FICHA TÉCNICA



Título obra La Perricholi

Autoría Próspero Mérimée

Dirección Marta Luna

Elenco Rosenda Monteros, Rubén Rojo, Daniel Salazar, Salvador Jaramillo

Música Luis Rivero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La Perricholi de Próspero Merimmé, dirige Marta Luna]”, en Siempre!, 24 abril 1985.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   24 de abil de 1985

Columna Teatro

La Perricholi de Próspero Merimmé, dirige Marta Luna

Rafael Solana

Bello sujeto la historia de Micaela Vargas, "La Perricholi", o la "La perra chola", que Próspero Merimmé encontró probablemente en alguna historia del Perú virreinal (no en don Ricardo Palma, cuyas Tradiciones peruanas, que la contienen a ella y también al virrey don Manuel Amat, comenzaron a publicarse dos años después de la muerte de Merimée); con ese asunto hizo el autor de Carmen una bella comedia: La carroza del Santísimo, que Álvaro Aráuz casi recreó al traducirla, hace unos años, para su estreno en nuestro teatro del Granero(1). Conservábamos la idea de que algún compositor francés hizo una ópera con este tema y ese nombre, La Perricholi, o un ballet, a fines delsiglo pasado; no hemos podido comprobarlo; más seguro es que algún español haya hecho una zarzuela, que Nati Mistral estrenó en Madrid allá por los años sesenta. No conforme con haber triunfado en la comedia cuando aquí se estrenó, Rosenda Monteros se ha movido para convertir lacomediade Merimée-Aráuz en lo que hoy se llama "comedia musical", pero cuyo nombre correcto sería zarzuela; escribió la música Luis Rivero, muchas veces premiado por los críticos, y enriqueció la producción Miguel Sabido, al agregar coristas y músicos a los siete personajes originales de la pieza; Guillermo Barclay la vistió muy vistosamente, y Marta Luna la dirigió en varios tonos, que van desde la opereta hasta la farsa como de títeres, según los personajes. El resultado es un espectáculo muy bello, y que recomendamos ampliamente.

Tendríamos que hacer, sin embargo, algunos comentarios; al revés de lo que es más frecuente; que nos quejemos de la excesiva longitud de las obras (El pozo de la soledad y La pareja dispareja, por poner dos ejemplos que están en cartel) esta vez lamentamos su brevedad; 11 cuartos de hora son muchos; pero cinco solamente son pocos. Sabido, que tiene talento creador, literario, además del empresarial, podría alargar la representación un poco, decorando la descripción de la corrida de toros (como hizo García Lorca en Mariana Pineda) o la del vuelco de la carroza de la marquesa, o valerse de algún otro recurso, inclusive un entremés bailado, o unas tonadillas. Luego, ya que se ha gastado tanto dinero en ropa, podría echársele una pequeña cifra más a esa cuenta para que llegásemos alguna vez a ver al virrey vestido, y no siempre en mangas de camisa (le vendría bien una lujosa casaca, por ejemplo, para recibir al obispo), y la protagonistay titular de la pieza podría lucir un segundo atuendo, ahora que ya la obra tiene dos actos; su vestido único es estupendo, hasta los zapatos y las medias; pero es poco un solo traje para una estrella; se habla de una tela carmesí... ¿por qué no hacerle a Rosenda un segundo vestido, de ese color, que fuera tan teatral y tan llamativo como el que hasta ahora es el único que usa?

Lo que menos nos gustó de la obra fue la música. Rivero tiene talento; pero por lo visto no siempre lo usa. Su composición esta vez es una combinación poco afortunada de folclore peruano (que en Lima no aceptaría el público) y zarzuela española, que nos hizo pensar en lo bien que habrá estado Nati Mistral (hace 20 años) en este papel, cómo habría podido hacerlo (también en aquel tiempo) Carmen Sevilla (u otras bellas y jóvenes tonadilleras españolas). Es verdad que Rosenda Monteros canta poco (tampoco María Conesa cantaba mucho), pero lo que hace en este renglón, y lo que baila, resultan lo bastante para el caso. Sigue viéndose guapa y juvenil, aunque un poco menos que hace tres sexenios (menos joven; guapa, igual); ahora se parece un poco a Lilia Prado, que es una michoacana hermosísima (y no ha de ir mucha diferencia entre quéchua y purépecha). Se le sigue creyendo lo de "columna de canela", igual que hace dos decenios.

Grave responsabilidad para Rubén Rojo el hacer un papel que hizo, como si hubiera sido escrito especialmente para él, don José Baviera; originalmente se había pensado en Luis Gimeno, que no pudo abandonar Hotel Paradiso, para este personaje, que es uno de los que ha puesto en farsa la directora (como los de los secretarios y los criados); la verdad es que está Rubén muy cómico y sumamente simpático, aunque un poco maquillado por demás, como les ocurre a otros personajes (sobre todo a algunas coristas). Otro que triunfa plenamente en su caricaturesco papel, y que deja al público encantado, es Daniel Salazar; en cambio a Salvador Jaramillo lo vimos un poco incómodo en un papel que estrenó Pepe Solé, que le daba mayor brillo. Los criados están jugados como dos marionetas, y Eduardo Broka se conforma con verse voluminoso en el breve papel de obispo, que Marta Luna concibió enuna forma muy diferente de como lo habíamos imaginado.

Hay música de escena, canto, baile, movimiento constante, colorido espectacular, gracias yalegría; con pocos retoques (y hasta sin ellos) la obra debe convertirse en un éxito, a medida que se corra la voz del amable rato que hace pasar, de los vistosos que son la decoración única y los también únicos trajes, y que recuerde el público que ya lo vio, y hace que sepa de ello el que no la ha visto, el ingenio, la frescura y la agilidad de la encantadora pieza, con la que ampliamente refresca Rosenda Monteros laureles que cosechó hace ya una temporada larga.


Notas

1. Se refiere a la dirigida por Xavier Rojas que se estrenó el 5 de noviembre de 1959 y cuya crónica respectiva con fecha del 18 de noviembre de ese año se incluye en este volumen. Xavier Rojas medio siglo en escena. p. 153.