olvidamos al notable artista, ya fallecido, Jorge Carrillo, que enormemente lució en el papel de María Félix, en la obra del autor mexicano Carlos Fuentes Orquídeas a la luz de la luna.

Ahora Vasconcelos se ha tirado más por todo lo alto que nunca, al escoger, para encarnarlo, uno de los más grandes papeles femeninos del teatro universal: el de la maga Medea, originalmente tratado por Eurípides, y adaptado siglos más tarde al teatro latino por Séneca, la obra de ese escritor cordobés fue representada en México, en traducción de don Miguel de Unamuno, hace 54 años, por la enorme actriz catalana doña Margarita Xirgu; unos 20 o 30 años después la hizo en Acolman, María Teresa Rivas, que es otra artista de la mayor magnitud; cuando en Bellas Artes actuó doña Margarita, todavía ni se conocerían los padres de Tito, y es de dudarse que ellos lo hayan llevado después a Acolman, a una función nocturna, impropia para niños chiquitos; pero a Ofelia Guilmain sí la habrá visto o tal vez a alguna otra actriz, ya que se trata de una tragedia tan conocida. Con base en varios de los autores que han tratado, durante 20 siglos, tan célebre tema, Vasconcelos, acompañado por Sergio Torres Cuesta (sin duda será difícil distinguir qué hizo cada uno de ellos) ha modernizado la pieza, la ha enmarcado dentro de una producción teatral, como muchas veces hemos visto hacer con Otelo, con Romeo y Julieta, con El rey Lear y con obras famosas, y es necesario comentar que ambos firmantes de la nueva versión han acertado de lleno, al escoger y hacer resplandecer los valores trágicos de la pieza inmortal, y al adornarlos con algunos golpes que resultan cómicos, pero que no estropean la unidad de la tragedia; en efecto, durante las primeras escenas, al ir apareciendo, vestido de mujer, algunos de los actores complementarios, escapan al público algunas risas; pero Tito consigue el milagro de que a partir de su aparición en escena ninguna risa vuelta a escucharse, sino el público se tome perfectamente el drama, con toda su auténtica grandeza.

Alguna vez, no hace mucho, hemos criticado el afán de artistas másculos que se refocilan en vestirse de mujeres para hacer obras como, por ejemplo, Las criadas, que a ellos les gustan, o las ya mencionadas Orquídeas, que distan mucho de tener la calidad que de un escritor tan mundialmente conocido como Fuentes podría exigirse. En De pétalos perennes, de Luis Zapata, alguna vez vimos actores en vez de actrices y nos hizo gracia, porque estaba muy bien. Pero a Tito Vasconcelos son ya varias veces que lo hemos visto, en algunas ocasiones con verdadero talento, hacer papeles de mujer, no como pachanga, no como jotería, sino con una autenticidad espléndida como la que nos imaginamos que Sarah Bernhardt, a quien no conocimos, ponía en hacer “Hamlet” o “Daniel”, o “El aguilucho”. Vasconcelos ha conseguido estudiar el alma femenina con tal rigor, que ni por un momento deja de tomárselo en serio (también a Arturo Beristáin alguna vez le vimos una Clitemnestra estupenda) y, aunque no recurre a la falsedad de fingir la voz, ni hace dengue alguno que lo orille a lo ridículo, en la tragedia que actualmente está representando convence y domina al espectador, como podrían hacerlo la Montoya, o las ya mencionadas señoras Rivas y Guilmain. Un trabajo, volvemos a usar una palabra que ya dijimos, absolutamente serio, artístico, de la calidad histriónica más levantada.

No solamente como actriz, y como autor, brilla Tito Vasconcelos en Una noche con Medea: además es un director espléndido, y un promotor valiente y nada tacaño; ha ido graduando, con talento, el paso de uno al otro de los dos planos en que la pieza se desarrolla, pues cada artista asume la doble personalidad del personaje y del actor o actriz que lo interpreta, y que tienen secciones fuera del texto grecolatino, diálogos modernos, de los miembros de la compañía que está ensayando. La presentación de la ropa, por ejemplo, va siendo escalonada, pasa de trajes sencillos a otros más teatrales, casi insensiblemente. El Foro de Shakespeare no es un local que permita dispendios en materias de producción y montajes; pero en esta ocasión su escenografía, su vestuario, su iluminación, su poquito de coreografía, sus máscaras(1), hacen al público quedar cautivo dentro de la magia teatral.

A Vasconcelos, ya lo admirábamos, y también conocíamos, de una actuación en este mismo sitio, que los críticos entusiastamente premiamos, al joven Sebastián Rosas, simpático y capaz; pero no exageramos al decir que nos han tirado de espaldas algunas otras actuaciones, de personas que nos resultaban desconocidas; por ejemplo, la de don Alejandro Tommasi, un joven que no nada más da el tipo del argonauta a quien representa, sino que rinde una actuación soberbia; está hecho todo un Klainer en su personaje, que no mantiene una nota falsa, ni débil; algo muy parecido podría decirse de don Fernando López Arriaga, tal vez conocido de muchos espectadores, puesto que se le toca una ovación a su entrada; en el doble papel de la actriz Beatriz y la nodriza de Medea este señor está impresionante; en la parte trágica de su actuación no pierde puntada, actúan en todo momento, aun en largas escenas mudas; en fin, una actuación impresionante; formidable nos ha parecido también el artista Sergio Torres Cuesta (uno de los autores) que hace con talento el papel antipático de la tragedia, el de la hija del rey, por quien Jasón deja a la enloquecida de amor y celos Medea. El papel de Sebastián Rosas esta vez es pequeño, y no le da ocasión de lucir como la ha hecho en otros personajes; Jesús Arriaga, uno de los pocos que no se travisten, es tal vez el más joven o el menos experto de los miembros de la pareja compañía. Gabriel Labastida y Miguel Ángel de la Cueva completan el reparto, que es breve (ocho actores hacen cinco papeles femeninos y tres de hombre).

Las primeras representaciones(2), las “de cuates” y la de prensa, suelen atraer al Foro Shakespeare a partidarios o a meros curiosos de un teatro no solamente de homosexualidad, sino, a veces, francamente de jotería; pero a medida que se corre la voz, cuando hay una calidad artística tan exigente como en el caso de que estamos tratando, acude el público general, el más riguroso (en el programa actual, hasta la obra es de calidad primerísima) y pronto, en cinco minutos, se olvida uno de que está viendo la payasada, por lo menos la arbitrariedad, de hombres vestidos de mujer, para caer (como era también el caso de la inolvidable Orestiada que en la Universidad montó Pepe Solé) en la fascinación de un trabajo artístico de gran clase, digno del más serio de los aplausos. A todo buen público de teatro, capaz de apreciar una tragedia y de calificar actuaciones soberbias, recomendamos Una noche con Medea, un triunfo muy sólido y muy firme de Tito Vasconcelos y de su admirable grupo.


Notas

1. Todos los elementos mencionados fueron diseñados por Tito Vasconselos. Tito Vasconselos. Testimonio personal. Noviembre de 1997.
2. La obra se estrenó a fines de abril. Idem.