FICHA TÉCNICA



Título obra Chopin

Autoría Henri Kéroul y Albert Barré

Elenco Emilia Guiú, Carmen Guillén, Dolores Tinoco (Lola), Arriolita, Miguel Manzano, Jorge Mondragón, Alfonso Torres, Rafael Banquells, Emperatriz Carvajal, Elvia Salcedo

Espacios teatrales Teatro Ideal

Productores Carlos Lavergne

Notas de productores Lázaro Lozano García / asesor

Notas Breve historia del vaudeville en México, citando crónicas de la época

Referencia Armando de Maria y Campos, “Olvido y recuerdos del vaudeville en México. Del Chopin de Soledad Álvarez y Amparo de la Garza al de Emilia Guiú”, en Novedades, 4 mayo 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Olvidos y recuerdos del vaudeville en México. Del Chopin de Soledad Álvarez y Amparo de la Garza al de Emilia Guiú

Armando de Maria y Campos

El empresario don Carlos Lavergne, asesorado por el autor Lázaro Lozano García, ha inaugurado en el teatro Ideal –viernes 30 de abril, a las 19.15– una temporada de vaudevilles franceses, iniciándola con la reposición de esa joyita del género que es la pieza de Kéroul y Barré –nombres que, por cierto, omite el programa– Chopin, estrenada en París, en el teatro del Palais Royal, bajo la dirección de Maurice Charlot, en abril de 1907.

Durante largos años el Palais Royal ofreció al público parisiense sendas temporadas de vaudevilles y a su sombra se formaron infinidad de actrices, necesariamente bellas y jóvenes, que "sabían desnudarse" con gracia y frivolidad. La lista con sus nombres sería interminable. En España, en Barcelona, mejor dicho, se impuso con este género una gran actriz que jamás salió de la ciudad Condal, Elvira Jordi. En México abundaron temporadas de esta índole, y una gran actriz italiana, la Reitter, salvó una temporada en el Arbeu estrenando el precioso vaudeville titulado Encárgate de Amelia.

Uno de los más entusiastas cultivadores del género en México, como traductor y empresario, fue don Pepe Díaz Conti, hombre de teatro si los hubo, que hacía viajes a París únicamente para ver obras, traerlas, traducirlas y formar compañías para estrenarlas. Sentía preferencia por el vaudeville, y fueron muchas las temporadas que organizó en el Colón –ahora cine Imperial–, en el Fábregas, en el Lírico... Recuerdo vagamente la que entre los años 12 ó 13 organizó en el Colón, con la entonces famosa tiple cómica Soledad Alvarez, "La Morronga", como principal atracción. Mi edad –¡claro!– me impidió ser testigo de esta temporada. Pero sí recuerdo, de pe a pa, la deliciosa temporada que Carlos Villegas y Benjamín Villanueva organizaron en el teatro Lírico el año 1917, durante la que alcanzó extraordinario éxito de interpretación el vaudeville Chopin que están representando en el Ideal Emilia Guiú, Carmen Guillén, Manzano, Banquells y Arriola.

Lo mejor para evocar con fidelidad aquel estreno el 3 de marzo de 1917 es reproducir la croniquilla que escribí entonces en mi periódico de espectáculos Mefistófeles –10 de marzo–: “Lírico.– Chopin, el vaudeville que vimos hace años por Soledad Alvarez en el Colón –mentía entonces, porque no lo vi– y por el graciosísmo Luis G. Barreiro en el Arbeu –la verdad, no lo recuerdo– fue llevado a la escena del teatro de la calle de Medinas el sábado último. El picante pasatiempo francés fue dirigido empeñosamente y ensayado por el primer actor y director de la compañía Alberto Morales, que interpretó un notario verdaderamente provinciano y lleno de gracia ingenua, e ignorante de la vida complicada y elegante del París moderno. Valentín Asperó hizo su presentación en este teatro con el príncipe polaco enfermo de... no poder amar si no oye tocar trozos de Chopin; pero la nota de picardía y frivolidad la dio la bellísima Amparo de la Garza, con su seductora Paulina. Descocada cuando hablaba con el amigo que la había iniciado por la senda galante, e ingenua, honestísima en las escenas con el notario provinciano que le ofrece su nombre oscuro y un hogar en un rincón tranquilo de Francia. La escena del 3er. acto, durante la que Paulina trata de convencer al notario de su falta de culpabilidad en casa de la señora Marignan, estuvo a punto de convencernos a todos de... que no había pasado nada. Estela Rostand y Malena Navarro, en Diana y Susana respectivamente, muy bellas y coquetas. Nebreda, exagerado; Cervantes, el marido engañado, hecho un energúmeno; Hernández, demasiado confiado, frío. Carlos López –a quien ya se le empezaba a conocer por "El Chafián"– hizo una ayuda de cámara muy aceptable. Lo mejor de lo mejor: Amparo de la Garza, que vistió la obra como sólo ella sabe hacerlo. Lo inolvidable, la ingenua coquetería con que Amparo se despojó del velo, de los azahares, del albo traje de novia".

