FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre de la Mancha

Elenco Enrique Álvarez Félix, Alberto Hamín, Mónica Miguel, Salvador Quiroz, Fernando Larrañaga

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Gran actuación de Enrique Álvarez Félix en la reposición de El hombre de la Mancha]”, en Siempre!, 3 septiembre 1980.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   3 de septiembre de 1980

Columna Teatro

Gran actuación de Enrique Álvarez Félix en la reposición de El hombre de la Mancha

Rafael Solana

Además de guapo, le resultó valiente el hijo a María Félix. Hace 20 años ella pensaba en impulsarlo por la carrera diplomática, ya que el muchacho tenía una fina educación y hablaba varios idiomas; prefirió él tentarse en la carrera de su madre, e hizo cine; en Los caifanes se dejó ver; también hizo algo de teatro, hasta llegar a un papel estelar en Drácula, después de hacer muy distinguidamente uno secundario en La enemiga; en la televisión le han sido encomendados papeles de importancia, en los que luce su físico, aunque da ligeramente chocantito.

De todo esto, que es honorable, pero no grandioso, ha pasado de golpe a asumir, en el teatro, un papel de gravísima responsabilidad: el titular de la opereta El hombre de la Mancha, para el que tiene que desfigurarse en la caracterización, con renuncia absoluta de sus cualidades fotogénicas; ha de entrar en el alma de un personaje doble, apoderarse del público, pues está en escena en todo momento o casi, y hasta cantar, lo que hace con afinación insegura, pero con suficiencia; claro que al lado de un verdadero cantante, que es Alberto Hamín, desmerece; pero se ha tenido el talento de no dejar oír al tenor sino en las escenas finales, con lo que se evita que opaque a la estrella y que se establezcan comparaciones. Y para nuestra sorpresa (teníamos a Enrique por un buen actor a secas, y uno de los pocos en México que pueden ponerse un frac sin verse disfrazados; pero no por un astro resplandeciente, ni mucho menos) "la hace", como se diría en términos caifanescos; es decir, pasa la prueba con brillantez, con altas calificaciones; el público, en justo reconocimiento, tras ovaciones con largueza y con equidad a toda la compañía, concentra y sintetiza el aplauso en Enrique, que es el atractivo principal de la reposición, y que triunfa tan en toda la línea, que no vemos lejano el día en que se oiga decir por ahí; "aquella señora tan guapa... es la mamá de Enrique Álvarez". Y no necesitará ponerse el segundo apellido; de "hijo de su mamá" ha pasado a ser un actor importante, de primera fila, entre los que tenemos en México. Ya no le falta sino tiempo, es decir, sazón, permanecer en ese sitio por varias obras, para que su nombre se inscriba en la lista en que están los de Alfredo Gómez de la Vega, Fernando Soler, Manolo Fábregas, Ignacio López Tarso.

Pero con ser lo más destacado en ella no es la actuación de Enrique Álvarez lo único que tiene la nueva versión El hombre de la Mancha; sobre las cualidades de la obra, que son muchas (sólo con Mi bella dama y con Violinista en el tejado puede compararse en su género) no insistiremos, pues es de sobra conocida, y ha sido calificada de estupenda; la música, una orquesta rica y excelente, diremos que nos ha sonado mejor que la primera vez, y de la escenografía y la ropa, que son de lujo; tras de la de Enrique viene la actuación de Mónica Miguel, esa actriz que ha escalado ya los primeros puestos, con su inolvidable Herodías y su notable Malinche, y que tan estupenda estuvo en Vine, vi y mejor me fui. Encontramos a la señora Miguel algo embarnecida; los años como que la han siliconizado (como le pasó a Carmen Montejo, y también a Anita Blanch); no sabemos para qué algunas artistas se inyectan cosas, si el tiempo se encarga de darles gratis y sin peligros lo que a gran costa y con mucho riesgo buscan; todo eso ya lo tiene Mónica, sin que queramos decir que se regrande; sólo distinta de como se veía hace 20 años. Ella sí canta; no es una mezzo de la Metropolitan Opera House, como Belén Amparán, ni una cancionera de discos y películas, como Rosa de Castilla; pero sí una actriz muy completa, como Nati Mistral; su voz grave y cálida luce mucho en su aria Dulcinea, y actúa su parte con emoción y con colorido; ella también es una triunfadora de la obra. Y encuentran estos dos artistas un gran cuadro de apoyo en Hamín, que en su De profundis clamavit se hace aclamar, en Salvador Quiroz, que tiene un papel tan importante como el que tuvo en Mi bella dama, en Fernando Larrañaga, en el coro de gañanes, esta vez escogidos muy viriles y recios, y no como suelen ser los bailarines de comedia musical. El público sigue fascinado toda la pieza, a lo largo de dos horas, sin interrupción, y queda deslumbrado por la calidad del espectáculo, al que cada noche la sala llena a reventar tributa ovaciones como se oyen pocas veces en los teatros; como la sala de conciertos, o más bien, de plaza de toros.