FICHA TÉCNICA



Título obra Loco amor

Autoría Sam Shepard

Dirección José Caballero

Elenco Angélica Aragón, Carlos Mendoza, Miguel Ángel Ferriz

Espacios teatrales Teatro Libanés

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Loco amor de Sam Shepard, dirige José Caballero]”, en Siempre!, 18 junio 1986.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   18 de junio de 1986

Columna Teatro

Loco amor de Sam Shepard, dirige José Caballero

Rafael Solana

Una obra tremendista, de violencia, de brusquedad, con golpes, empujones, muchos gritos o lenguaje fuerte, ha sido estrenada en el comodísimo teatro Libanés, uno de los más bellos de México. Con esta pieza se cambiará por completo el género apuntado por la primera, que fue una comedia cómica, agradable y poco trascendente; ahora damos el salto del astrakán blanchesco al grand guignol argüellano; mutaciones tan desconcertantes no son el mejor camino para acreditar una sala nueva e irle formando una clientela; pero el Libanés, recién estrenado, todavía no forma la suya, y es válido hacer toda clase de pruebas mientras la encuentra.

Juan Tovar ha puesto el título, bastante vago, de Loco Amor, lo que puede ir desde la novela rosa hasta donde usted quiera, a la pieza en un acto, de Sam Shepard, uno de los más jóvenes dramaturgos norteamericanos Fool for Love (en película se llamó París, Texas). Se trata de una construcción hábil, pero tramposa, efectista, con golpes teatrales y un clima tenso, pero falta de toda ternura, de verdad psicológica en sus pocos personajes, amañados todos para hacer impresión; uno de ellos es un bobo, exagerada caricatura de un simplón texano; otro es un camionero rudo como luchador libre, y de perfiles huguescos (no hablo de Víctor Hugo, sino de sus dos tocayos mexicanos). Dos obras que hemos visto recientemente vinieron a nuestra memoria: La visita de la bestia, por su léxico y por el personaje que hace Miguel Ángel Ferriz, y El jardín de las delicias por su diálogo airado en un hotelucho. En fin, la obra nos pareció de corto vuelo, aunque manufacturada con pericia. La dirección, de José Caballero, adecuada, sin primores. Lo mejor que encontramos estuvo en las interpretaciones.

Una amable sorpresa nos dio Angélica Aragón, a quien nunca habíamos visto en teatro, que recordemos. Es más bella que en la televisión, que la hacía un tanto cachetona; aunque no saca maquillaje alguno, luce juventud y un físico muy agradable; demuestra, además, temperamento, y profesionalismo. Tiene su papel muy bien hecho, muy cuajado, y si hay en él poca carne humana, culpa es del dramaturgo, no de la actriz. En cuanto a Miguel Ángel Ferriz, está excelente, vigoroso, energético, aunque añade poco a poco la interpretación que no hace mucho hizo de un personaje muy parecido. Ya pisa fuerte en la escena este joven artista, muy estudioso y aprovechado.

A Carlos Mendoza ya lo habíamos visto, pero en papeles pequeños; el que ahora hace, más de bobalicón que de ingenuo, no presenta dificultad alguna; entra como una tromba, y pronto se convierte en un trozo de melcocha; está simpático sin exagerar; en cuanto al cuarto papel, nos llevamos la sorpresa, la noche que fuimos al Libanés, de que no lo haría Patricio Castillo, el actor anunciado, si no, por enfermedad, le sustituiría... Héctor Bonilla. Encontramos un gesto muy bello, muy noble, el de Héctor, actor consagrado, primerísima figura de nuestro teatro, al acceder a una sustitución repentina, en un personaje que no es el capital de una obra; por supuesto, lo sacó brillantísimamente, sin denotar inseguridad alguna en la memorización del texto, de las entonaciones o de los movimientos. Doblemente aplaudimos a Bonilla, por su buen trabajo, y por su gesto de compañerismo y su ausencia de soberbia al presentarse para suplir al "Pato". Tuvimos la impresión de que el público quedaba satisfecho (pero no entusiasmado) con la pieza y efectivamente se trata de un espectáculo muy profesional y muy digno.