FICHA TÉCNICA



Título obra Concierto para guillotina y cuarenta cabezas

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Francisco Peredo

Elenco Adalberto Parra, Luis Mercado

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Concierto para guillotina y cuarenta cabezas de Hugo Argüelles, dirige Francisco Peredo]”, en Siempre!, 9 junio 1982.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   9 de junio de 1982

Columna Teatro

Concierto para guillotina y cuarenta cabezas de Hugo Argüelles, dirige Francisco Peredo

Rafael Solana

Quien para sacar la cuenta de los locales teatrales que funcionan en la ciudad de México se atuviera a la enumeración de los que aparecen en las carteleras no solamente se quedaría corto en el número, sino tal vez se perdería algunos de los mejores. Uno de los que trabaja casi secretamente, sin anuncio en los periódicos, sino atenido a la publicidad de boca en boca es el que se llama La Cueva, en la casa particular del arquitecto Francisco Peredo, una amplia mansión de las calles de la colonia Roma (Sinaloa 119); parece imposible que lleven ya 15 años, casi, de constante labor, y que todavía haya personas vivamente interesadas en el teatro que no se enteren de la existencia de ese lugar y de ese grupo; pero eso ocurría al anónimo cronista, hasta que hizo el descubrimiento.

Se trata de los sótanos de una casa semicentenaria, que con el paso del tiempo han ido siendo dotados de iluminación y de recursos escenográficos; no es posible acomodar, y tal vez el verbo sea un poco excesivo, a más de dos o tres decenas de espectadores para cada función, y como en la obra que allí hemos visto por momentos ocupan el que llamarenos escenario más de docena y media de actores y actrices, hay cierta estrechez, que también podríamos describir como intimidad; el auditorio se siente mezclado a la compañía, y no sólo la ve, la oye, sino la huele y la palpa, lo que da una mayor y muy pocas veces vista integración al espectáculo, una inusitada comunión entre la compañía y su público.

La pieza que fuimos a ver es la de Hugo Argüelles, autor allí muy querido, Concierto para guillotina y cuarenta cabezas, de la que ya ampliamente hemos hablado aquí, en la oportunidad de su estreno(1); es una de las francamente buenas obras de este a nuestro juicio desigual autor, que suele ir de lo ridículo a lo sublime (se dice que no hay más que un paso) y que acostumbra dar tan gordas campanadas con sus aciertos como con sus desatinos; es una comedia en 40 actos, o más exactamente un rosario de sketchs, en los que brillan el ingenio y la acidez del que tenemos por el mejor escritor de humor negro del mundo. Todo un mosaico, en que vamos de la sátira aguda a la patochada, de la poesía a la prosa, del genio a la chabacanería; pero es en su conjunto una gran obra, que merece ser constantemente vuelta a representar, como le está ocurriendo.

Sin embargo de que la pieza es excelente, en esta ocasión particular el director opaca al autor, porque se ve más la dirección que la obra; el arquitecto Francisco Peredo habría podido reducir algo la longitud de la representación, no diremos suprimiendo, sino posponiendo siquiera unos 12 o 15 actos, alternándolos, es decir, poniendo unas noches unos y otras otros, con algunos, los mejores todas las noches; esto haría al público volver, y evitaría fatigarlo, lo que bien puede ocurrir sobre todo por el ambiente asfixiante y la falta de amplitud del local.

Admirable, llena de imaginación y de inventiva, dinámica y novedosa nos pareció la dirección de este Concierto, que incluye hasta cambio de distribución de las butacas entre la primera mitad del espectáculo y la segunda; las luces, el sonido, están muy bien manejados, y el vestuario, que es esquemático, llena sus finalidades; esta obra requiere muchísima utilería (las cabezas del título, por ejemplo) y los actores siempre encuentran a la mano el útil que necesitan, pues se sirven de traspuntes a sí mismos y aun solicitan y obtienen la colaboración de los espectadores como utileros.

Al no anunciarse en el programa los nombres de los actores y actrices con relación a los personajes que representan, cada uno muchos, se hace evidente el propósito de que en las críticas no se destaque a unos sobre otros, sino se formen el público y los periodistas un juicio de conjunto; ya se ve que en 40 actos hay muchísimos papeles, y que si son sólo 19 los intérpretes, les toca a varios por testa. Sin embargo de esta precaución, y después de que el aplauso es general y la aprobación pareja, se hace necesario preguntar por algunos nombres en particular, por ejemplo, el de la señorita Lourdes Peña, que es nueva en la compañía, y que brilla por su belleza, su juventud, su voz espléndida y el hábil manejo que sabe hacer de ella; también se dejan ver en forma sobresaliente, en algunos de los papeles, las hijas del director, Mónica y Paloma, que están excelentes en sus partes de solistas y cubren con exactitud de piezas de reloj su participación en las escenas colectivas; Gerardo Peredo, hijo también del director, es otro de los elementos que se singularizan.

Una vez que hemos descubierto esta cueva y que hemos tenido la satisfacción de darla a conocer a nuestros lectores, nos prometemos mantenernos muy atentos a seguir de cerca sus actividades, pues se trata de un grupo ejemplar lo mismo por su talento que por el cariño que demuestra al buen teatro.


Notas

1. Consúltese la crónica respectiva del 3 de enero de 1968 incluida en este volumen.