FICHA TÉCNICA



Título obra Cabalgata

Elenco Carmela Montes, Manuela Montes, Carmela Vázquez, Miguel Herrrero, Agustín Castellón (Niño Sabicas)

Grupos y compañías Compañía de Daniel Córdoba

Espacios teatrales Teatro Esperanza Iris

Productores Dionisio Cano (Daniel Córdoba)

Notas Semblanzas de Carmela y Manuela Montes, artistas españolas

Referencia Armando de Maria y Campos, “Dos retratos, al correr de la máquina, de las flamencas sevillanas: Carmela y Malena Montes, que actúan en el Iris”, en Novedades, 3 mayo 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Novedades

Columna El Teatro

Dos retratos, al correr de la máquina, de las flamencas sevillanas: Carmela y Malena Montes, que actúan en el Iris

Armando de Maria y Campos

"Daniel Cano", en la vida de los negocios teatrales Dionisio Cano, ha traído a México su espectáculo Cabalgata, estampas de folklore hispánico, y lo ha hecho debutar con éxito en el teatro Esperanza Iris, el viernes último. He de ocuparme de él con la extensión que merece. Ahora me limitaré a trazar dos retratos al correr de la máquina de los dos elementos de su compañía que más me han impresionado:

Carmela Montes, sevillana, del barrio del Baratillo, en el que está enclavada la Plaza de la Maestranza, en cuya capilla se venera la Virgen del Baratillo, siendo una niña, llamaba la atención de las gentes de su barrio por la emoción, el estilo y la voz con que lanzaba sus saetas al paso de esa venerada imagen, en las famosas Semanas Santas sevillanas. Llamar la atención en Sevilla en cuestión de saetas no es cosa baladí, pero Carmela pudo quedarse en eso: en una prodigiosa saetera que, como la Niña de la Alfalfa y tantas otras, fuese un atractivo más de Sevilla en Semana Santa y Feria.

No es poco, pero en Carmela había más. Había una incipiente artista de esa estirpe que ha dado figuras de la talla de Pastora Imperio y Amalia Molina.

Cuando tenía 12 ó 13 años –ayer– y con ocasión de una fiesta que dieron en Sevilla a Mariemma –que acababa de triunfar clamorosamente en el Bellas Artes, presentada por Conciertos Daniel–, alguien llevó a la niña para que Mariemma la oyese cantar. Esto era por el año 42 ó 43.

En aquella reunión armó un verdadero alboroto y se le hicieron en el acto diversas proposiciones para actuar en el cine y en la escena. A los dos meses se presentaba en el casino de "La Perla" de San Sebastián, donde tuvo que prorrogar tres veces su actuación. Poco después debutó en Madrid, en un espectáculo de los que ya se llamaban folklóricos y su éxito fue tan grande que, antes del estrellato, ya se le daban a la saladísima adolescente funciones de homenaje, y es una de las más queridas y admiradas del público madrileño. Como en el público hay más percepción de lo que se cree para captar psicologías de artistas, con Carmela sucede que, aparte de las ovaciones clamorosas con que premian sus canciones flamencas, precede a éstas un murmullo de simpatía al aparecer la muchacha en escena, como un anticipo del deleite que sabe le ha de producir.

Carmela es la única artista española de su popularidad que no ha tenido compañía propia. Ya se sabe que esto se consigue la mayor parte de las veces por medios ajenos al arte. En cuanto no ha habido puntal más firme que el de ella para salvar las de quienes formaban espectáculos por el mero hecho de encontrar quien pusiera un capital a su disposición. Tres o cuatro han sido las formaciones en que Carmela era la artista taquillera y otra la empresaria del elenco. Hace cosa de un año fue llamada desde La Habana para ocupar el puesto de estrella en este espectáculo, Cabalgata, y dejó Madrid, donde se la adora, después de tres años de triunfos consecutivos. En La Habana fue anunciada a bombo y platillo y, pese a la gran propaganda, no sólo no defraudó sino que ha sido su actuación, en los teatros Martí y Nacional, una ininterrumpida serie de éxitos y deja allí legión de admiradores.

Para Carmela han sido escritas y estrenadas por ella canciones tan populares como La Rosa de Capuchinos, Dios te lo pagará, El hijo de Pepa Ramos, La niña del Baratillo, y otras que seguramente cantará en México, y en otra modalidad la del cante y jondo auténtico, nadie podrá olvidar cuando las haya oído sus famosas en toda España "Alegrías" de Cádiz:

Quisiera ir a diario
a las salinas de Cái,
quisiera ir a diario
y a la Virgen del Rosario.

Que yo no tengo dinero
ve, corre y dile a tu madre
que yo no tengo dinero,
pero que nadie en el mundo
te querrá como te quiero.

Su hermana Malena, ramo de 18 claveles garbosos y cargados de olor, se significa, en cambio, por su gran personalidad en el baile, para el que tiene innata disposición, mucho nervio y una graciosa y poco común colocación de brazos. Es artista que ha de llegar muy lejos si se le da ocasión de desarrollar cuanto lleva dentro y no se lanza por el despeñadero de las coreografías al uso. Ha actuado a lado de su hermana, pero con personalidad propia y aptitudes bien diferentes, en cuantas formaciones ha ido Carmela desde hace tres o cuatro años.

Debutó Carmela Montes en México cantando la bella canción Te quiero, que nos diera a conocer Conchita Piquer, y la dijo con mucho garbo, comunicándonos su emoción. Dos cuadros después cantó por bulerías: ¡Qué buena soy!, acompañada a la guitarra por Paco Millet, y de tal suerte impuso su personalidad, juventud y fuego, llama que se quema en su propio canto, que se vio obligada a bisar con La hija de don Juan Alva, famosa tonadilla española y con una graciosísima trasposición al flamenco de una guajira popular en Cuba: Tengo una vaca lechera. Carmela Montes cayó de pie sobre el propio corazón emocionado del público de México.

En la segunda parte del espectáculo, su personalidad se disolvió un tanto en los alegres conjuntos de Cabalgata; primero, en la síntesis de La Gran Vía, durante la que cantó trozos de Valverde y Chueca; en unos aires populares gallegos, y en unas ligeras intervenciones, incluso apuntando el baile, en el cuadro final Camino de Santiago, que reproduce una boda gitana probablemente pretendiendo evocar el escenario granadino de sus famosas Cuevas calés.

Carmela y Malena son esencia del españolismo en este conjunto en el que una graciosa bailarina –Carmelita Vázquez–, interrumpe la interpretación de la Danza V, de Granados, para taconear y practicar lo que entre los calés se llama el "paso del tren", y un cantor moderno –Miguel Herrero–, de esos que son capaces de "meter" en cante al Dante y Shakespeare, puso en una colombiana en fandanguillo La casada infiel de García Lorca, acompañado con la sonanta por ese milagro de guitarrista que es Agustín Castellón "Niño Sabicas", que lució una deslumbrante colección de trajes más cerca de Hollywood que del puente de Triana.