FICHA TÉCNICA



Título obra María Santísima

Autoría Armando García

Dirección Luis de Tavira

Iluminación Gabriel Pascal

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro el Galeón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [María Santísima de Armando García, dirige Luis de Tavira]”, en Siempre!, 30 julio 1986.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   30 de julio de 1986

Columna Teatro

María Santísima de Armando García, dirige Luis de Tavira

Rafael Solana

Al relatar una elegante reunión que en su honor ofreció la sociedad de la ciudad de Milán, decía Napoleón que, desgraciadamente, "degeneró en concierto". Esta despectiva expresión indigna a los melómanos, y no dudamos de que habrá también quien se escandalice si afirmamos que la estupenda Compañía Nacional de Teatro, la mejor compañía dramática que jamás haya habido en México, y cuya creación es una de las inmarcesibles glorias de José Solé (y también de Héctor Azar) ha "degenerado" en Centro de Experimentación Teatral del INBA; algo probablemente más barato, pero también más chico, si bien sus ambiciones son mayúsculas, aunque no estén en debida correspondencia con sus realizaciones; hablando en términos futbolísticos, que ahora ya todo el mundo entiende, podríamos decir que este Centro de Experimentación es la segunda división de una liga en que la CNT era la primera. Todo se ha empequeñecido, acorrientado, abaratado, aunque es prestigiosa la bandera de la lucha por la novedad, y en esa noble batalla se baten como héroes generales tan valientes como Luis de Tavira, o Julio Castillo, que es el único que francamente ha ganado una batalla. Es interesante empollar ideas de montaje teatral, algunas de las cuales podrían con el tiempo convertirse en adquisiciones viables; pero la antigua (y, por lo visto, desaparecida, o al menos desahuciada) CNT no calentaba huevos, sino ofrecía ante los ojos de sus espectadores realidades espléndidas. "Gallina vieja hace buen caldo". Vejestorios eran Juan Ruiz de Alarcón, Ben Jonson, George Bernard Shaw, Ramón del Valle Inclán y otros autores, y tal vez también de antigüallas puedan ser calificados artistas ya no tiernitos, como Benedico, Virginia Manzano, Yolanda Mérida, Carlos Ancira o Germán Robles; pero todos eran de primera división, de categoría suprema; y lo eran sus directores; hoy colgamos de un clavo lo ya hecho, lo ya grande, y ponemos toda nuestra atención en soplar sobre una lumbrita joven, a ver si logramos que sus chispas se conviertan en llamas.

De tres obras que llevamos vistas a este centro experimental, sólo una, De película(1), nos ha convencido plenamente, y nos pareció encontrar lo que buscaba, traer aires no sólo nuevos, sino también buenos, a nuestro teatro; las otras dos nos dan la impresión (y creemos que también a una buena parte del público) de pólvora gastada en infiernitos. Las posturas en escena de Grande y pequeño(2) y de María Santísima tal vez pueden ser consideradas ahorrativas, aunque posiblemente sean tan costosas o casi como las de La verdad sospechosa o Luces de bohemia; en el reparto no vemos figuras (hay una en los programas, Julieta Egurrola, cuyo nombre ya tiene aureola; pero no llegamos a identificarla). No quiere esto decir que no nos parezcan excelentes otras personas, como Lourdes Villarreal y Virginia Valdivieso; pero sí que tienen papeles de escaso lucimiento; y también otras artistas del numeroso reparto, que incluye a una actriz tan prestigiosa como Brígida Alexander, lamentablemente desperdiciada.

No hemos acabado de entender (tal vez lo consigamos alguna vez) cuál es la clara diferencia entre "puesta en escena" y "movimiento escénico", que se atribuyen a dos personas distintas, cuando podría parecernos que son solamente dos renglones, o tal vez ni siquiera eso, de lo que estábamos acostumbrados a llamar "dirección”. Y la dirección abarcaba también, en nuestro concepto tradicional, las luces, que esta vez tienen un responsable particular (Gabriel Pascal), quien mucho se luce. Pero, entonces, ¡¿cuáles son los "efectos especiales" que puso Alejandro Camarena? Los de mayor importancia nos parecieron los lumínicos, aunque la tienen también los humosos. Uno de estos efectos, consistentes en deslumbrar y molestar al público, ya lo había probado Luis de Tavira en Novedad de la patria; el verbo deslumbrar tiene dos acepciones, y de ellas la segunda es más deseable que la primera y más textual.

Todo esto para decir, lo menos crudamente posible, que no nos ha gustado María Santísima(3), con qué gusto habríamos dado la bienvenida entre los jóvenes autores (los hay valiosísimos) a Armando García; pero no llegamos a darnos cuenta con nitidez de en qué consiste su obra, cuyo texto no pudimos seguir con claridad entre tantos balazos, carreras, saltos, brincos, patadas. Tal vez si leyéramos la pieza nos podríamos acercar más a su texto (que nos pareció breve), aunque la representación es larguísima, a causa del ritmo extremadamente moroso que alguien (¿Tavira? ¿Marcela Aguilar?) le impuso, casi con el propósito de convertir la representación en una sucesión de cuadros plásticos, que son al verdadero teatro lo que las placas de anuncios, fijas, que se pasaban en los intermedios de los cines de antaño, eran a las películas.

Pero no queremos desanimar a nadie. Hay quien prefiere un huevo a un pollo, y una valiente búsqueda a una feliz encuéntreda [sic]. Aquellos que creen que la novedad es lo más deseable en el arte (los mismos a quienes hemos oído decir que Shakespeare, o Lope de Vega, o Molière, "no aportan") van a apantallarse con el ritmo funeral, con las sorpresas luminosas y con los disparos de una pieza de sabor tan mexicano como un ballet de Amalia o un calendario de Helguera. Lo mejor es que vaya mucha gente a verla, y que se produzca diversidad de opiniones.


Notas

1.Véase la crónica respectiva del 26 de marzo de 1986 que se incluye en este volumen.
2. Idem.6 de noviembre de 1985.
3. Estrenada el 10 de julio en el teatro del Galeón. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.