FICHA TÉCNICA



Título obra La Orestiada

Autoría Esquilo

Dirección José Solé

Elenco Juan Romanca, Fernando Rubio, Javier Castillo

Notas de vestuario Patricia Marreri y Miguel Alonso Gutiérrez / Máscaras

Grupos y compañías Compañia Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La Orestiada de Esquilo, dirige José Solé]”, en Siempre!, 27 febrero 1985.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   27 de febrero de 1985

Columna Teatro

La Orestiada de Esquilo, dirige José Solé

Rafael Solana

Venimos sosteniendo que en la cuidad de México es ya frecuente ver buenos espectáculos teatrales, a nivel de los buenos de las grandes capitales teatrales del mundo (Londres, París, Nueva York, Buenos Aires, Varsovia); lo buenísimo, ya es algo más raro, aquí como en cualquier otra parte; y con un cierto rigor, que es la actitud que corresponde a un crítico, agregaremos que lo maravilloso se da pocas veces; lo que supere a la perfección, lo que tire de espaldas, o marque una mueva meta. ¿Una vez cada 10 años, posiblemente?

La obra de la década fue en los años cuarentas El sueño de una noche de verano, en Bellas Artes; la de los siguientes 10 años o más fue Mi bella dama, que dirigió Manolo Fábregas; la de los setenta, La verdad sospechosa, con que inició sus actividades la Compañía Nacional de Teatro; pero en los ochenta ya tenemos dos; El vestidor, en que, si todo lo demás (obra, dirección, las otras actuaciones) fue perfecto, la de Ignacio López Tarso superó la perfección. Sin embargo, la que creemos que pasará a la historia como la obra de los años ochenta, la que será recordada por quienes la ven como tope, como non plus ultra, pensamos que será La orestiada, que en el teatro Juan Ruiz de Alarcón, uno de los muchos que aloja el Centro Cultural de nuestra Ciudad Universitaria, ha montado la Universidad, con la colaboración del Instituto Nacional de Bellas Artes en la forma del préstamo de su director teatral José Solé, invitado a dirigir esta obra en aquella casa estudiantil.

Nuestro retardo para ir a verla(1) se explica (tal vez lo mismo ocurrió a muchos) por el fundado temor que nos infundió el saber que la representación dura seis horas. No sería la primera vez que nos pasáramos ese cuarto de jornada en una butaca; hay óperas de Wagner (Parsifal, por ejemplo) que eso duran, y en Tokio hemos visto algún drama del teatro Kabuki, en 41 actos, que duró 10 (come uno en su sitio, con palitos y de una caja de cartón como las que los cinematrografistas llevan a sus locaciones). Al fin nos decidimos a pasar el que temíamos fuese un duro trago. Ahora podemos decir que pocas veces hemos dado, en toda nuestra vida, mejor empleo a seis horas seguidas; nos sumimos en una fascinación; no en el sueño, como llegamos a temer, sino en el ensueño. Nos tiró deespaldas la dirección de Solé, cumbre del año, y de la década. Habíamos visto esta obra muy recortada, en el teatro Hidalgo(2), o bien algunas de sus partes, generalmente la primera, en otros; cierto que resultan prolongados algunos recitados del coro, sobre todo los de los ancianos de "Agamemnon"; pero el interés va creciendo, el asombro aumentando, a medida que la obra progresa, y acaba uno por lamentar que espectáculo tan deslumbrante termine.

Otra audacias se tomó Solé, además de la de la duración inusitada de la representación. No utiliza mujeres, a pesar de que existen papeles femeninos en el reparto, sino hombres con máscaras,sin imitar las modulaciones vocales, ni los movimientos corporales de las féminas, es decir, sin afeminarse. La escenografía, que también es suya, la simplificó hasta dejarla en solamente un espacioabierto, como plazoleta, y una pared, en la que se abren una o tres puertas. Ni siquiera Julio Prieto llegó a tanta sencillez, cuando la redujo a unas columnas. La ropa, que también dibujó el director y escenógrafo, no distrae del texto con una llamatividad exagerada, excepto en los horripilantes personajes de las Gorgonas; Prieto las imaginó como algo informe y peludo, como "La cosa"; también del cine tomó Solé su inspiración y nos ofrece 12 monstruos de la Laguna Verde, viscosos y fríos, que dan asco. A los dioses los montó en zancos para darles estatura estatuaria sin hacerlos perder movilidad (la vez pasada se quedaban quietos en sus altares); para Apolo parece haberse inspirado en la estatura de la Libertad, de Battery Bay.

