FICHA TÉCNICA



Título obra La cultura me da risa

Notas de Título inspirado en 3 cuentos de Antón Chéjov

Autoría Geráld Huiller

Dirección Gérald Huillier

Elenco Susana Alexander, Margarita Sáenz, Rafael Sánchez Navarro, José Elías Moreno, Enrique Bécker

Escenografía Gerald Huiller

Notas de escenografía Cristina Sauza / realizador

Espacios teatrales Teatro Alianza

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La cultura me da risa de Geráld Huiller]”, en Siempre!, 21 noviembre 1979.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   21 de noviembre de 1979

Columna Teatro

La cultura me da risa de Geráld Huiller

Rafael Solana

Muchos comentarios en la antesala del teatro Alianza; suelen retrasarse las funciones y el acceso a la sala se abre tarde, de modo que siempre sobra tiempo para tomar un café (aunque no es allí ése el principal negocio, como en la Operadora de Teatros) y para charlar un poco. El tema de muchas conversaciones era: ¿por qué desapareció del cartel Patricia Ancira? Porque como la función de prensa no se da allí antes que las otras, sino después de varias, había algunas personas que vieron la obra primero que los periodistas, y estaban muy extrañadas de que no estuviese ya la señorita Ancira, de quien comentaban que había estado formidable los días en que hizo La cultura me da risa; que se lleva una ovación colosal. Y entonces algunos se acordaban de Bertha Moss, que cada vez que estaba magnífica en un papel desaparecía como por encanto; le pasó con María Rivas, con Dina de Marco, y hasta con Angélica María, recordaban (tal vez mal) algunos. Es muy raro que a una actriz, cuando es la dueña de la casa, le gusten las ovaciones a otra actriz. Tampoco a un matador de toros le gusta que ovacionen a sus banderilleros. ¿Qué le pasaría a Patricia? En eso ya abrieron y pasamos a la sala. Por principio no nos gustó mucho la decoración, hecha como para distraer la atención del público y no para concentrarla. Un desacierto del señor Gerald Huiller, a menos que el indiscreto telón de fondo deba ser atribuido a su realizadora Cristina Sauza.

Pero en cambio la obra, que también es de Huiller, inspirada en varios cuentos de Chéjov, nos gustó mucho; esperábamos algo muy parecido a aquellas Tres joyas de Chéjov, que montó Seki Sano, con don Arturo Soto Rangel en un monólogo El canto del cisne y Manolo Fábregas y Wolf Ruvinskis en La petición de mano y en Celoso, tal vez con María Douglas. Pero no, se trata de algo más elaborado, de un trabajo de creación de don Geraldo, muy feliz, a nuestro juicio, pues da al espectáculo, que es breve, agilidad y variedad, con contrastes muy coloridos entre un cuadro y otro, hasta por el tamaño de ellos; alguno francamente cómico, uno sentimental y poético, otro revolucionario y feroz, otro irónico, todos los cuadros bien sabidos, hasta por la actriz que entró a torear; todos muy bien dirigidos (¿se debe entender que con Huiller? el programa no lo dice expresamente); casi todos los vestidos están muy bien, aunque un saquito corto de José Elías Moreno, en tiempos de grandes levitas, no nos lo explicamos muy bien. La pieza, pues, en su conjunto, nos pareció una delicia.

Pero las actuaciones... ¡ah, que encanto! De Susana Alexander ya no esperamos sino lo máximo, después de las tres o cuatro últimas obras en que la hemos visto, y por algunas de las cuales ha sido clamorosamente premiada. Ya no nos conformaríamos con verla bien. Tiene que estar gigantesca. Y así está, en todos sus grandes y pequeños papeles; seductora, llena de gracia y de intención, en su papel de cocota, lírica en el Andrea, estupendamente en El daño que hace el champaña, tierna, conmovedora, como la señorita Julia. Una vez más una asombrosa y fascinante cátedra.

¿La señorita Sáenz, que vino a sustituir a Patricia está discreta? ¿está, de modo de dejar que todo el brillo sea para la primera actriz?¡No, nada de eso! Está formidable ella también, en sus tres papeles. No podemos imaginar a nadie mejor en ellos. Creemos que la señorita Ancira habrá estado estupenda, pues recordamos con qué gracia sacó todos sus personajes en Cómo ser una buena madre judía; pero ya que se nos negó la oportunidad de verla, nos limitaremos a comentar la actuación de Margarita Sáenz, es la delicia misma como criada de Zita, como Lidia, la puritana esposa, y de su personaje de Nadia hace una espectacular creación. ¡Qué rato de encanto le debemos! Ha sido para nosotros toda una revelación.

Una vez más hemos constatado los méritos de Rafael Sánchez Navarro hijo de su ilustre padre, y excelente en dos papeles, sobre todo el de militar. Nos parece una buena adquisición la de José Elías Moreno, un joven estudioso y que tiene ángel; y en cuanto a Enrique Bécker, bien en su primer papel, en el último está enorme, rinde el mejor trabajo que le hemos visto en toda su vida.

Con todo lo cual sólo una cosa lamenta el espectador, y es que la obra se acabe; habríamos podido estar allí una hora más, con la boca abierta.

¡Es mucha pieza la señora Alexander!