FICHA TÉCNICA



Título obra Moctezuma II

Autoría Sergio Magaña

Dirección José Solé

Elenco Salvador Sánchez, Yolanda Mérida, Rafael Cortés, Octavio Galindo, Barbarita Córcega, Emma Teresa Armendáriz, Virginia Gimeno, Guillermina Solé, Pilar Souza, Socorro Avela, Ángeles Marrufo, Blanca Torres, Carmen Sagredo, Roberto Rivero, Odiseo Bichir, Luis de León

Escenografía Antonio López Mancera

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Moctezuma II de Sergio Magaña, dirige José Solé]”, en Siempre!, 10 noviembre 1982.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   10 de noviembre de 1982

Columna Teatro

Moctezuma II de Sergio Magaña, dirige José Solé

Rafael Solana

¡Qué bonita ovación, que larga, qué sentida, al terminar la primera representación, nueva época, de Moctezuma II! (1) Aplaudimos con afecto al autor, que es de todos tan querido, Sergio Magaña; y también al director, Pepe Solé, que se ha ganado a lo largo de su vida el aprecio y el respeto de todos; y lo mismo a Toño López Mancera, hacia quien no hay quien no tenga unainclinación amistosa y una gran admiración; y a Salvador Sánchez; y a Yolanda Mérida...

Una ovación de aprecio, diríamos de cariño, de reconocimiento mezclado con emoción... pero no una ovación fogosa, entusiasta, ardiente o desbordada; no; era medida, acompasada, sin descompostura ni delirio.

Porque Moctezuma había convencido, pero no deslumbrado. Y la primera vez, hace 20 años, sí deslumbró(2). Como que entonces no esperábamos tanto, y ahora, esperábamos más.

Para empezar por alguna parte; nos habíamos hecho demasiadas ilusiones sobre Salvador Sánchez; le tenemos por un actor enorme, y le recordamos muchas excelentes actuaciones en el cine, y en el teatro sobre toda una en Los emigrantes, en que estuvo memorable. Pensábamos que daría el tipo perfectamente, la varonil e imperial belleza del que fue como emperador de Anáhuac, aquel infortunado monarca que, como figura histórica, tiene detractores y quienes se apiaden de él y le compadezcan, y como figura dramática, nunca había encontrado quien le comprendiera y le explicara tan bien como Sergio Magaña, con tan grande simpatía y con tal levantado arte. Creíamos que Salvador-Moctezuma se iba a comer el mundo. Y no se lo comió; físicamente, algo va perdiendo ya, va embarneciendo y ablandándose; y no dio en la escena aquella majestad que Nacho López Tarso sí daba; hay muchas escenas en quees uno de muchos personajes en el foro, no el rey absoluto de ellos, para lo que necesita ponerse el penacho, al final. Le faltó una autoridad que Nacho, menos plástico, como el gran actor que es sí tenía.

La obra misma, que el primer día nos tiró de espaldas, sigue pareciéndonos magnífica, de lo mejor que se ha hecho en México; pero ya no fue una sorpresa; ahora dejó ver el peso exagerado de algunas largas y verbosas escenas. No, en nada rebajamos nuestra admiración por su autor; la obra sigue siendo estupenda, no ha envejecido, es actual, es magistral... pero ya no es nueva, ya no fue una sorpresa. Sus escenas cumbres, que nos asombraban como relámpagos, ahora ya las estamos esperando; como los eclipses cuando están anunciados en los calendarios, yano nos produjeron sagrado terror ni otras emociones abracadabrantes, sino sólo nos convencieron por su exactitud, por su precisión, por su perfección.

Otros personajes también en alguna medida decepcionaron. Cuauhtémoc, desde luego; lo hizo Rafael Cortés, actor invitado, pálida, descolorida, aguadamente; mucho más fibra y pujanza tuvo Octavio Galindo en su Ixtlixóchitl; Barbarita Córcega, tan chula y tan joven, fue una Tecuixpo con menos encanto que el que en este papel le vimos a Emma Teresa Armendáriz; las otras dos hijas de parejas célebres, con el nombre de pila de una gran madre y el apellido de un gran padre, Virginia Gimeno y Guillermina Solé, se escondieron detrás de las máscaras de innecesarias brujas; Pilar Souza, Socorro Avelar y... ¿Ángeles Marrufo? se bastaron para hacer estos personajes, que ahora se triplican, sin más efecto que el plástico de su especie de ballet o de coro, en el que sobresalen las bellas voces de Blanca Torres y Carmen Sagredo, y, por encima de ellas, la grave y cálida de Yolanda Mérida, que detrás de su maquillaje y su disfraz anónimo sabe destacarse y convertirse en uno de los personajes máximos de la pieza.

Pepe Solé, que movió muy bien la escena y entonó con maestría los parlamentos, se estrelló contra un escollo, que ha de atribuirse al autor: no logró caracterizar a todos los príncipes que rodean al cacique; costaría trabajo recordar ahora cuál era Cuitláhuac, cuál Culhuacan, cuál Cacama, cuál Xochimilco (les damos a algunos no sus nombres propios, sino los de sus tierras, como en los dramas históricos de Shakeaspeare); todos actores excelentes, todos muy bien vestidos... pero todos cortados por la misma tijera. El único otro (además de Galindo) que logró personalizarse fue Roberto Rivero, en el fino papel de Chan, tal vez el mejor vestido de todos (hizo este personaje en el estreno don Agustín Guevara Alas, hoy un acaudalado industrial de la madera). Claro que sería mucho pedir que el director hiciera que se destacasen unos de otros inconfundiblemente 52 personajes, que ni uno menos tiene la tragedia. ¿Algunos de ustedes podría decir, así, de pronto, qué papel hizo Odiseo Bichir, o cuál era Luis de León de entre todos aquellos aztecas?

Para quien los aplausos fueron irrestrictos, sin reservas, fue para Toño López Mancera; claroque se presta la obra, y el dinero de la compañía también, para una ropa lucidísima; la de la vez pasada fue también soberbia; la de ahora, muy teatral, muy colorida, y no demasiado fantásticani antihistórica. La decoración, del mismo artista, sobria.

¿Y cuánto creen ustedes que cuesta ver esta compañía de más de medio ciento de actores, 10 ó 12 de los cuales son estrellas de primer orden, vestidos con una millonada en ropa, con música de escena y todo el lujo, menos la orquesta, de una ópera? Pues cuesta ¡100 pesos! Menos de la mitad de lo que se paga en cualquier teatrito de comedia con tres o cuatro artistas, a veces dos, sin ningún género de lujo.

Ya si después de esto no va la gente a ver una obra soberbia, con una compañía estupenda, montada regiamente, sino prefiere ir a otra parte a pagar el doble... podría decirse que cada ciudad tiene el teatro que se merece.


Notas

1. Estrenada en el teatro del Bosque el 22 de octubre P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Al respecto, véase la crónica del 6 de marzo de 1954 que se incluye en este volumen.