FICHA TÉCNICA



Título obra Judith

Autoría Friedrich Hebbel

Dirección Fernando Wagner

Elenco María Olga Catalán, Luis Aceves Castañeda, Rosa María Moreno, Carmen del Castillo, Raúl Dantés, Mario Orea

Escenografía Julio Prieto

Vestuario Julio Prieto

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela de Arte Teatral

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Temporada de Teatro Universal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Judith, gran espectáculo de teatro experimental en el Bellas Artes. Israel, del autor mexicano José Revueltas por el grupo La Linterna Mágica”, en Novedades, 31 mayo 1948.




Título obra Israel

Autoría José Revueltas

Dirección Ignacio Retes

Elenco Raúl Estrada, Eduardo Licona, Eugenia Bedoy, Lucila Alarcón, Ignacio Retes

Escenografía Julio Prieto

Vestuario Julio Prieto

Grupos y compañías Grupo La Linterna Mágica

Notas de grupos y compañías Ignacio Retes / director

Espacios teatrales Teatro del Sindicato Nacional de Electricistas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Judith, gran espectáculo de teatro experimental en el Bellas Artes. Israel, del autor mexicano José Revueltas por el grupo La Linterna Mágica”, en Novedades, 31 mayo 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Judith, gran espectáculo de teatro experimental en el Bellas Artes. Israel, del autor mexicano José Revueltas por el grupo La Linterna Mágica

Armando de Maria y Campos

Judith, la providencial salvadora de su pueblo, ha pisado fuerte en el escenario del Palacio de las Bellas Artes durante estas fechas en que la Tierra Santa se ha convertido en el soñado Estado de Israel. Hace pocos años Judith también cruzó, hablando francés de Giraudoux el vasto proscenio de nuestro primer coliseo. Esta vez habla, claro, en español, palabras que Hebbel le hizo pronunciar primero en la lengua de Wagner y de Beethoven. Seamos claros: la tragedia Judith, del autor romántico alemán Hebbel, está siendo representada durante la temporada de teatro universal organizada por el Estado por un grupo de alumnos de su Escuela de Teatro bajo la dirección, un mucho a la alemana, del profesor alemán, mexicano por naturalización, largamente residenciado en México, Fernando Wagner.

Magnífica presentación y excelente interpretación. La tercera obra de esta temporada oficial ha constituido otro éxito, aún más oportuno que el estreno de Antígona, y de mucha más trascendencia que el de Junior Miss.

Ya se sabe; la versión romántica de Frieddie Hebbel no se ajusta a lo que la Biblia, en el Libro de Judith, refiere a propósito de esta singular mujer. "El rey Nabucodonosor –dice la Biblia– llamó a Holofernes, jefe de su ejército. Y díjole: Sal a campaña contra todos los reinos de Occidente y principalmente contra aquellos que menospreciaron mis órdenes. No mirarás con compasión a ninguno y sujetarás a mi dominio a todas las ciudades". Y se apoderó Holofernes de todos los castillos de las grandes montañas de Ange, arruinó a Melothi y saqueó a los habitantes de Tarsis y a los israelitas, robó todas las riquezas de Madián y cayó después sobre Damasco. "Con lo cual sobrecogió de terror a todos los habitantes de la tierra". Holofernes puso sitio a Betulia, y, como corresponde a una gran estrategia, cortó el acueducto y vigiló los manantiales. Los israelitas se morían de sed. Judith, viuda de Mánnases, decide salvar a su pueblo.

Hebbel y Giraudoux, apartándose del texto bíblico, crearon una Judith virgen, dulce y feroz. Importa o no, según, que Judith llegue virgen a los brazos de Holofernes. Teatralmente tratada esa circunstancia gana el personaje. Es más espectáculo la obra. Coinciden con el texto bíblico las piezas de Giraudoux, y Hebbel en que conservan el encuentro del pueblo escogido y la invasión pagana, lo que da oportunidad, ahora, en la versión digamos "wagneriana", para producir un gran espectáculo en el que intervienen –en la plaza de Betulia– cuarenta y nueve personajes muy bien movidos, muchos de los cuales ya han descendido o ascendido por ese extraescenario que Fernando Wagner formó utilizando el foso –antes y siempre frontera cerrada entre espectáculo y público–, con lo que se logró una magna presentación, auténtica novedad.

La obra se representa con "cortes" bien hechos y en un clima de ambición escénica justamente lograda; decorado y vestuario, bajo la responsabilidad artística de Julio Prieto, soberbios. El movimiento de los personajes, tan numerosos en determinadas escenas, muy bien resuelto.

La interpretación excelente, considerada dentro de la realidad de actores estudiantes que prestan su concurso. Entre ellos no sólo se descubren promesas; se palpan realidades. María Olga Catalán, bella y temperamental, es una rosa recién abierta sobre la nueva escena mexicana. Logró una Judith más que estimable. Fruto maduro de actor que si no se tuerce o malogra llegará muy lejos, es Luis Aceves, en el papel de Holofernes. Otros nombres que merecen brillar con matices propios, y que brillan ya en el conjunto a que me refiero, son Rosa María Moreno, Carmen del Castillo, Raúl Dantés, Maro Orea...

La representación de Judith organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes no desmerecería en ningún gran teatro experimental del mundo. ¡Qué pronto tendremos un nuevo y digno clima teatral en México!

Contribuyen a formar este futuro clima otros grupos experimentales que trabajan con menos recursos pero que no son menos ambiciosos, como el que dirige José Ignacio Retes y que llevó a escena, la víspera del estreno de Judith, una bella pieza de autor mexicano, Israel de José Revueltas, atormentado cuentista, sagaz y afortunado autor de argumentos cinematográficos.

Israel de Revueltas se representó en el precario escenario del salón de espectáculos del Sindicato Nacional de Electricistas, bajo la dirección del joven Juan Ignacio Retes, alma y nervio de su grupo La Linterna Mágica. La pieza de Revueltas, conocida ya por los aficionados al teatro en la tripartita edición que de ella ha hecho la revista Tiras de colores, un acto en cada número, es una preciosa comedia dramática, de gran aliento poético que trata el drama de una familia negra que acaudilla un tal Israel, y que por un crimen no cometido parece bajo el odio del racismo del puritano pueblo de Norteamérica; prodiga las situaciones violentas y amargas, no pierde un instante su alto vuelo poético y, lo que es más importante, revela que en Revueltas hay un profundo, ancho, autor dramático que utilizará las tres paredes no como medio sino como fin.

Muy discreta la interpretación en general, a tropezones por la dificultad de hablar con las modulaciones que le imprimen a su parla los negros del sur de los Estados Unidos, se apoderó enseguida de la atención del público que, siguiendo el río dramático de la acción, no sintió que la obra calaba en el bajo –es decir, prudente– fondo de un elocuente esfuerzo empapado de buena voluntad. Se hicieron ver y oír más en la interpretación de Israel, Raúl Estrada en el Jonnathan Lincoln Flecher; Eduardo Licona en el tío Eleazar; Eugenia Bedoy en Rebeca; Lucila Alarcón en Mamá Smith e Ignacio Retes en Esáu.

Hábilmente resuelta la decoración del primer acto, la cabaña-habitación de los negros; patética la del segundo acto, el interior de la cárcel del pueblo, y menos afortunada la del último, las tres son, sin embargo, gallarda prueba de que se puede hacer teatro sin contar con nada, o sin casi nada, cuando sobran talento y corazón.