FICHA TÉCNICA



Título obra Máquina

Autoría Alejandro Licona

Dirección Marta Luna

Elenco Raymundo Robles

Escenografía Gloria Olivares

Coreografía Guillermo Serret Bravo

Música Larry Borden

Espacios teatrales Teatro Flores Magón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Máquina de Alejandro Licona, dirige Marta Luna]”, en Siempre!, 30 julio 1980.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   30 de julio de 1980

Columna Teatro

Máquina de Alejandro Licona, dirige Marta Luna

Rafael Solana

Hace ya tiempo que está Marta Luna, que hizo sus estudios en Praga, reconocida como una de nuestras mejores directoras; le tira al título de el mejor director; tras sus premiadísimas direcciones de El rostro perdido, Arturo Ui, El relojero de Córdoba, Rashomon, Exiliados, y tantas otras, hoy nos ofrece una más, un espectáculo en el que quien más brilla es ella, que usa la obra como pedestal, no para hacerla lucir y llegar al público, sino para hacerse ovacionar, como una gran violinista que ejecuta con primor una obra deleznable.

¿Nos parece eso la pieza de Alejandro Licona Máquina, que Marta ha dirigido en el teatro Flores Magón, de la unidad Tlatelolco? Sí, en cierto sentido. Es una buena obra, que denota adelantos en el escritor; desde luego, es la mejor que le conocemos, y en ella se advierte modernidad en la concepción y brechtianismo en el manejo de los muchos personajes y en la sucesión de las escenas, en diferentes lugares y tiempos, incluso con regreso al pasado y con repetición de diálogos ya escuchados; técnicamente está muy bien la pieza, siempre que sigamos considerando como nuevo a Brecht (1898-1956), que en realidad no lo es tanto (Tambores en la noche y Baal datan de 1924); su estilo fue introducido aquí por Carballido hace ya un buen número de años, y seguido por Leñero hace pocos.

El peligro de hacer teatro social (género al que Máquina pertenece, según puede colegirse de su título) es caer en la obviedad, en la demagogia y en la ramplonería; a nada de ello escapa esta pieza; dirán ustedes, y tendrán razón, que también el teatro pornográfico, el folklórico, el sentimental caen en la obviedad y hasta en la vulgaridad con frecuencia; sí, es cierto; por eso también son juzgados géneros deleznables; y el astracán también, que adolece de las mismas faltas.

No es posible reprimir algunos bostezos cuando el autor nos "descubre" que algunos patrones explotan a sus obreros y unos cuantos etcéteras; más interesantes resultan las escenas que no plantean problemas sociales, sino humanos, que, en su esquematicidad, están bien resueltas; lo único que queremos decir, sin tratar de rebajar la obra, que es digna de estimar y de aplauso, es que no es ella lo principal en este espectáculo; tampoco lo son las actuaciones de estrella que no existen; lo que acapara la atención, y los aplausos, es la dirección de Marta Luna, verdaderamente soberbia y apantallante.

Hagamos también una elogiosa mención de Gloria Olivares, cuya escenografía puede ser calificada de estupenda, y otra de Larry Borden, autor e intérprete (con otros tres) de una música admirablemente integrada a la pieza, de muy conseguidos efectos (recordemos que Brecht, el inspirador de la señora Luna, daba tan grande importancia a la música que algunas de sus obras, en colaboración con Kurt Weill, son óperas: la De tres centavos; estrenada en 1931 por ejemplo); también interviene, aunque menos ostensiblemente, un coreógrafo, Guillermo Serret Bravo, que ideó los movimientos de los actores que significan estar manteniendo en muy intensa actividad una gran fábrica.

La señora Luna verdaderamente ha bordado, con la mayor minuciosidad y una caudalosa imaginación, la dirección de la pieza, al tener en constante ejercicio a todos los 14 actores y actrices, que ni un momento cesan de dar vida al monstruo mecánico representado por la escenografía; ignoramos si la repetición de escenas es exigida por el autor o fue idea de la directora para subrayar las más significativas de ellas (y alargar la duración de la representación); la obra tiene un lenguaje muy vulgar y áspero; que encontramos perfectamente justificado por tratarse de obreros y obreras del más bajo nivel de educación, de manera que todo suena realista, y da colorido coloquial al texto; este lenguaje nos molesta, cuando es artificialmente puesto en otros medios sociales en que no viene al caso, o hasta para la comunicación entre esposos o entre padres e hijos, lo que nos parece que no es habitual aquí, ni como falsedad poética o dramática es aceptable.

Desearíamos insistentemente que el teatro Flores Magón, que es de difícil acceso, fuese cedido a la señora Luna en más fechas que las que tiene, sólo los jueves y los viernes de cada semana, pues Máquina(1), con su estupenda dirección, merece ser vista por todos los aficionados al teatro. De entre los actores destacamos a uno, Raymundo Robles, como el que más se ve; pero la obra es de conjunto y no de estrellas individuales.


Notas

1. Que se había estrenado el 10 de julio. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.