FICHA TÉCNICA



Título obra Los amores criminales de las vampiras Morales

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Gérald Huillier

Elenco Virma González, Evita Muñoz, Luis Bayardo, René Azcoitia, Eduardo Borja

Espacios teatrales Teatro el Granero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Los amores criminales de las vampiras Morales de Hugo Argüelles, dirige Gerard Huillier]”, en Siempre!, 22 junio 1983.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   22 de junio de 1983

Columna Teatro

Los amores criminales de las vampiras Morales de Hugo Argüelles, dirige Gerard Huillier

Rafael Solana

Este pastelero, al ponerse a preparar su sabrosa carlota, con su reconocida pericia y con abundancia de ingredientes todos de primera calidad, estuvo dudando a cuál de las dos ricas musas cortejaría;son dos hermanas que a un corto de vista le parecerán la misma persona, pero que en realidad ni se parecen: la musa de la sonrisa y la de la carcajada; ¿por cuál inclinarse? El hábil comediógrafo, con sagacidad y maestría, no desechó a ninguna, sino pretendiendo a ambas, no con la esperanza de que le correspondiera una de ellas, sino con la de quedarse con las dos; su acierto fue total, pues Los amores criminales de las vampiras Morales hace al público grueso estallar en risotadas corrientonas, como las de las películas de pastelazos, y al otro lo hace sonreír con agrado y malicia(1); para todos hay en la obra; sólo que esta vez la parte más fina, más sutil y más delicada le tocó interpretarla a Virma González, que en otras ocasiones ha estado, incluso en comedias del mismo Hugo Argüelles, hasta payasa. Ahora está no solamente más guapa que nunca, como jamás la habíamos visto, sino también más actriz; en su papel no hay cosquillas, sino elegancia y gracia; lo más tosco, lo de brocha más gorda, le fue repartido a Evita Muñoz, esa “Chachita” que por la mañana nos había revelado en una entrevista, cuando le preguntaron si no se acomplejó al trabajar al lado de un monstruo sagrado como Pedro Infante, que el que tenía que haberse asustado habría debido de ser Pedro, pues ella ya era una estrella cuando él empezaba, y no la apoyó él a ella para surgir, sino ella a él, lo que es ciertísimo.

En manos de esta Irma refinada y de esta “Chachita” jocunda, la comedia fue la noche de su estreno para la prensa un éxito redondo. Está construida con la sabiduría de quien literalmente es un maestro, movida con agilidad, dialogada con ingenio. Claro que salta a la vista su parecido con Arsénico y encajes, que nadie dejó de notar: pero también se parece muchísimo a otras obras que Hugo Argüelles ha dado a conocer antes, como Concierto para guillotina y cuarenta cabezas(2), Calaca o Doña Macabra(3); y a esto ya no le llaman plagio, sino tener estilo propio. Hugo es un escritor infatigable, el más laborioso de todos; en el pasado estrenó dos obras en menos de 25 horas, y no pasa año sin que nos ofrezca algo. Como todos los escritores feraces, desde Lope de Vega hasta Alfonso Paso, tiene de todo en su botica; algunas obras suyas nos han dejado indiferentes, como La ronda de la hechizada, otras nos han desangrado, como fueron los casos de El ritual de la salamandra y El retablo del gran relajo; nos gustó mucho El cocodrilo solitario del panteón rococó; pero más Los amores pingües de las vampiras trilingües; aunque la verdad es que seguimos prefiriendo sus tres primeras obras Los cuervos están de luto, que es la mejor de todas, Los prodigiosos y El tejedor de milagros; era en aquel tiempo más fresco, más espontáneo y más natural este autor, antes de que les sacara tanto Hugo a sus comedias y se enorgulleciera tanto de ellas.

Hugo es en el mundo el rey del humor negro; en otros países ya no tiene cultivadores este teatro que ha pasado de moda, ninguno por lo menos que se pueda medir con Argüelles, que se encuentra como pez en el agua en el género del que se ha adueñado. A un grupo de jóvenes actores que hizo hace 40 años Las preciosas ridículas un crítico ácido le dijo que habían resultado más ridículas que preciosas; así es el humor negro de Hugo, que a veces es más negro que humor; resulta de un negro subido: le salen más que chistosas, chistosonas, y también algo más que macabras. En este reparto de cinco actores hay otros tantos muertos, y se habla de otros más a los que ya no alcanzamos a conocer. A esto se le puede llamar “pasársele la mano”, como en Hamlet a Shakespeare.

Muchas cosas nos gustaron del director Gerard Huillier y una no, lo que bastará para enfurecerlo o indignarlo, pues es muy sentido a las críticas: el ritmo; lleva sus diálogos a matacaballo, como ametralladoras hablan las actrices, al grado de que se pierda el texto; así dirigía Carlos Chávez; es peor dirigir lenta y morosamente, en forma mortecina; pero esa impresión de que se desea que ningún espectador pierda el último metro de la noche no es tampoco agradable; ni arrastrar las obras, ni espolearlas hasta pronunciarlas en taquiepia, que es lo que en hablado corresponde a lo que escrito es la taquigrafía.

Tercera estrella en el reparto es Luis Bayardo, a quien desde jovencito hemos aplaudido mucho; también está muy bien René Azcoitia, astro de los géneros líricos, la opereta y la zarzuela; Eduardo Borja nos resulta bromoso, estorboso, en un escenario chico, y con una voz estentórea, que no entona con las otras. Simpáticos los dos artistas que completan el reparto en personajes que con sobrada razón podríamos llamar breves.

Tuvimos la impresión de que Argüelles alcanza uno de los mayores triunfos de su vida, y de que Las vampiras darán un taquillazo.


Notas

1. Estrenada en el teatro del Granero el 31 de mayo P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Respecto de esta obra, consúltense las crónicas del 3 de enero de 1968 y del 9 de junio de 1982 incluidas en este volumen.
3. Cuya crónica del 25 de diciembre de 1974 se incluye en este volumen.