FICHA TÉCNICA



Título obra Rosa de dos aromas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Mercedes de la Cruz

Elenco Gina Morett, Ana Bertha Espín

Espacios teatrales Teatro Coyoacán

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Rosa de dos aromas de Emilio Carballido, dirige Mercedes de la Cruz]”, en Siempre!, 6 agosto 1986.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   6 de agosto de 1986

Columna Teatro

Rosa de dos aromas de Emilio Carballido, dirige Mercedes de la Cruz

Rafael Solana

Es muy bello el póster que se ha hecho para anunciar la comedia Rosa de dos aromas, con la que se reabre el teatro de Coyoacán(1), que el SAI puso en manos de su nueva propietaria y administradora, la Sociedad General de Escritores de México, que lo ha limpiado, remozado, repintado, iluminado, y convertido en un estuches uno de los teatros más pequeños, pero también de los más acogedores y agradables de México; pero tiene, el póster al que nos referimos, un defecto; en él aparece con letras de la cuarta magnitud el nombre que debiera figurar como el más destacado, pues es el más atractivo: el autor, Emilio Carballido, que es quien llevará la gente, y que tiene la mayor importancia. Carballido vino desde París para asistir al estreno de su pieza, que significa un nuevo éxito y es una nueva prueba de su maestría y de su gracia; superior a Orinoco que es del mismo corte y está hecha con iguales elementos, es Rosa de dos aromas una comedia llena de gracia, de amenidad, de buen humor, de sal, que afirma el prestigio de su autor, como casi siempre ha ocurrido con cada nuevo estreno del veracruzano.

Dos libertades, principales, han contribuido a dar auge al teatro mexicano, que se encuentra hoy entre los mejores del mundo lo mismo por la cantidad que por la calidad de los espectáculos y de los locales: una ha sido la de precios de entrada, sólo muy recientemente concedida, y a la que por mucho tiempo se resistieron las autoridades, en otro tiempo tiránicas en el mantenimiento de unos que ahogaban a las empresas y les cortaban las alas; la otra es la supresión de una obsoleta censura, en materia temática y léxica, Los autores respiran mejor cuando no se les coarta; todavía antes del estreno de Rosa de dos aromas se suscitó cierta oposición a su vocabulario, que es sumamente lépero; pero ese escollo fue vencido, y la obra ha sido llevada a la escena con el idioma en que su alvaradeño (honorario) autor la escribió; las risas, que en tiempos de Muñoz Seca se arrancaban con juegos de palabras, retruécanos, y más tarde con chistes, gags, hasta llegar en México a los albures, de un tiempo a esta parte está de moda provocarlas con la emisión de las palabras que eran llamadas gruesas, y que no se podían ni imprimir ni pronunciar sin escándalo. Llegó a bastar que una persona en quien eso no se esperaba pronunciara una de esas palabras para provocar risas reflejas: Sara García en Mecánica nacional, Fernando Soler en El gran perro muerto, Rosa María Moreno en Orinoco, Isabela Corona en Jano es una muchacha.

Se diría que Carballido, en su nueva obra, abusa (lo hizo en Orinoco también)(2); pero como el efecto se logra; y el público mantiene su hilaridad, démonos por bien servidos; a cambio de este abuso, Emilio ha renunciado a los chistes, a los calambures. Ha alargado un paso de comedia, de breve anécdota, tan corta como un chascarrillo, hasta hacer un espectáculo de la duración normal de los teatrales, a base de la frescura y la gracia de sus diálogos de sainete, que ponen la pieza a la altura de lo mejor en ese género, y por lo mejor entendemos otras del mismo Carballido y una de Víctor Hugo Rascón Banda, que es Manos arriba, aunque también Cómo pasar matemáticas sin problema; ahora sí puede hablarse de "comedia mexicana", pues ya tenemos autores estupendos, y un tipo característico y de mucho éxito.

Alguna vez recurre en esta pieza su autor al monólogo, recurso un poco tramposo; pero Carballido es autor de algunos de los mejores monólogos de México y del mundo, y no se le puede tomar a mal; en otras ocasiones sus personajes únicos hablan con interlocutores a los que no vemos, o por teléfono o directamente; de nuevo, como hizo en Orinoco, consigue Carballido con solamente dos actrices llenar una comedia (Luis Zapata lo hizo con De pétalos perennes, y también el autor de Buenas noches mamá); el primer cuadro es tal vez el mejor logrado, aunque es igualmente eficaz, en cuanto a arrancar risas, el de la borrachera; Mercedes de la Cruz, quien se integra a Carballido hasta parecer una sola persona, ha dirigido a los artistas con la mayor vivacidad; tiene que soportar el que la agilidad se interrumpa momentáneamente, porque han de reflexionar o entristecerse los personajes; pero ha colaborado la magnífica directora en dar colorido y gracia a los diálogos; para estrenar esta obra se había pensado en otras actrices (María Rojo y Lucía Guilmáin); hemos de decir que no nos resulta posible imaginar que nadie hubiera podido estar mejor en los papeles que Gina Morett y Ana Bertha Espín; la segunda de ellas, a quien recordábamos tan esbelta y delgadita que se le podía confundir con Rosa María Bianchi o con Rebeca Jones, para no decir con Julieta Egurrola, nos aparece ahora algo maciza ya, en un estilo como Lucha Villa, a la otra la teníamos presente en el papel de Emilio Zapata en Angeles y querubines y otra pelícuta de Corkidi, y no en Lucrecia Borgia, de Jodorowsky, donde a quien vimos fue a Kitty de Hoyos; ambas están llenas de gracia y se hacen adorables, en dos papeles que comienzan como muy diferentes, y a quienes un solo sentimiento, el amor, va contribuyendo a mezclar, a confundir; la obra pudo también llamarse Dos rosas con el mismo aroma; pero ya Shakespeare se le había adelantado a Carballido al escoger esas dos flores para algunas de sus tragedias.

Don Fernando del Prado, convertido en paladín del teatro de autores mexicanos, al lado de don José María Fernández Unsaín, que lo es empeñosa y valientemente desde hace tiempo (un argentino y un español encabezan una cruzada nacionalista en la que no se han embarcado empresarios aquí nacidos) se merece un gran éxito, como ya ha tenido algunos; el teatro es comodísimo y con una tibia intimidad que encanta; la obra es magistral y admirable; la dirección es atinadísima; y las dos interpretaciones son soberbias; ¿que más puede pedirse? Una escenografía que, sin ser bella, es práctica; y un mensaje, porque también eso tiene la bella comedia (casi siempre alguno tienen las obras de gran calidad): Carballido esta vez no nada más es un maestro de la técnica teatral, sino un conocedor y un juez de las almas, que las desnuda, las exhibe, y crea en el ánimo de cada espectador, convertido en juez, un sentimiento de aprobación, de humana simpatía, hacia un cierto tipo de conducta y una condenación para otra; una vez más se trata del machismo; pero hay enorme novedad en la manera de plantearlo, de examinarlo, y, finalmente de castigarlo. No estamos nada más frente a un gran arquitecto de piezas teatrales, sino delante de un psicólogo penetrante, y de un juez justo.


Notas

1. El 19 de julio. Giovanna Recchia. Por un museo de las artes escénicas. Proyecto de investigación en proceso. CITRU, INBA, 1997.
2. La crónica respectiva con fecha del 2 de marzo de 1983 que se incluye en este volumen.