FICHA TÉCNICA



Título obra Sucedió mañana

Autoría Darío Fo

Notas de autoría Margarita Villaseñor / traducción

Dirección Julio Castillo

Elenco Adriana Roel

Productores Cuauhtémoc Zúñiga

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Sucedió mañana de Darío Fo, dirige Julio Castillo]”, en Siempre!, 2 junio 1982.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de junio de 1982

Columna Teatro

Sucedió mañana de Darío Fo, dirige Julio Castillo

Rafael Solana

Tenemos a Darío Fo por el más interesante de los comediógrafos italianos de su generación, que es la de quienes cumplieron ya medio siglo de edad, pero no son todavía sexagenarios; la verdad es que conocemos muy poco la literatura dramática italiana de esa época; en Italia se hace mucho menos teatro que en México, donde la generación nueva tiene una docena de nombres muy interesantes, y la correspondiente a Fo, por lo menos cuatro o cinco. El año pasado, en que pasamos un par de semanas en ese país bellísimo, sólo encontramos en Roma una obra teatral, traducida del latín y representada por una compañía comunal que tenía un aire de escaso profesionalismo, y en el resto del país únicamente ópera. Milán es literariamente una ciudad más importante que la capital de aquella república; pero tampoco había nada. A Fo lo conocimos en México, por obras suyas desenfadadas e irrespetuosas, pero con habilidad y con gracia, como por ejemplo un Misterio bufo que se representó hace un par de años o pocos másen el Festival Cervantino de Guanajuato, y alguna otra obra digna de atención, pero no sensacional. Creemos que la generación literaria a que este autor pertenece todavía no supera a la anterior, en que se veían nombres como los de Bontempelli, Chiarelli, de Filippo y otros, y, desde luego, ni se acerca a la algo más distante en que brillaronGabriel D´Annunzio y, ese en medida universal, Luigi Pirandello, que es un genio.

Ahora el productor Cuauhtémoc Zúñiga nos hace conocer, como una obra, una colecciónde cuatro monólogos, en que Darío Fo ha tenido la idea, a nuestro juicio infortunada, de colaborar con su esposa, la actriz Franca Rame. Todos los lugares comunes más vulgares del teatro mundial contemporáneo, en cuyas añagazas también han caído algunos jóvenes autores mexicanos de talento, inciden en este recital, a juzgar por la traducción de Margarita Villaseñor, que tenemos por efectiva y bien lograda, si bien no podemos calificar su fidelidad por desconocimiento de la pieza original: hay sexo, violencia, droga, un lenguaje procaz y hasta desnudo, si bien el director Julio Castillo, que estan afecto a encueramientos, vengan o no al caso, no logró esta vez convencer a la actriz única de que se desvistiera; a nuestro juicio hizo bien Adriana Roel en defenderse, pues los desnudos, que cuando primaverales son deliciosos, son apenas tolerables cuando estivales, lamentables cuando otoñales, e inconcebibles invernales. Sara García o Prudencia Griffell no se desnudaron, y ya ven ustedes cuánto perdió la septembrina Amparo Rivelles con hacerlo en películas. Adriana, que no es ya una actriz abrileña, si bien todavía puede ser tenida por veraniega, hizo bien en no quedarse en vivos cueros para representar Sucedió mañana en el teatroGranero(1). Pero no tan bien en aceptar una obra mal hablada y que nos despinta un poco la impresión que siempre hemos tenido de la señora Roel como una dama, dentro y fuera del escenario.

Es muy posible que la actriz italiana Franca Rame, al escribir parte de la obra Sucedió mañana; y sugerir a su marido, Darío Fo, alguna otra parte, haya estado ansiosa de dejarse ver, incluso en pelotas, y de llamar la atencióndel público italiano sobre su persona, con cuatro monólogos en que opinará ella que tiene gran oportunidad de lucimiento. Del monólogo hemos desconfiado siempre, pues le vemos más peligros que atractivos, lo que no hace mucho confirmamos cuando la admirable y estupenda Nati Mistral nos aburrió con uno muy dulzón y cursi acerca de la vida de una poetisa norteamericana que no le interesa a nadie. La Singerman, Bertha, hacía un monólogo de Cocteau, pero de 20 minutos; Rambal gustó en Bandera negra, y se hizo más famoso por sus rodillazos, como en una faena de torero pueblerino, que por el patetismo que también ponía en un personaje melodramático. Lo más resonante que hizo Carmen Montejo con Déborah fue enseñar parte de su anatomía, en forma imprevista, y cuando eso no era todavía cosa de todos los días y de todos los teatros.

La señora Roel para nada necesitaba de esta obra, pues está archirreconocida ya como una actriz enorme, y varias veces se ha llevado los mejores premios. Es cierto que está muy bien, como no podía menos; pero ni encaja por completo en alguno de sus personajes, y la prueba de ello es que no se desnudó, ni puede evitar fatigarnos un poco a medida que la obra no diremos avanza, sino desciende. El primero de los cuatro cuadros es el que tiene más migas, y en el que más se ve la mano de un verdadero escritor; en el segundo comienzan, o se agravan, los lugares comunes; el tercero no tiene pies ni cabeza y el cuarto y último es un plomo. El que se pierda la segunda mitad del espectáculo se habrá perdido poco.

Adriana Roel es una actriz de tal manera distinguida y eminente, que la gente irá a verla y a aplaudirla; pero no creemos que el prestigio de que ya entre nosotros comienza a gozar Darío Fo se incremente mucho con esta pieza, ni que Julio Castillo agregue nada con ella a los laureles que este mismo año ha ganado con Armas Blancas o con El cocodrilo solitario del panteón rococó, que son obras de autores mexicanos, perdónese la vanidad de insistir en ello, muchísimo mejores que los que la señorita Villaseñor se ha tomado la molestia de traducir del italiano.

¿Qué habría tenido que hacer Cuauhtémoc Zúñiga para ofrecernos un espectáculo más interesante? Muy sencillamente, solicitar de Hugo Hiriart, de Víctor Hugo Rascón Banda, de Carlos Olmos, de Hugo Argüelles, de Alejandro Licona, de cualquiera de los Carballidos, que escribieran para Adriana algo, que seguramente habría sido mejor que esto que firman Fo y Sra. Y hasta tal vez la obra de uno de esos Hugos sería vertida al italiano y estrenada en la Península, como lo han sido ya algunas de las de Fernando Sánchez Mayáns, muy merecidamente.


Notas

1. La obra se estrenó el 6 de mayo. Sonia León, Julio Castillo-director. Archivo documental. CITRU-INBA.