FICHA TÉCNICA



Título obra Las mujeres sabias

Autoría Molière, Jean-Baptiste Poquelin

Dirección Héctor Gómez

Notas de dirección Farnesio de Bernal, Renato de la Riva / asesoría gestual

Elenco Renato de la Riva, Virginia Gutiérrez, Meche Pascual, Nuria Bages, Mónica Serna, Blanca Torres, Luis Gimeno, Germán Robles, Octavio Galindo, Farnesio de Bernal, José Luis Yaber, Ángel Casarín

Escenografía José Méndez

Música Alicia Urueta

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Las mujeres sabias, de Molière, dirige Héctor Gómez]”, en Siempre!, 26 diciembre 1979.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   26 de diciembre de 1979

Columna Teatro

Las mujeres sabias de Molière, dirige Héctor Gómez

Rafael Solana

En los últimos 50 años no ha estado por completo ausente Molière de nuestros teatros; hace 45 el teatro Orientación montó Georges Dandin, el marido humillado, primero con Carlos Pellicer y después con Carlos López Moctezuma en el papel titular; poco después Fernando Wagner dirigió para la Universidad Las preciosas ridículas, y el anónimo autor de estas notas estuvo allí, en el papel de Gorgibus. Más recientemente hemos visto, bajo la dirección de Pepe Solé, El burgués gentilhombre, con Luis Gimeno (y con Louis Seigner como Monsieur Jordain a la Comedia Francesa, que también nos trajo Las travesuras de Scapin, con Robert Hirsch); Ignacio López Tarso hizo en el Hidalgo El avaro; en la Sala Molière se presentó un excelente Tartufo en francés, y jóvenes universitarios montaron El amor pintor, en el teatro Arcos-Caracol; seguramente hay más que de momento no acude a nuestra memoria.

Pero nunca hemos visto nada superior a Las mujeres sabias que ha montado la Compañía Nacional de Teatro(1); igual, puede ser, la Comedia Francesa o Teatro de la Nación; pero mejor no.

La obra es tan bella como Tartufo, El avaro, El burgués o Las preciosas, que es muy difícil encontrar superioridad o inferioridad al comparar obras maestras del mismo escritor, el más grande de los autores cómicos de la era cristiana que es Molière en su más alto grado, para que sepamos que se trata de algo insuperable, cumbre en su género. La dirección, de Héctor Gómez, que llega al oficio de director respaldado por una ópera, es ágil y llena de gracia y de ligereza. Y no es moco de pavo dirigir una comedia en un país en el que casi no se conoce el género, porque todo lo cómico que se hace aquí, o casi todo, es farsa, o de plano pachanga. Héctor, con alguna ayuda de Farnesio de Bernal para los movimientos y de Renato de la Riva para los gestos (dos habilísimos maestros) ha encontrado el tono exacto de la pieza, que nos mantienen con la sonrisa en los labios.

Hemos de elogiar el discreto decorado y la decente ropa, de José Méndez, y la buena música de escena, compuesta y ejecutada por Alicia Urueta. Pero lo mejor de todo, después de la comedia misma, que está por encima de cualquier encomio, está en las actuaciones, muchas de las cuales son verdaderamente soberbias. La Compañía Nacional de Teatro se permite el lujo de poner 10 estrellas en un reparto de 14 personas; esto no lo ha hecho nadie, como no sea en una función especial, como aquélla que los españoles dieron de El alcalde de Zalamea, en honor del presidente López Mateos. La mismísima Margarita Xirgu, que hizo época, no traía sino seis estrellas: ella misma, los galanes Pedro López Lagar y Enrique Álvarez Diosdado, la dama joven Amelia de la Torre y los característicos Amalia Sánchez Ariño y Alejandro Maximino. Los demás eran comparsas. Y en Las mujeres sabias hasta el último del reparto, que es un criado que no habla, es una estrella, el maestro Renato de la Riva, as de los pantomímicos mexicanos.

Reina de la pieza es Virginia Gutiérrez, la capitana del batallón de la marisabidillas; está guapísima y perfectamente entonada; otra mujer sabia, espléndida de comicidad, es Meche Pascual, y otra Nuria Bages, que aunque nos parece nueva, no desmerece entre tanta grandeza, sino saca su papel con la más cabal perfección.

En el partido antisabio están Mónica Serna, monísima damita, y Blanca Torres, que aunque no tiene más que un par de escenas se hace sentir y pesa notablemente, convirtiéndose en uno de los principales personajes de la obra.

Por el lado masculino tenemos a Luis Gimeno en una de las más felices actuaciones que le recordemos, y a Germán Robles, delicioso en su fina caricatura. Un galán con chispa y con vivacidad es Octavio Galindo, y en los papeles de apoyo vemos a Farnesio de Bernal, que una vez más prueba ser tan excelente actor como bailarín, y a José Luis Yaber, que saca mucho partido de su simpática figura. Ángel Casarín tiene dos personajes breves.

Desgraciadamente, este teatro oficial, excelente, insuperable, queda como al margen de la vida teatral mexicana, no tiene el mismo público; van los estudiantes y los maestros, pero el resto de los espectadores tiene la sensación de que se trata de algo exclusivo y fuera de circulación. ¿Hay también un SAI de espectadores? No se sabría a qué atribuir que opere esta compañía formidable, de la que los habitantes de la capital debiéramos estar orgullosos, porque no la hay mejor (sólo igual) en París o en Londres, como si estuviese dentro de una caja de cristal, como si no perteneciese a la vida capitalina. Bien está que vuele por encima de ella; pero mejor sería que se mezclara, que llegara al público, que lo hiciese compartir su excelencia.

Ojalá que se encontrara alguna forma de que los metropolitanos se encariñaran con esta compañía admirable, y la hiciesen suya, porque por mucha que sea su perfección, no llena su misión si no atrae a los grandes públicos que llenan, por meses enteros, otros teatros.


Notas

1. Que se estrenó el 14 de noviembre. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.