FICHA TÉCNICA



Título obra Una mujer, dos hombres y un balazo

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Enrique Castillo, Victoria Burgoa, Ana Silvia Garza, Adalberto Parra, Luis Mercado

Escenografía Germán Castillo

Música Luis Rivero

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Una mujer, dos hombres y un balazo de Maruxa Vilalta]”, en Siempre!, 29 junio 1981.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   29 de julio de 1981

Columna Teatro

Una mujer, dos hombres y un balazo de Maruxa Vilalta

Rafael Solana

La señora Maruxa Vilalta de Yáñez tiene dentro del teatro una triple y vigorosa personalidad: es una autora muy distinguida, que ya varias veces ha ganado los más altos premios que cada año otorgamos los periodistas; es una directora muy eficaz, que con esta clase de trabajo ha obtenido muchos aplausos, y que gusta de dirigir sus propias obras; y es un micrófono (una crítica es otra cosa) muy agudo e inteligente, que ha dictado cátedras desde las columnas de uno de los principales diarios y de algunos semanarios de México, y que, se nos informa, ahora lo hace también en la televisión.

Pero para ser crítico, no sólo de teatro, sino de cualquier otra cosa, ya sea una diferente de las artes, o aun la política y la vida nacional, se nos ocurre que no vendría algo más que una penetrante inteligencia, una amplia cultura y un sólido gusto; nos atreveríamos a proponer un ingrediente más, que es la piedad; algo parecido a lo que, en su Diario, señalaba Arnold Bennett como requisito para llegar a ser un gran novelista, y que es “una cristiana compasión que a todos se extienda”. Compasión, piedad, tolerancia, comprensión, que todos estos hombres convierten a ese raro sentimiento, es lo que falta a muchos críticos, y desde luego ha faltado a Maruxa Vilalta, que muchas veces ha necesitado de ello; ha solido ser despiadada, despectiva, desdeñosa y destructiva, vocablos todos cuya negatividad va contenida en el prefijo de que los inicia. Hoy Maruxa, en la más reciente de sus obras, se nos muestra una vez más como inteligente autora, como suficiente directora, y como implacable crítico, pues su pieza tiene por finalidad parodiar, ridiculizar, a varios géneros teatrales, a los que con ardor ha vapuleado en las columnas de la prensa; no conforme con señalarles defectos o excesos, ahora los pone en solfa con una comedia en diez cuadros, de dos horas y media de duración, con la ingeniosa trama de que un escritor, un productor, y tres actores se asocian para presentar un espectáculo, y el comediógrafo se somete al ejercicio de poner delante de los espectadores, una vez, más, el más manido de todos los asuntos, el triángulo amoroso, tal como lo ofrecerían al público un autor melodramático, uno romántico, uno poético, uno de teatro del absurdo, uno de vodeviles y uno de comedias musicales, con lo que pasa revista a lo que España, Francia, Rumania y los Estados Unidos han mandado en todos los últimos viente o treinta años a los escenarios de México. La obra de Maruxa se llama Una mujer, dos hombres y un balazo, y la ha estrenado en el teatro de la Universidad, antes Arcos-Caracol, de la Avenida Chapultepec.

Encabeza el reparto, pues, van citados los artistas por orden de aparición, un Enrique Castillo que no es el Enrique del Castillo que, por descuidada lectura de los programas, nosotros esperábamos, y en quien advertimos, durante la representación de una buena parte de los siete papeles que les fueron encomendados, una cierta tendencia a parecerse, ya que la palabra imitar es demasiado fuerte, a Alfonso Zayas, popular artista del teatro, el cine y la televisión; de la misma que en Victoria Burgoa, que le sigue en el elenco, y que hace seis personajes, hallamos una proclividad a semejarse a Ana Ofelia Galindo, que es una actriz cómica muy buena, a quien no hace mucho vimos en este mismo escenario a “Quevedo”) y sí hace muchísimo, en Bellas Artes, en un papel juvenil, después viene Ana Silvia Garza, en cinco roles, dinámica, agraciada, bella, pero, y eso sin duda es más atribuible a la directora que a ella misma, exagerada, subrayada y hasta pesada en alguno de ellos; no le vendría mal un poco menos de énfasis en movimientos y entonaciones, también cinco papeles hace Adalberto Parra a quien encontramos muy capaz, muy flexible, en sus personajes; pero quien más nos ha gustado, porque además de profesionalismo y estudio encontramos que tiene encanto personal y ángel, ha sido Luis Mercado, un actor joven a quien ya hemos visto, siempre muy cumplido, en varias ocasiones, en teatro de las más diversas características, desde el muy moderno, que ahora parodia, hasta la zarzuela, en la que encajó tan perfectamente como en todos los demás géneros que cubre, logra Mercado en la pieza de Maruxa muy buenos efectos cómicos, legítimos, y nos pareció notar que era quien arrancaba las más sanas risas, y al final, los más cerrados aplausos.

Quizá con el tiempo, y a causa de él mismo, decida Maruxa acortar un poco la representación, y reducirla a dos horas, o a un poco menos, pues encontrará, si revisa con atención, que hay reiteraciones, y que puedan sin dañar la pieza hacerse algunos cortes; ella es muy buena critica y si la obra fuera ajena los aconsejaría.

Es graciosa y eficaz la brevísima escenografía de Germán Castillo; y por tratarse, en su última media hora, de una comedia musical, reviste gran importancia la música, que encargó la directora a tan capacitada persona como Luis Rivero, que es además de autor y director uno de los pianistas. Rivero ha sido también premiado por los críticos. Ya en plan de parodias resulta muy graciosa la caricatura de nota al programa que firma Luis de Tavira, y que no encontramos que nadie de los asistentes al estreno hubiera entendido.