FICHA TÉCNICA



Título obra Un nuevo capítulo en mi vida

Autoría Neil Simon

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Lucy Tovar, Rafael Sánchez Navarro, Blanca Guerra, Martha Resnikoff

Iluminación Ariel Blanco

Espacios teatrales Teatro Polyforum

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Un nuevo capítulo en mi vida de Neil Simon, dirige Héctor Mendoza]”, en Siempre!, 8 octubre 1986.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   8 de octubre de 1986

Columna Teatro

Un nuevo capítulo en mi vida de Neil Simon, dirige Héctor Mendoza

Rafael Solana

Neil Simon es, de entre los comediógrafos norteamericanos, el de nuestro mayor agrado. La reluctancia que en principio nos despierta la idea de utilizar el teatro para acelerar el proceso de nuestra yanquización, en el que tan intensamente participan la música popular, los deportes, la cinematografía y aun la cocina, que simplifica en hamburguesas, sandwiches y perros calientes nuestros incomparables tesoros gastronómicos regionales, tiene su excepción en unos cuantos escritores verdaderamente sobresalientes, y en contadas piezas pertenecientes al género comedia musical que son merecedoras de conocimiento y de aplauso. Entre los dramaturgos siempre han tenido sitio de honor Eugenio O´Neill, Clifford Odets, Tennessee Williams, Arthur Miller, y el más joven, y ya desaparecido, Truman Capote; entre los autores de comedias es sin duda Simon el número uno; vendría a ser el dos, probablemente, Paddy Chayevsky. En la línea trazada por los irlandeses Oscar Wilde y George Bernard Shaw, y por los británicos William Somerset Maugham y Noel Coward, Simon escribe comedias finas, que dibujan y sostienen la sonrisa en los labios de los espectadores; pero no es solamente un escritor hilarante, sino imprime realidad, verismo, humanidad a sus personajes, y recoge las inquietudes de su tiempo y de su país, y de entre todo él, que es enorme y tiene variadas problemáticas, la de dos regiones que son en su obra como dos polos: la ciudad de Nueva York, que es su centro y su campo de experimentación, y el estado de California, que suele representar en sus piezas una especie de Utopía, de tierra ideal, donde se ejemplifica, y a veces se realizan, los sueños.

Lucy Tovar es una actriz de origen mexicano, pero de educación norteamericana que ha venido a reforzar la escuadrilla de quienes nos yanquizan, y ha escogido, y traducido con mucho talento, pues conserva en su versión la gracia delicada, el perfume humorístico del autor que seleccionó, sin traicionar ni desvirtuar la psicología ni la identidad nacional de sus personajes, que son yanquis, y concretamente neoyorquinos, hasta las cachas (los de Williams suelen ser surianos, luisianos, en una medida que no puede dejar de advertirse). La obra que la señora Tovar produce y traduce, con el nombre de Un nuevo capítulo en mi vida, es excelente, digna de la prestigiosa firma que la calza; sólo le pondríamos un reparo, que puede no serlo, a los ojos de algunos críticos: su falta de unidad de tono; comienza, como una comedia finamente jocosa, llena de ligereza y de gracia, costumbrista en cierta ponderada medida, durante el que se presenta como larguísimo primer acto (quizá la fusión de dos); de pronto se vuelve fuertemente dramática, nos congela la sonrisa y nos hace fruncir el ceño; para terminar en meliflua y delicuescente, hasta un poquito cursi, en su desenlace de novela rosa, que no deja de sonarnos un poco a falso, o prefabricado, o traído de los cabellos, como una consecuencia inconsecuente de las escenas inmediatamente precedentes. Héctor Mendoza, que esta vez ha dirigido con limpieza, sin exabruptos ni ocurrencias, ha logrado dibujar muy bien los caracteres, sobre todo los dos principales; pero no pudo, o no quiso, disimular esa destemplanza, que nos disuena, y que por momentos convierte en casi tragedia lo que se había venido deslizando como una comedia amable; se vuelve asunto de psicoanálisis, y marca la protagonista con un candente hierro de melodramatismo y de tristeza.

Tres de los cuatro actores llamados por la señora Tovar y por Héctor nos parecieron magníficos: Fernando Balzaretti, que es un actor de quien recordamos muchos aciertos, y que da sin romperse el cuello el salto de finamente cómico a dolorosamente dramático, es quien lleva sobre hombros el peso de la obra. Rafael Sánchez Navarro, a pesar de que ya ha sido estrella en otras piezas, absoluta en El hombre elefante, con la que debutó, ha aceptado un papel coprotagónico, que le viene muy bien; tal vez está en este tipo su verdadera personalidad (antes le vimos un papel cómico al lado de Christian Bach; en Amadeus cargaba con la desventaja, de origen autoral, de tener encima a otro actor más importante, a pesar de ser el suyo el personaje titular). Rafael está ligero, simpático, alegre (gran parte del tiempo); pero tal vez no vaya descaminado quien opine que los papeles pudieron cambiarse, entre Balzaretti y Sánchez Navarro, aunque se falseen un poco las edades señaladas a los hermanos. Tanto Fernando como el hijo de Manolo se ganan una buena carretada de aplausos.

En su parte femenina el reparto resulta un poco cojo. Blanca Guerra es muy linda, y se compenetra muy bien con la ligereza, que de pronto se vuelve angustia, de su recién divorciada y recién casada; pero Martha Resnikoff queda un poco por debajo de sus tres compañeros, como con una experiencia menor, o una personalidad menos acusada.

Es buena y correcta, sin ser brillante, la ambientación de Ariel Blanco. La pieza se merece un claro y prolongado éxito. Y tuvimos la impresión de que desde sus primeros días lo está obteniendo, en el Polyforum Siqueiros.