FICHA TÉCNICA



Título obra Exiliados

Autoría James Joyce

Notas de autoría Jorge Ledesma / traducción

Dirección Marta Luna

Elenco Ricardo Blume, Ofelia Medina, Julieta Egurrola, Luis Rábago, René García, Lolita Beristáin

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Teatro Polyforum

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Exiliados de James Joyce, dirige Marta Luna]”, en Siempre!, 5 diciembre 1979.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   5 de diciembre de 1979

Columna Teatro

Exiliados de James Joyce, dirige Marta Luna

Rafael Solana

Con el nombre de Desterrados circuló mucho en México la comedia en tres actos Exiles, de James Joyce, en 1937, en la traducción de Jiménez Fraud que editó en Buenos Aires Victoria Ocampo, en su Editorial Sur. Para entonces era ya aquí conocida otra obra de Joyce, Retrato del artista adolescente, en la traducción de Antonio Marichalar para la Biblioteca Nueva, de Madrid. Se juzgaba que Ulysses era intraducible y Finnegan´s wake todavía no estaba escrita. De Dubliners corría la edición de Modern Library, en inglés. Se tenía a Joyce por un escritor no sólo muy moderno, sino prácticamente incomprensible.

Han pasado ya 61 años desde que Exiles se publicó, y 42 desde que fue leída aquí en castellano, y todavía resulta novedad. La ha montado Marta Luna, en un Polyforum que ella ha convertido en semiforum, pues en su propósito de dar intimidad a una obra que no se explicaría en un teatro que se pareciese a una plaza, y para poder poner a los personajes pasadas misteriosas, ha reducido a la mitad el teatro en arena, convirtiéndola en hemiciclo. Además ha suprimido un personaje, el de una pescadera.

Marta Luna, a quien tenemos desde hace tiempo por una gran directora, da pruebas de profunda sensibilidad en el manejo de esta obra difícil, cuyos personajes tienen caracteres muy complicados, y ella los ha complicado más; por ejemplo, Brígida es en la obra una sencilla criada vieja, y en la interpretación de Lolita Beristáin nos resulta tiesa y misteriosa, con entradas sorpresivas y cautelosas.

Ha vestido la obra la señora Luna, y Alejandro Luna la ha amueblado, de manera de situarnos en una época ya muy pasada, hace por lo menos 60 años, antes de las faldas, de los vestidos y de los sombreros, cortos, y del pelo femenino corto también. Por cierto, son muy elegantes y muy teatrales los trajes. La señora Luna ha subrayado la irrealidad de los personajes femeninos con unas actitudes muy exageradas, de maniquíes; también se permitió la confianza, con el texto, de marcar algunas repeticiones que contribuyen a fijar la atención del público.

La obra dista mucho de ser amena, entretenida o de acción; es diálogo, pero no largo ni pesado, sino sólo insistente e inquietante; mientras más oye uno a los personajes, sobre todo a Dick en quien Joyce se retrató a sí mismo, más asombran con su conducta; el asunto contado en pocas palabras, podría ser el más manido que se conozca, y ya lo gastaron mucho los tangos: la mujer que engaña a su marido con el mejor amigo; el personaje del amigo es el más trivial, diríamos el más natural; el del marido es morboso, de una psicología complicada, inesperada, hasta diríamos desequilibrada. Tuvo la directora el talento de hacer que el actor encargado de él lo profundizara, lo trabajara en hondura; ese actor es Ricardo Blume, quien tiene un trabajo serio, digno de aprecio, y que sabe sortear las dificultades de un tipo nada común, que podría desconcentrar y equivocar al público. El señor Blume ha sabido medir muy bien sus pausas, y acierta en todas sus entonaciones.

Muy guapa y bien maquillada aparece Ofelia Medina, que hace el principal personaje femenino. Bien vestida también, en los dos primeros actos; creemos que en el libro el personaje es más sencillo, y establece un contraste con el carácter del genial marido; Martha Luna permite que también Berta nos aparezca, en el ejercicio de la libertad a que su marido la autoriza, como algo literaria y atormentada.

Muy hermosa, en un papel secundario, en que toma siempre actitudes rebuscadas, aparece Julieta Egurrola; y nos da una grata sorpresa Luis Rábago, que se hace simpático en el personaje que es la hipotenusa del triángulo, al que poco le falta para convertirse en cuadro. Apreciamos mucho los inteligentes cambios de este personaje, que se ve sometido a lo largo de la obra a varias sorpresas que exigen inmediatas y bien pesadas reacciones.

El cuadro de actores se completa, brillantemente, con un chiquillo de pocos años, René García, que está natural, fresco, ágil y muy simpático.

Exiliados, que es el nombre Jorge Ledesma ha dado a su traducción (muy poco diferente de la de Jiménez Fraud) puede resultar algo lenta, y aun pesada, para un público frívolo; pero para uno culto y sensible es interesantísima; la dirección y todas las actuaciones son de gran calidad. Creemos que tendrá una clientela muy selecta, y lo suficiente numerosa para mantenerse en cartel en un teatro que no necesita mucho para llenarse, tan reducido ha quedado. Desde luego es indiscutible como complemento de una cultura básica conocer la única obra teatral que escribió el autor de Ulysses, a quien se tiene por uno de los más sobresalientes genios literarios de nuestro siglo.