FICHA TÉCNICA



Título obra Alerta en misa

Autoría Bill C. Davis

Notas de autoría José Luis Ibáñez / traducción

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Augusto Benedico, Enrique Álvarez Félix

Escenografía Feliciano Flores

Música Ricardo Delgado

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Alerta en misa de Bill C. Davis, dirige José Luis Ibáñez]”, en Siempre!, 6 abril 1983.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   6 de abril de 1983

Columna Teatro

Alerta en misa de Bill C. Davis, dirige José Luis Ibáñez

Rafael Solana

Pasemos una rápida revista a algunos de los momentos estelares de la vida de Enrique Álvarez Félix como actor, que la anterior, cuando le conocimos hace 20 años, en tiempos en que su mamá pretendía meterlo en el servicio diplomático y le hacía estudiar idiomas en diversos lugares del extranjero, no nos interesa.

Lo vemos, jovencillo aún, debutar en películas, en Los caifanes, al lado de una Julissa, un Sergio Jiménez y otros actores que eran entonces muy tiernos también, y algunos de los cuales han hecho brillante carrera: se distinguía Enrique por su tipo refinado, y por una guapura que hereda. No fue muy lejos en el séptimo arte.

Muchos años más tarde le recordamos en un teatro lleno a reventar (no lo llenaba él, sino la señora Rivelles) haciendo un papel breve, pero emotivo, en La enemiga, con alguna escena fuerte al lado de doña Amparo, y sabiendo llevar al frac, que es prenda que pocos artistas nuestros pueden ponerse sin parecer disfrazados. En la televisión le vimos más tarde algunos papeles antipáticos; en el comidrama Drácula lució más la ropa que otra cosa, y tuvo éxito.

Pasó de galancete, cuando ya no tuvo edad para seguir siéndolo, a primer actor, y en El hombre de la Mancha, a la cabeza de una cuadrilla más bien pobre, se dejó ver, con nariz postiza, en un papel de viejo. Se consideró que era el triunfo de su vida, y le dieron un banquete, al que algunos fueron creyendo que allí verían de cerca a María, quien no apareció.

Todavía un triunfo más: Culpables; una obra fuerte, en la que se comió a uno de susalternantes, pero prácticamente se dejó comer por el otro, aunque sacó su personaje, con escenas muy dramáticas, con solvencia.

¡Ya llegó! ¿Ya está consagrado? ¿Ya es un gran actor? Le faltaba una prueba de fuego, y ahora la está pasando. Enfrentarse a un grande (a un enorme, porque grande también lo es la Rivelles), ponerse al tú por tú con un gigante; en términos taurinos diríamos: torear mano a mano con el maestro.

Ese maestro supremo que le está tomando la medida, es don Augusto Benedico, y la obra se llama Alerta en misa(1), del norteamericano Bill C. Davis, excelentemente traducida y muy bien dirigida por José Luis Ibánez. Este sí es un mano a mano equilibrado, y no como la obra en que solamente tiene papel Claudio Obregón y Miguel Ángel Ferriz nada más le da réplicas; de todos los mano a mano recientes (el del Polyforum, el de los uruguayos, otros de mujeres, otros mixtos) es el mejor, si Héctor Gómez y Gonzalo Vega están agotando todas las noches, ¿cómo no vamos a esperar que acabe por hacerlo Alerta en misa, a pesar de estar en un teatro desencaminado, si,con ser buena la argentina, es mucho mejor obra? Tarde o temprano el público acabará por tomarse la molestia de ir tan lejos como el Independencia, porque la obra es tan buena que a Cuernavaca o Pachuca habría que ir a verla, si allá la dieran. Es una obra novedosa, de asunto muy original, y tan interesante y tan bien hecha que no deja parpadear, que no se quiere perder un sólo bocadillo de ella. Parece, exteriormente, un basurdrama de conciencia, un Pueblo rechazado o un Con la frente en el polvo; pero tiene mucho mayor ligereza, más agudeza, gracia, mayor penetración psicológica; nada de lo que en ella se dice nos es ajeno, aunque aparenta tratar de problemas de un seminarista frente a un párroco, y podría ser que estuviésemos muy alejados de asuntos y de ambiente religioso, sobre todo de curas gringos; y sin embargo nos envuelve, nos entusiasma y nos fascina.

En parte, por lo buena que es la comedia; en parte porque está bien dirigida, y es muy bella su escenografía, de Feliciano Flores, y Ricardo Delgado ha sabido usar los efectos musicales; pero en su parte mayor y más decisiva...

Porque está en ella Benedico, y está como nunca. No, no nos olvidamos de su Alcalde de Zalamea, de su Romeo en Verona, ni de Los policías, ni de nada de su ya larga carrera siempre triunfal; pero ahora... ahora no es el mejor actor del año, sino el mejor actor del mundo. Hace un trabajo que se fija en nuestra memoria al lado de otros máximos que hemos visto: Ermette Zacconi en El rey Lear; Han Messemer en Fausto; Pierre Brasseur en Le diable et le bon Dieu, Vittorio Gassman en Los persas; Lawrence Olivier en Enrique V; Ralph Richardson en El mercader de Venecia...

Pues bien, al lado de ese monstruo imponente, de ese coloso a quien nadie debe dejar de ver dar una asombrosa cátedra, Enrique Álvarez Félix pasa la prueba de su vida... y sale bien de ella. No está igual, ni remotamente; pero a veces se pone a la altura del maestro, y baja en otros momentos; estar al lado de este atlante y no parecer aplastado, es lo más grande que ha hecho Enrique en toda su vida.


Notas

1. Estrenada el 18 de marzo. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.