Ninguna forma mejor de sentir la grandeza del teatro trágico griego más arcaico, que es el de Esquilo, que este echarnos encima la tonelada de mármol que es la trilogía de los Atridas, en que vamos de menos a más, de la tierra al cielo, de los problemas humanos a los divinos; si en la primera obra y en la segunda, las más conocidas, vemos dramas humanos, de celos, de odio, de amor, de crimen, en la última nos vamos al Olimpo y ventilamos asuntos de religión, de leyes, de justicia, de política. Este crescendo está logrado; la que se hace más ligera de las seis horas que el espectáculo dura es la sexta, al revés de lo que sería más lógico suponer.

Si Esquilo es grandioso (o grandiós, que sería más exacto) y Solé pisa, con su dirección maravillosa, las cumbres de lo fuera de este mundo, y se gana amplísimamente el premio de mejor director del año, con sus movimientos escénicos, con sus entonaciones, con la profundidad que da a los parlamentos, con el ambiente mitológico que crea, con la resolución felicísima de mil problemas de ritmo, con el arbitrio de sonidos, de desplazamiento, que dan movilidad a lo que pudo ser estático, descendamos ahora a las actuaciones, en que también sólo elogios es posible derramar;nos parecieron las más impresionantes las de los actores que se encargaron de los papeles femeninos. Clitemnestra, papel que hemos visto no hace mucho a esa reina de la tragedia que es Ofelia Guilmain, y Casandra y Electra, papeles en los que recordamos a Carmen Montejo, a Susana Alexander, a Lucía Guilmain, y a otras actrices notables, fueron interpretadas por Arturo Beristáin y Miguel Solórzano en forma eminentísima; al segundo de ellos, más sorprendente por más inesperado, lo ha distinguido la crítica con un premio especial, porque su actuación es soberbia; pero no se piense que se queda atrás Beristáin, que si en su aparición nos recordó la figurafísica de Consuelito Velázquez (una señora guapísima) se fue identificando con la astuta y cruel reina de Argos hasta dar la medida de toda la grandeza del que es uno de los papeles trágicos cumbres del teatro universal, comparable sólo con los de Fedra y pocos más.

Quisiéramos dedicar un párrafo especial a los realizadores de las máscaras, Patricia Marreri yMiguel Alonso Gutiérrez; las máscaras, hasta ahora, nos había parecido que congelaban a los personajes, que nos escamoteaban sus emociones, dándoles una inmovilidad fría. Nada de eso ocurre esta vez, en que nos parecen como nunca expresivas, vivas; sobre todo la de Casandra. Como si estuviesen hechas de un material capaz de animación, no de madera, metal, yeso, cartón o plástico. El efecto que producen es mucho mayor que el de los más dramáticos maquillajes (el de López Tarso en Edipo rey, por ejemplo). Hay un ejército de ayudantes de Solé en los realizadores de telas, de pelucas, de armas, de joyas, de cerámica, de peletería, de carros.

¿A cuáles otros mencionar, de 30 actores? A Juan Romanca, a Fernando Rubio (hace la diosa que antes vimos a Meche Pascual), a Javier Castillo...

Un consejo quisiéramos dar a estos artistas, y también a los de Moctezuma II: Manuel M. Ponce intituló una de sus bellas canciones "Cuiden su vida". Nosotros quisiéramos hora recomendara estos jóvenes: Cuiden sus voces. El tono de la tragedia es muy exigente, y los textos de esta trilogía son largos y pesados. No los griten, porque resquebrajarán sus gargantas; háganlas durar, con la habilidad y la prudencia.

Nadie deje de ver esta cumbre del teatro, de la que nos acordaremos por todo el resto de nuestra vida.


Notas

1. La obra se había estrenado el 1 de diciembre de 1984 en el teatro Juan Ruiz de Alarcón. Invitación al estreno. A: Biblioteca de las Artes.
2. Se refiere a la que dirigida por Ignacio Retes se estrenó el 9 de mayo de 1962 y cuya crónica respectiva se incluye en este volumen. P. de m. A: Ignacio Retes.