FICHA TÉCNICA



Título obra Los viejos

Autoría Rodolfo Usigli

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Sonia Amelio, Xavier Marc, Carlos Bracho

Escenografía David Antón

Coreografía Guillermina Bravo

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Los viejos de Rodolfo Usigli, dirige Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 16 mayo 1979.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   16 de mayo de 1979

Columna Teatro

Los viejos de Rodolfo Usigli, dirige Luis G. Basurto

Rafael Solana

Este año el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, que ha llegado a su séptima edición, ha inaugurado una nueva modalidad, consistente en presentar espectáculos propios, por él encargado, y no solamente programar a grupos extranjeros o nacionales, invitados a participar en sus festejos. Más tarde mencionaremos a su grupo coral, que cantó una misa en la iglesia de los jesuitas; ahora vamos a referirnos a su propia compañía teatral, que formó el director Luis G. Basurto y que se anotó un notable triunfo con el estreno mundial de una obra del más respetado y prestigioso de todos los dramaturgos mexicanos, desde Juan Ruiz de Alarcón: Rodolfo Usigli. Qué tan nueva sea la obra, no lo sabemos con exactitud, pues a veces don Rodolfo se saca de la manga alguna pieza escrita años antes, y que reposó en sus cajones, como la masa para la pizza se deja reposar unas horas. Sin embargo, esta vez creemos que sí se trata de una composición reciente, y no de una añeja, como cuando Aguas estancadas o cuando Las madres. Los viejos tiene un aire juvenil, que Basurto en la dirección y David Antón en la escenografía se encargaron de subrayar. Y en ella Usigli se presenta a sí mismo como un viejo, y no hace mucho tiempo que lo es. De manera que podemos pensar que es una pieza nueva, hija de su madurez, y tan sorpresiva por su novedad como fue para los partidarios de Verdi el estreno de Falstaff, cuando ya su autor era octogenario, obra con la que don Giuseppe rompió con su propio probado estilo e intentó seguir caminos nuevos y frescos.

En Los viejos, como había hecho hace 25 años con La crítica de La mujer no hace milagros, Usigli da enérgica y viril respuesta a sus censores, reaccionando como un jovencillo alerta y de piel sensible. Se pinta a sí mismo, y como su contrincante y deuteragonista pone al que se supone ser un joven autor teatral que también es crítico de teatro, de manera que por estos datos podría reconocer a más de uno de los críticos de México, o de las autoras. Por supuesto, lo que no será una sorpresa para nadie, el que tiene la razón en esta contienda es el viejo, es decir, Usigli mismo. ¿Qué otra cosa podía esperarse? Si algún autor joven tiene ideas distintas, y las cree mejores, ya estrenará alguna vez una pieza que se llame Los jóvenes en la que las sostenga. Pero lo más probable es que eso no se produzca, y una de la razones será el respeto que inspira este maestro hasta en quienes más inclinados puedan sentirse a contradecirlo.

Además de su corte moderno, y de su lenguaje áspero (que en Usigli no es novedad, pues se anticipó desde 1952 al introducirlo en el teatro) tiene la pieza un tono polémico; de discusión literaria, que habría podido pensarse que iba a aburrir a la gente; pero tal cosa no ocurrió; en Guanajuato el público que llenó a toda su capacidad el teatro Principal (hubo que poner varias filas de sillas adicionales), siguió la representación con respeto y con interés que nunca decayeron. El autor fue recibido con una salva de aplausos cuando hizo su entrada a la sala, antes del espectáculo y despedido con una ovación cálida y larga por la gente puesta en pie, como señal de acatamiento para el patriarca de nuestro teatro.

Dos actores llevan el diálogo, y, como en Con la frente en el polvo, una bailarina pone viñetas o ilustraciones coreográficas para romper o disimular su monotonía; esa actriz, que tal vez se pensó en que apareciese desnuda fue Sonia Amelio, quien hizo el papel, viste unas mallas que evocan, pero no enseñan su desnudez; ella sabe actuar muy bien, y ya lo ha demostrado en el teatro y en el cine; pero en esta ocasión sólo se le pidió que se contorsionara un poco, animara algunas escenas, y bailara algunas estampas, como La muerte del cisne, con música de Saint-Saëns, los valses del Fausto de Gounod; sin embargo de ser mudo su papel, o casi mudo (pronuncia dos o tres palabras) Sonia se deja ver, y se lleva muchos de los aplausos. Otros son para el escenógrafo Antón, que ha dado muestras de gran imaginación con su bello escenario; otros, pocos, para la coreógrafa Guillermina Bravo; y muchos para el director Basurto y para los dos actores, que son el talentoso Xavier Marc, que despliega una turbulencia casi ciclónica, y Carlos Bracho, a quien encontramos muy atinado y eficaz en un papel que tiene muchos cambios y recovecos.

Como la obra Los viejos estará ahora mismo a punto de estrenarse en la ciudad de México, dejamos a nuestros lectores juzgarla; sólo les informamos que en Guanajuato obtuvo un triunfo completo y clamoroso, y les recordamos que una obra del más importante de nuestros autores no debe por ningún motivo dejar de verse.