FICHA TÉCNICA



Título obra Retablo del gran relajo

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Marta Luna

Elenco Manuel Fierro, Ramiro Sotelo

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Retablo del gran relajo de Hugo Argüelles, dirige Marta Luna]”, en Siempre!, 10 marzo 1982.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   10 de marzo de 1982

Columna Teatro

Retablo del gran relajo de Hugo Argüelles, dirige Marta Luna

Rafael Solana

El que es primero en tiempo es primero en derecho, y el Retablo del gran relajo, de Hugo Argüelles, se estrenó en México 24 horas antes que El cocodrilo solitario del panteón rococó, del mismo autor, obras que marcan en la historia del teatro mexicano una fecha, o un par de fechas, pues por primera vez, que podamos recordar, un autor de gran éxito estrena en teatros importantes dos piezas en las "horas veinticuatro" que Lope de Vega requería para escribir una. Y las estrena a tambor batiente, con grandes oleadas de público, enmedio de una expectación mayúscula y de un entusiasmo muy poco menos que delirante.

El retablo, en el Teatro de la Ciudad(1), casi provocó un tumulto. Hubo que cerrar las puertas, para contener a la multitud enardecida, que desde muy temprano se volcó, no diremos sobre las taquillas, pues la función era de invitación, pero sí sobre las localidades, que inundó, para extenderse después por vomitorios y pasillos. No era un público habitual de teatro, sino uno como de OTI o alguna otra cosa por el estilo. Caras conocidas, pocas, aunque las había. Hugo ha tirado con esta obra a la conquista de un público eminentemente popular, al que hábil y casi servilmente halaga. Algún contratiempo que ya hemos olvidado nos impidió asistir al estreno mundial de esta obra, no hace mucho, en la ciudad de Xalapa.

Si al pueblo enderezó el autor sus flechas, ha dado en el blanco, y el pueblo le ha respondido con su asistencia tumultuosa, con su largo y cálido aplauso y con sus risas ruidosas y soeces.

Casi nada en la vida es gratis, salvo el aire, el sol, la luna y, a veces, el amor; Hugo ha tenido que pagar muy cara esta popularidad que va conquistando, y es muy posible que pierda algo tan digno de aprecio como lo que gana; la estimación de los pocos, que quienes la tienen pagan a su vez con el despego de los muchos. Se convierte Argüelles en un autor enormemente popular, pero se suicida como escritor de calidad, que es lo que había sido antes, y que hubiéramos querido que siguiese siendo. Si prefiere buscar en las masas el impacto que en ellas tienen el Güero Castro, Gómezbeck, el licenciado Anaya y otros muy populares autores, de lleno acierta en sus propósitos y tal vez la alegría que le produzca esta conquista empañe la tristeza, que a lo mejor no siente, de ir perdiendo al público que con sus anteriores obras había cautivado; pero no se puede tener todo, y el que mete el segundo clavo, saca el primero.

Como espectáculo teatral popular, para no decir carpero, Retablo del gran relajo es un completo éxito. La eminente directora Marta Luna, que también sigue los pasos de Hugo, en materia de búsqueda de populacheridad, consigue un caleidoscopio de escenas vistosas, llenas de color y de la más alegre de todas las músicas del mundo, la jarocha, superior en espíritu festivo aun a la brasileña, a la napolitana o a la andaluza. Se suceden los cuadros pintorescos a base del folclore musical, poético y coreográfico de las lindas tierras de Veracruz, uno de cuyos mejores hijos, en el campo del teatro, es Argüelles. Triunfan espléndidamente los bailarines, cuyos nombres quisiéramos vocear, pero no logramos identificarlos entre los 57 que contiene el reparto, uno de los más numerosos que hayamos visto nunca; el aplauso popular les dice a gritos quiénes son los que más gustan, porque son en realidad unos bailarines espléndidos. Tampoco logramos distinguir sino a la directora entre los 15 técnicos, varios de los cuales salieron a agradecer las ovaciones.

La figura, gruesa, tosca, del actor principal, Manuel Fierro, y sobre todo el tipo de su trabajo nos hicieron evocar los tiempos en que en este mismo escenario don Roberto Soto montaba revistas populares y hacía críticas políticas, que no firmaban famosos autores, y que generalmente eran menos léperas y menos de brocha gorda que las que el llorado autor de El tejedor de milagros se permite, para revelarnos el grande secreto de que hay políticos que roban y hasta que asesinan, el de que elpoder corrompe y su conquista se logra o se intenta a veces a través de reprobables métodos y otras perogrulladas, pues en materia de crítica política los descubrimientos de Argüelles se parecen al del agua tibia. Tampoco es afortunada su versificación, pues dista mucho de ser un nuevo Calderón de la Barca; sus albures yano son nuevos, y desde el primero que escuchamos al abrirse el telón nos son ya muy conocidos, tanto comoel vocabulario alvaradeño utilizado a lo largo de la pieza.

Ramiro Sotelo lleva el segundo papel, y lo hace con aprobación de las indoctas masas. Los cantos, para que mejor se les escuche, están grabados. El asunto nos recuerda por su tosquedad el de El ritual de la salamandra, sólo que esta vez por el lado de la farsa, que le va más que el de la tragedia.

Nos despedimos de un gran escritor que conquistó laureles con Los cuervos están de luto(2), y con Los prodigiosos; pero saludamos el advenimiento de un gran taquillero, que ganó pesos con El ritual de la salamandra. Nuestra tristeza, sin embargo, no es infinita, pues nos queda al abandonar cabizbajos el teatro la esperanza de que al día siguiente veremos resucitar en el Jiménez Rueda al verdadero Hugo Argüelles, al que admiramos y queremos, en El cocodrilo solitario del panteón rococó.


Notas

1. Estrenada el17 de febrero en el marco de eventos especiales que la Universidad Veracruzana presentó en la ciudad de México con la Compañía titular de teatro de esa Universidad P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Cuya crónica del 11 de mayo de 1960 se incluye en este volumen.