FICHA TÉCNICA



Título obra Jardín de invierno

Autoría Julieta Campos

Dirección Julieta Campos

Elenco Betty Sheridan

Escenografía Guillermo Barclay

Espacios teatrales Teatro Wilberto Cantón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Jardín de invierno de Julieta Campos]”, en Siempre!, 26 febrero 1986.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   26 de febrero de 1986

Columna Teatro

Jardín de invierno de Julieta Campos

Rafael Solana

La experiencia, madre de tanta sabiduría, nos enseña, entre muchas interesantes cosas, a... no fiarnos de la experiencia; haremos mal en deducir por un procedimiento lógico, de que alguna cosa haya pasado una y otra vez de cierta manera, que siempre deba de suceder así, y que haya nexos irrompibles de causalidad entre fenómenos observados; alguna vez, en efecto, se tratará de efectos consecuencia de causas; pero otras, y será difícil distinguirlo, de meras coincidencias. Todavía en tiempos de fray Benito Jerónimo Feyjóo se creía, como en una verdad científica, en la producción espontánea de ratones con dejar durante cierto tiempo en un rincón ropa sucia; luego vino a verse que si bien los ratones repetidamente aparecían con la aplicación de esa receta, no se había descubierto la forma de crear vida, sino se trataba sólo de hechos observados y aparentemente infalibles; pero no de una consecuencia necesaria. Y así se crearon muchas supersticiones, y se basaron en errores burdos no pocas ciencias; que el cometa Halley traía calamidades, se creyó durante siglos; todas las que actualmente tenemos, ya las teníamos desde antes del regreso de ese caprichoso cuerpo celeste.

Nos creeríamos inclinados a la deducción de que una de las más eficaces causas de la tos son las escenografías blancas. Nunca en el pasado habíamos escuchado más toses en una sala teatral que la noche del estreno de La dama de las camelias, en la Chopin, con Pina Pellicer en el papel estelar; se dijo que el escenógrafo había situado la acción en cuartos de baño, que suelen ser lugares fríos y húmedos, y que el recuerdo de esos sitios provocaban las reacciones bronquiales sumamente sonoras que hicieron aquella representación inolvidable. Sin embargo, podemos estar seguros de que no iba vestida de blanco la Orquesta Sinfónica de cierta ciudad de Estados Unidos cuando al final del concierto el director, Eugene Goosens, se dirigió al público con estas palabras; "Nos despedimos por ahora de ustedes, pues vamos al Japón en una gira de seis meses; confío en que a nuestro regreso habrán mejorado ustedes de su resfrío".

La relación posible entre tos y escenografía blanca se nos ha ocurrido porque otra tempestad de toses, parecida a aquella de hace años en la Sala Chopin, resonó en el teatro Wilberto Cantón la noche del estreno de Jardín de invierno, obra cuyo título contiene una palabra íntimamente relacionada con la bronquitis, y que viene a estrenarse en un febrero helado y particularmente griposo. Algunos de nosotros estornudamos al leer en Xavier Villaurrutia el escalofriante endecasílabo "sábana nieve de hospital invierno". Otros proyectamos llevar al teatro bufandas cuando Pilar Pellicer, que en el escenario estará muy empielada, estrene El león en invierno, para lo que ya parece faltar poco. Todos, o casi todos, tosimos, mientras estuvimos despiertos, en el estreno de la obra de doña Julieta Campos, notable traductora de la casa Fondo de Cultura Económica, y novelista cuyos volúmenes nos proponemos cambiar de la sección de la narrativa cubana, en la que hasta ahora los habíamos puesto, a la de las autoras mexicanas, que es la nueva nacionalidad que ella ha adquirido. La escena, preparada por Guillermo Barclay, era blanquísima, y "una luz cegadora" subrayaba esa nívea tonalidad. Al final comenzaría a nevar en el escenario; pero ya entonces todos tosíamos menos, autorizados por Irma Lozano para prepararnos a abandonar nuestros asientos.

No, nos negamos a admitir como posible que el color de unos muebles, un mantel, unas pantuflas y cuatro trajes puedan provocar en los bronquios de 400 espectadores efectos de tos, por mucho que el blanco sugiera hielo, enfermería, polo, etcétera. El sueño tal vez sí podría explicarse por esa ausencia de color, esa uniformidad hipnótica; pero no el resfrío. Esperemos a volver a ver esta obra en mayo, y es seguro que ya no toseremos tanto. La temperatura habrá sido la causa de la tos. O el esfuerzo que se hace para escuchar algo susurrado en voz baja, tono que frecuentemente fue el usado por la actriz Betty Sheridan; en los conciertos tampoco se tose a la hora de los tamborazos, sino a la de los pianísimos; y en las conferencias, cuando no se escucha con claridad al ponente.