¡Qué extraordinaria actriz frívola fue Amparo de la Garza!

Aquella temporada que ahora evoco se inició con El favorito de las mujeres, siguió con ¡Infraganti! a la semana siguiente, porque se estrenaba cada sábado, con Chopin, del que se conservó el ejemplar que el traspunte usó, con esta nota: "A reserva de ver su representación, se autoriza, la firma J. Uribe y un sello que dice: Secretaría del Gobierno del Distrito Federal"; luego se repuso Encárgate de Amelia; enseguida, Noche de bodas, con la presentación de otra encantadora actriz y para mí inolvidable amiga: Carmen Bonifant. Siguió la temporada con Las Aventuras de Robinet, Family Hotel, Suerte de...

Como estaba muy entrada la cuaresma, por la tarde se ofrecían al público funciones "familiares" con las mismas actrices que por la noche lucían deshabillés: por ejemplo, El infierno, de Paso y Abati.

El sábado de Gloria de aquel año abundaron las novedades, y la empresa del Lírico se preparó convenientemente para presentar otro picante vaudeville, nuevo en México: eligió El señor Cero de Paul Gavault y Monezy-Eon, también traducido por Pepe Díaz Conti, reforzando la compañía, que siguió dirigiendo don Alberto Morales. Actrices: Amparo de la Garza, Carmen Velasco, Concha Díaz de León, Magdalena Navarro, Ana María Guerrero, Victoria Domínguez y Lydia Soler; actores: Rafael Melgar, Angel Rabanal, José Barba, Pedro Nava, Tomás Nebreda, Federico Palancares, Alfonso Mateos. El señor Cero gustó muchísimo. Fue la última obra de la temporada.

Después, se han hecho otras temporadas de vaudeville con Elisa Asperó y Natalia Ortiz; de aquélla recuerdo una magnífica interpretación de Encárgate de Amelia, y de ésta un Chopin todo finura e intención. Durante largos años hemos carecido de este encantador espectáculo, para el que es indispensable nuevo repertorio, y, sobre todo, actrices bellas y jóvenes, bien torneadas, y que sepan –¡sobre todo!– hablar con intención, gracia y frívolo desenfado. Y... ¡saber desnudarse... sin desnudarse!

En esta nueva versión de Chopin, Emilia Guiú bella catalanita de "cartel" en el cine, hizo la Paulina. Le faltó picardía y no logró entrar en ingenua; su dicción no es clara y tampoco supo entonar la intención de lo que tiene que sugerir más que decir. Muy bella Carmen Guillén en la Diana; sobria Lola Tinoco en la celestina Marignan. De la interpretación de ellos, me gustó mucho la que hace del Notario el excelente actor Arriolita, Manzano en el príncipe, Mondragón en el marido predestinado; Alfonso Torres en el cliente y Banquells en el don Juan por método, completaron esta discreta versión escénica del viejo y muy ingenioso vaudeville de Kéroul y Barré, en el que también lucieron su belleza al lado de las inquietantes de Emilia Guiú y Carmen Guillén, Emperatriz Carvajal y Elvia Salcedo, que tiene por ojos dos luceros robados a una noche cargada de promesas.