FICHA TÉCNICA



Título obra El milagro

Autoría Felipe Santander

Dirección Felipe Santander

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El milagro de Felipe Santander]”, en Siempre!, 14 agosto 1985.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   14 de agosto de 1985

Columna Teatro

El milagro de Felipe Santander

Rafael Solana

Nadie debe casarse con sus opiniones "hasta que las muerte nos separe". Ni siquiera asuntos científicos, como, por ejemplo, la medicina; ya ven ustedes que un día se pone de moda recetar para todo cortisona, una droga que hace milagros, pero a la que pocos años después hay que execrar, porque los males que provoca sonsuperiores a los bienes que atrae. Muchísimo menos en materia en sí misma tan volandera y tan voluble como la crítica artística, en que nada hay más honrado que reconocer errores e incurrir en contradicciones. Si alguna vez dijimos, porque sinceramente lo creíamos, que una obra teatral gana con que la dirija una persona diferente de la que la escribió, nos vemos hoy en el caso de afirmar, acerca de una de ellas, redondamente lo contrario. Nos gustó muchísimo, cuando la leímos, la obra de Felipe Santander El milagro(1) (ahora se le ha agregado a ese título una conjunción que no necesitaba); pero cuando la hemos visto representada, bajo la dirección de su propio autor, nos ha parecido que subía tanto, que se agigantaba en tal forma, que pensamos que nadie habría podido identificarse con ella y hacerle brillar como su propio padre. Si damos ya casi por seguro (siempre puede surgir una sorpresa) que ganará el premio "Ruiz de Alarcón" de este año, para la mejor obra de autor nacional, pensamos que no sería nada injusto el que también figurase Santander en la terna de los mejores directores, pues ha hecho con su pieza verdaderamente un milagro estético, algo en lo que el más exigente no podría encontrar una debilidad, mientras los aciertos, en cambio, saltan tan pluralmente como las sardinas en un cardumen.

Creen algunos que la mejor obra de Felipe es El extensionista, porque ha tenido miles y miles de representaciones. A nosotros ese dato no nos apabulla, pues el número es algo a lo que no rendimos un ciego culto: Mejor nos ha parecido Los dos hermanos, que todavía no se ha representado tantísimas veces; y ahora damos la palma, en la trilogía, a Y, el milagro, que es la más perfectamente construida (El extensionista no tiene final, y El milagro sí lo tiene sorpresivo y magnífico). Pero, sobre todo, lo que vemos en una comparación entre las tres piezas, es lo mucho que hace lucir a la última el estar representada no por un animoso grupo de estudiantes, sino por la mejor compañía que se ha visto en México, y que con esta pieza regresa al esplendor que mostró en sus iniciales La verdad sospechosa y Luces de bohemia y que poco a poco había ido perdiendo, con la deserción de muchos de sus elementos humanos. Para dirigir su obra no ha pedido Santander millones, como los que la Universidad gasta a veces por 50 representaciones ante 50 espectadorescada una. Como hizo el cine neorrealista italiano, ha suplido con ingenio la falta de costosos decorados o de ropajes suntuosos; hay mucha comparsería en su amplio reparto; pero a la media docena de papeles principales han ido artistas de gran categoría, que los hacen admirablemente. Cuando leímos la pieza no nos pareció el papel de la criada (Margarita) tan sobresaliente como lo vemos en manos de Blanca Torres, que le saca un partido comparable con el que doña Amalia Sánchez Ariño y doña Prudencia Griffell sacaban a las criadas lorquianas (pronto veremos en una de ellas a Alicia Montoya); y para el personaje principal se llamó a un artista enorme, que sorteó todos sus escollos (lo considerábamos un papel muy peligroso), a Farnesio de Bernal, que ademásde haber sido un bailarín muy notable tiene también en su historia papeles teatrales como el loro en Un drama pop y el de Biedermeier en Los incendiarios, o cinematográficos como el del presidente en El rapaz. Pero la cumbre de su carrera teatral será este humanísimo guerrillero, que es un carácter trágico de tal manera hecho con finura que tiene siempre al público con la sonrisa en los labios, sinincurrir jamás, ni remotamente, en payasada alguna que pudiera afearlo. Si no tuviéramos ya en este año a la reina Isabel de Claudio Obregón, Farnesio seríaun estupendo candidato (de todos modos creemos que vaya a la terna) para el premio al mejor actor del año.

Pero si soberbios están Farnesio y Blanca, no podemos descuidar el trabajo de Miguel Córcega, que no resbaló hacia ninguna obviedad en su villano, otro papel tremendamente riesgoso, y que ha sabido Córcega mantener dentro de los límites del buen gusto. Baste la mención de sus nombres para dar a entender lo bien que llenan sus papeles, grande el del primero de ellos, pequeños, pero redondamente sacados los demás, otros artistas del rico reparto: Eduardo Ocaña, Mónica Serna, Carmen Delgado, Carmen Sagredo, Oscar Narváez, Miguel Maciá.

Como las principales suyas (lejos ha quedado el tiempo de la divertida y frívola Luna de miel para diez) (2) esta tercera de la gran trilogía de Felipe Santander es una obra combativa, acusadora, polémica, de denuncia y de agitación; pero tiene todas estas características en medida de virtudes, no de estorbos que obstruyan su grandeza artística, de estupenda obra del arte del teatro, interesantísima en su aspecto estético tanto o más que en el político. Hace pensar, yhace sentir. Es una obra maestra, que no debería dejar de conocer nadie, sobre todo entre los aficionados al arte grande. Con ella vuelve la Compañía Nacional de Teatro a su grandeza original, y la escena mexicana alcanza una de sus más altas cúspides.


Notas

1. La obra se estrenó el 12 de julio en el teatro Julio Jiménez Rueda. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Cuya crónica del 20 de enero de 1960 se incluye en este volumen.