FICHA TÉCNICA



Título obra Sonata en travesti... ¡Síííí!

Autoría Willebaldo López

Dirección Wildebardo López

Elenco Manuel Armenta

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Sonata en travesti... ¡Síííí! de Willebaldo López]”, en Siempre!, 15 abril 1987.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   15 de abril de 1987

Columna Teatro

Sonata en travesti... ¡Síííí! De Willebaldo López

Rafael Solana

Un viejo proloquio sanchopancesco pide “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”. El lugar para los travestistas podríamos creer que fuese el teatro Fru Fru, donde algunos de ellos han hecho magníficas entradas, si bien también las han dado (las buenas entradas) en el Lírico, o en el 20 de Noviembre; pero igualmente les resulta un sitio muy adecuado el Foro de Shakespeare, que se ostenta como lugar apropiado para experimentos teatrales audaces, de los que la Liga de la Decencia no recomienda, algunos de los cuales han tenido como figura a Tito Vasconcelos, y varios ya dieron señales de muy estimable calidad artística. Allí ha ido a situarse la nueva obra de Willebaldo López que se llama Sonata en Travesti... ¡Síiii!(1), que peregrinó un poco por otras salas en busca de posada, hasta que la encontró a su exacta medida y a su estilo (aunque al Fru Fru también le habría venido muy bien). Willebaldo, a nuestro juicio, llega un poco tarde al teatro gay, cuando ya tiene poca novedad, y ya pasaron muchas obras de buena factura, difíciles de superar, además de que representaron originalidad en los momentos de sus respectivos estrenos. Ya es muy arduo superar la gracia, o la fuerza, o la novedad de que La jaula de las locas, de Los chicos de la banda, de Té y simpatía, de La escalera, de Sigue tu camino, de Papá, no quiero ser hombre y de sin duda muchas piezas más, unas en serio, como Contradanza, otras en broma, presentaron a los públicos el problema mundial de la homosexualidad, a la que en los ya lejanos tiempos de Óscar Wilde (hace un siglo) se llama “el amor que no se atreve a decir su nombre”, y que al fin un día se atrevió, y vaya si en todos los tonos lo ha gritado.

La obra de Willebaldo no tiene la fuerza tremenda de Amsterdam Bulevar, ni el humor de La hora de las locas, ni se la puede considerar entre sus obras más felices y cuajadas, que las tiene mejores y más perfectas. Pero es una obra digna de ser conocida y juzgada, y sin duda va a encontrar en el Foro de Shakespeare un público comprensivo y bien dispuesto, que recibirá con buena voluntad su mensaje, y que se sentirá inclinado a reír con sus gracejadas. El mensaje es noble, muy humano, de comprensión, generosidad y tolerancia; pero la factura está un tanto destemplada, como si el autor, que es hombre muy experimentado en la construcción dramática, no hubiese acertado esta vez con un género definido, sino hubiese caído en uno híbrido, con el resultado, a nuestro juicio funesto de que una parte del público ríe en las escenas dramáticas, y aun patéticas a causa de la comicidad de los disfraces o de las jocosidades del texto, que más nos recuerda a José Antonio Alcaraz que a autores serios, como González Dávila, Hugo Argüelles o Pablo Salinas, entre los nuestros.

Willebaldo López, además de escribir, tal vez sin haber estudiado suficientemente el ambiente o haber sentido con alguna profundidad el tema, ha dirigido, también con una cierta superficialidad, o con obviedad excesiva. Por momentos parece dirigirse al público con voz redentora, como si emitiese una súplica de “salvad a los delfines” o “no dejemos morir a las ballenas”, o cosa parecida. Por momentos parece sentir por sus personajes una cierta piedad, como por indios lacandones ultrajados, explotados y a riesgo de desaparecer. Otras veces desaprovecha la ocasión para arrancar risas y burlas con hombres que se tratan a sí mismos en femenino, y que disimulan con maquillaje sus varoniles bigotes. En fin, entre sitas y chuflas, va transcurriendo la obra, en la que hasta vemos correr alguna sangre, como M.M., un mito, sin que se llegue a saber hasta que punto es cierta, porque los muertos se levantan para hacer un número musical. ¿Es drama, es comedia, es farsa? Más vale que vayan ustedes mismos a formarse su propia idea. Si hubiese allí debates, como en las obras de Basurto, no nos llamaría la atención escuchar las más extrañas opiniones.

De entre los artistas intérpretes, es el más conocido Manuel Armenta, a quien hemos visto no solamente en anuncios de bebidas, al lado de Héctor Bonilla, sino también en obras teatrales en que su trabajo nos ha parecido muy plausible; hace Armenta el papel no del más cómico, sino el más patético de los travestistas de un show, el de vieja matrona, madre abadesa de aquel convento de desventurados que se equivocaron de sexo, y queriendo ser en todo mujercitas tienen entre las piernas “el regalo”, que les estorba en sus anhelos. Willebaldo se ha atrevido a pintar con colores muy fuertes a la policía, y nos parece que también en esto se le ha pasado la mano al autor director; y porque queremos defender o paliar a ese terrible cuerpo, sino porque rebasa los límites del arte y del buen gusto la denuncia de sus perrerías.

Nuestro juicio no es favorable para esta obra de Willebaldo, que consideramos inferior a otras suyas admirables y magníficas; pero de ninguna manera quisiéramos desanimar a nadie de ir a verla y a formarse su propia opinión, que muy probable es que resulte, en muchos casos, diferente de la nuestra.


Notas

1. Estrenada el 2 de abril. P. de m. A: Willebaldo López.