FICHA TÉCNICA



Título obra La nona

Autoría Roberto Cossa

Dirección Sergio Corona

Elenco Rosario Gálvez, Socorro Bonilla, Flaco Ibáñez, Mario Delmar; Ada Carrasco, el Chato Padilla, Sergio Corona

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La nona de Roberto Cossa, dirige Sergio Corona]”, en Siempre!, 16 julio 1980.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   16 de julio de 1980

Columna Teatro

La nona de Roberto Cossa, dirige Sergio Corona

Rafael Solana

Tan bien le fue a Sergio Corona con la obra argentina La fiaca, que no solamente fue un gran triunfo personal para él como artista, sino también un excelente negocio, que otra vez ha vuelto los ojos al sur en busca de material, y ha encontrado La nona(1), de Roberto Cossa, que es, como muchas obras teatrales de aquel país, una mezcla de comedia y tragedia; tragicomedia, la llaman, y la verdad es que dominan ese género; Luis Sandrini nos trajo aquí varias muestras, y don Fernando Soler estrenó otras; Filomena Maturano, del napolitano de Filippo, que está actualmente en cartel, no deja de parecerse. Según los autores de este estilo hay que acumular todas las emociones en una sola pieza; al principio, hacer reír, con caricaturas más o menos grotescas, y situaciones descabelladas o absurdas, pero poco a poco ir ahondando en la humanidad de los personajes, y lograr que en el acto final causen lástima, o pena, y apachurren el corazón de los espectadores, que se irán a su casa con un sabor dulceamargo, como algunas salsas chinas, y reflexionando sobre lo cierto que es en el fondo, lo que han visto, y de lo que al principio se reían como de una cosa fuera de la realidad.

Al adaptar La nona a México algo se pierde; da igual Ixmiquilpan que Jujuy o Salta, y tamal en vez de empanada; pero esa abuela que apenas sabe del español unas cuantas palabras, o que solamente esas recuerda si supo otras, no tiene aquí caso; en la Argentina la abuela es italiana (todavía dice "cco" y otras expresiones de esa lengua); aquí tendría que ser española, o indígena, y en el primer caso sus palabras no serían extrañas, y en el segundo nadie entendería.

Deja el autor algunos cabos sueltos. ¿Cómo esa hija que trabaja tanto, en una ocupación tan productiva, y que se compra tanta ropa, no lleva nada a la casa? ¿Cómo es que cuando venden hasta las sillas todavía se conserva en la casa una pistola, que habría tenido que ser que se empeñase o se vendiese? La respuesta es que el autor la iba a necesitar en el último acto...

David Antón paró, con su profesionalismo admitido, una escenografía proyectada por Ragucciern en Buenos Aires, y que se parece mucho a una que Juan Soriano hizo hace 20 años para Poesía en Voz Alta y a otras que aquí hemos visto.

El difícil problema de dar vida a personajes exagerados, caricaturescos, de farsa, fue afrontado por el director (Sergio Corona) y por los artistas que con tino escogió, y todos aciertan; a Rosario Gálvez y a Socorro Bonilla les tocaron personajes que tienen una sola faceta, que están trazados en serio, y contrastan con los de farsa, que son los encomendados al Flaco Ibáñez y Mario Delmar; Ada Carrasco y el Chato Padilla nadan entre dos aguas; son casi siempre serios, pero no dejan de tener su lado cómico. Por cierto, nos sorprendió muchísimo la estupenda actuación de Padilla, a quien todo el mundo tiene por un actor de grueso calibre, de sketchs y de cosas chuscas y toscas; aunque le recordábamos un trabajo de gran calidad en La casa de té de la luna de agosto, en La nona nos ha impresionado al revelarse como un actor capaz de papeles de gran responsabilidad, muy contenido, muy justo, sin chabacanerías de ninguna clase. En cuanto a Ada, desde hace mucho la tenemos por una actriz magnífica, y si bien ha parecido especializarse en señoras de alta clase social, elegantemente peinadas y vestidas, como hizo varias al lado de Rambal, o en el cine, en la vieja pobretona que le ha tocado esta vez está formidable.

Contra lo que podría suponerse, el papel principal de la obra no es el de la abuela, aunque ella sea el centro en torno del cual todo gira; el papel de mayor actividad es el que hace el Flaco Ibáñez, sandrinesco, con mucha comicidad y mucha malicia; es en ese papel donde se concentran los rasgos de humor negro que tiñen la pieza y en los que se juega burlonamente con la muerte; si este personaje no estuviera estupendamente hecho, lo obra caería por su base, se blandearía.

Le dieron un papel breve a Mario Delmar, pero él sabe darle colorido y fuerza, y hace de esa viñeta una creación admirable. El breve reparto se completa con Socorro Bonilla, que es una joven principiante de insinuante físico, y que se muestra a la altura de su personaje, si bien tal vez lo viste de más, pues cada par de zapatos suyo resolvería la situación de la familia por una semana.

Difícil trabajo el de Sergio Corona al asumir el personaje de la anciana abuela; es un travestimento muy bien logrado, sin amaneramiento ni dengues, muy sostenido; la centenaria de cerebro reblandecido e ideas fijas, que comprende poco lo que se le dice y sólo persigue con insistencia una obsesión, está logrado con gracia y con simpatía, y hasta con cierto patetismo, en la escena final que es desoladora.


Notas

1. Se estrenó el 26 de junio. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.