FICHA TÉCNICA



Título obra Águila o sol

Autoría Sabina Berman

Dirección Abraham Oceransky

Elenco Gustavo Esaú, Ignacio Casas, Eduardo Gutiérrez, Julia del Solar, Jorge Romo, Alejandro Reyes, Fernando Luna

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Águila o sol de Sabina Berman, dirige Abraham Oceransky]”, en Siempre!, 22 mayo 1985.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   22 de mayo de 1985

Columna Teatro

Águila o sol de Sabina Berman, dirige Abraham Oceransky

Rafael Solana

Entre la copiosa y muy valiosa tropilla que forma las avanzadas de la nueva dramaturgia mexicana (sexagenarios y aun septuagenarios han llegado ya a ser los que un día se llamaron "jóvenes autores") figuran algunas autoras: Olga Harmonypor ejemplo, que ya ha sido premiada por sus compañeros críticos; o Marcela del Río; o, quizás tan joven, Maruxa Vilalta; pero la más constante es Sabina Berman, que nunca deja pasar mucho tiempo sin ofrecernos alguna obra nueva; del estreno de Herejía, no hace mucho, y menos hace de la reposición de Bill, y sigue apareciendo como inminente(eso quiere decir pendiente, que pende sobre nuestras cabezas, como "inminente luna" en un verso de Horacio) su Rompecabezas, que si todavía no hemos visto ha sido a causa de las dificultades con que su costoso montaje reta no digamos al director, sino al posible empresario. Mientras ese estreno llega, que llegará, Sabina nos ofrece una obra más, esta es breve y poco bromosa: Águila o sol, que ha bajado (en otros locales se dice subido) al escenario del Foro Isabelino, o Tecolote, o CLETA, o Eco, que de muchas maneras suele y puede llamarse.

Con Águila o sol la señora Berman nos ofrece una teatralización de la Visión de los vencidos, en la que el sabio doctor Miguel León Portilla recogió trozos de crónicas de la conquista de México no desde el punto de vista de los conquistadores (Cortés, BernalDíaz, etcétera) sino desde el de los conquistados; escuchamos en el texto aglutinado por Sabina citas que nos resultan conocidas, de versos tenochtitlanos; o tescocanos, que el propio León Portilla, o el padre Ángel María Garibay, han difundido.

La epopeya de la Conquista tentó ya antes a muchos dramaturgos, mexicanos o extranjeros; vienen a nuestra memoria don Joaquín Méndez Rivas, Celestino Gorostiza, dos veces Sergio Magaña, Salvador Novo otras dos, Emilio Carballido, Homero Aridjis, Willebaldo López, Jesús Sotelo Inclán, y la lista podría alargarse. Sabina Berman ha intentado una síntesis, de menos de una hora de representación, en que combinado elementos diversos, y aun disímiles; su director de siempre, Abraham Oceransky, también mezcló estilos en la dirección, en que usa de recursos japoneses y chinos, sin hacerlos desentonar. Podrá la obra, cuya postura en escena requiere poco personal, casi ninguna escenografía, ninguna, y escasa ropa ("las únicas plumas las usa Cortés", nos anunció la autora) ser llevada, sin graves problemas, a escuelas, patios, reclusorios, atrios, canchas de basquetbol, lo que la hace muy recomendable. A todas partes podrá ir... menos a Tlaxcala. Esta antigua nación, hoy un pujante estado, resulta severa y tal vez injustamente tratada; el criterio de la autora no resulta indigenista, o mexicanista, sino tenochca, aztequista; por nuestra patria actualmente entendemos no nada más la isla "ombligo de la luna" en que se paró el águila sobre un nopal, sino también sus alrededores, hasta ambos mares; tan antepasados nuestros son (podemos considerar) los tlaxcaltecas, los chichimecas, los toltecas, los tarascos, los olmecas, los mayas, como los habitantes del islote, que eran enemigos de sus vecinos tepanecas, chalcas o xochimilcas; pero también el México actual es producto no nada más de una fusión de todas aquellas tribus aborígenes, sino de los españoles que con ellas revolvieron su sangre tan nuestro abuelo es Cortés como Moctezuma y es parcial ponerse solamente de parte del uno y no del otro. Sabina nos pinta a un Xocoyotzin guapo, esbelto, melancólico y sufrido, con él debemos simpatizar (el artista que lo interpreta es Gustavo Esaú), ya un Cortés, en cambio (lo personifica el actor Ignacio Casas) chaparro, torcido y brusco, una repetición teatral de caricatura, exageradísima, que de él hizo Diego Rivera en algunos muros; no aparece menos Eduardo Gutiérrez como Pedro de Alvarado; Julia del Solar, la única mujer en el reparto obras cortesianas, sino una mujer del pueblo, sin personalidad propia; Jorge Romo, Alejandro Reyes, Fernando Luna, cubren varios papeles, desde los de músicos o remeros hasta los de embajadores, espías, relatores; todos están movidos por Oceransky con habilidad y con agilidad; particularmente nos impresionó por su belleza plástica la escena de una caballero tigre, que imita con suma gracia movimientos felinos.

Ni un momento aburre la pieza (lo hacen con frecuencia las históricas), quizá por su brevedad, o por su poesía, o por el constante movimiento de sus personajes. Hace pensar, y aunque tal vez equivoque o despiste a los niños de edad escolar ante los que se represente (no es por completo una obra para niños) algo hará pensar a los espectadores, les motivará estimaciones, unas en favor, otras en contra. Puede considerarla su autora como obra bien lograda en sus propósitos, y hecha con profesionalismo; en cuanto a la dirección, abunda en aciertos, a pesar de semejar por momentos un mosaico de estilos. Los artistas cumplen muy decorosamente con las diversas partesque les fueron repartidas. Puede Águila o sol recomendarse como teatro interesante y de mérito.