FICHA TÉCNICA



Título obra A chorus line

Autoría James Kirkwood y Nicholas Dante

Notas de autoría José Luis Ibañez, Cristina del Castillo / traducción

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Olivia Buzzio, Julieta Bracho, Ligia Escalante, Edgar Flores, Carlos de la Torre, Guillermo Méndez

Escenografía Robin Wagner

Iluminación Charon Musser, Richard Winkler

Coreografía Ray Smith

Música Marvin Hamlish

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [A chorus line de James Kirkwood y Nicholas Dante]”, en Siempre!, 19 mayo 1982.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   19 de mayo de 1982

Columna Teatro

A Chorus Line de James Kirkwood y Nicholas Dante

Rafael Solana

Vimos A Chorus Line hace pocos años, en el teatro de Arquitectura, de la Ciudad Universitaria, a un grupo de estudiantes, a quienes dirigió Rubén Piña, y nos gustó mucho la interpretación, y muchísimo la obra. No somos partidarios, en términos generales, de las comedias musicales americanas, que encontramos vacías e insulsas, y hasta estúpidas, en muchas ocasiones; pero cuando surge una obra maestra de ese género, nos quitamos el sombrero, y la recibimos con admiración y aplausos; esa obra maestra es Un gran final (nuevo título, que dice menos que el original)(1); esto sí vale la pena de importarse y de ponerse en México, no solamente por la razón, que tantas veces hemos encontrado insuficiente y hasta necia, de que "ha triunfado en Broadway", sino porque tiene méritos propios, personalidad, acierto. El libro, de James Kirkwood y Nicholas Dante, está escrito con muchísima habilidad, de manera que se mezclen en él la comedia, en grandes dosis, el melodrama (hacia el que encontramos que en esta versión se ha cargado un poquito por demás la mano) y el verdadero drama, que llega a emocionar, a conmover a los espectadores. Las música, de Marvin Hamlish, no es cosa del otro mundo, y no sale uno tarareándola ni con ganas de comprar el disco; pero es suficiente, sobre todo para los números de baile, que son los mejores, pues superan con mucho a los de canto. Mención especial merece la coreografía, de Michael Bennett(2), que tiene tanta importancia que la obra puede ser vista como un ballet, hasta por personas que no comprendan el idioma en que está hablada. La traducción de José Luis Ibañez y Cristina del Castillo es excelente.

Aunque la obra no requiere ni menciona una especial escenografía(3), ya que, como Seis personajes en busca de autor, supone representarse en un escenario vacío, se ha encontrado el modo de hacerla lucir por medio de un doble juego de espejos, que duplica las figuras individuales y los conjuntos. También tiene que ser elogiada la iluminación(4), renglón al que se presta una especial importancia.

Es sumamente difícil de repartir entre figuras consagradas esta obra, que requiere de artistas jóvenes que además de hablar muy bien sepan cantar bastante y bailar excelentemente; es explicable que no figuren en el reparto muchos nombres conocidos, porque son pocos los artistas que reúnen todas esas condiciones. En realidad sólo están dos celebridades, y ni siquiera se ha considerado necesario poner sus nombres en las marquesinas, ya que no se espera que sean individualmente unas estrellas u otras quienes atraigan al público, sino la bella obra y el conjunto delespléndido espectáculo(5).

Esas dos figuras ya conocidas son Olivia Buzzio, que se anotó un éxito muy grande en el papel de Peter Pan, y que antes de eso no era famosa, y Julieta Bracho, de edad un poco mayor que la de los otros, pero nos da la gran sorpresa de bailar como si jamás en su vida hubiera hecho otra cosa, además de que como actriz encaja a la perfección en uno de los papeles que tienen mayor personalidad y más fuerte carácter.

De allí en fuera van teniendo cada uno su escena casi todos los 20 artistas básicos; apenas habrá alguno que no tenga su momento de brillo personal y arranque su ovación propia, algunas de ellas estrepitosas, largas y con bravos (como la de Ligia Escalante, por mencionar a alguien); Olivia tiene el papel que podría con cierto rebuscamiento llamarse central, en una obra tan repartida; Edgar Flores también uno de lucimiento algo mayor que los otros, lo que en el argot teatral se llama"más agradecido"; Carlos de la Torre brilla notablemente como bailarín, y Guillermo Méndez igual como bailarín que como actor; pero lo mejor de cada uno de ellos no está en su solo, en su racconto, sino en su incorporación exacta al conjunto, que está admirablemente manejado por los directores, y que desde la escena inicial sorprende por su profesionalismo, por su precisión y por su parejura.

Es una sucesión de ovaciones individuales y de largos aplausos al grupo la representación, asombrosa y deliciosa, de Un gran final, que justifica su nuevo nombre con una escena culminante, de carácter coreográfico, un poco fuera ya del texto de la obra, pero que tira de espaldas al público, que se rompe las manos aplaudiendo y la garganta vitoreando el que sin exageración podría calificarse como el mejor espectáculo de comedia musical jamás visto en México.


Notas

1. Se representó en el teatro de Los Insurgentes. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. La coreografía en México estuvo a cargo de Ray Smith. Idem.
3. Diseñada originalmente por Robin Wagner. Idem.
4. De Charon Musser y Richard Winkler. Idem.
5. Dirigido por José Luis Ibáñez. Idem.