FICHA TÉCNICA



Título obra La mudanza

Autoría Vicente Leñero

Dirección Adam Guevara

Elenco Luis Rábago, María Rojo, Eduardo López Rojas, Carlos Chávez, Roberto Columbo, Facundo Prieto, Verónica Langer

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Teatro Arcos Caracol

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La mudanza de Vicente Leñero, dirige Adam Guevara]”, en Siempre!, 4 julio 1979.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   4 de julio de 1979

Columna Teatro

La mudanza de Vicente Leñero, dirige Adam Guevara

Rafael Solana

Con viva curiosidad era esperado el estreno de la nueva obra de Vicente Leñero, el notable autor de Los albañiles, que ni con La carpa, ni con Estudio Q, ni con su adaptación teatral de Los hijos de Sánchez había superado su éxito inicial, y que otra obra suya, de tipo basurtiano, medio filosófica y, medio religiosa (Pueblo rechazado) más bien aburrió a la gente; pero el impacto de Los albañiles fue tan formidable que seguía latente una gran ansiedad de conocer alguna otra producción suya; las que hemos mencionado, sin igualar a la primera, tampoco decepcionaron.

De La mudanza se habló como destinada a la Compañía Nacional de Teatro, una distinción honrosísima; pero esa gran compañía no la puso, y algunas personas se preguntaron por qué; la respuesta es muy sencilla: por la brevedad de su reparto la obra no encaja en una compañía tan grande y tan llena de estrellas; hay sólo dos o tres papeles importantes; suponiendo que uno de ellos lo hiciera Ancira, o Germán Robles, o Miguel Córcega, y otro Mario García González, y el femenino digamos Mónica Serna, ¿se imaginan ustedes de mecapaleros, nada más cargando muebles y paquetes, a Augusto Benedico, a Fernando Mendoza, o a Yolanda Mérida? Oscar Servín, Octavio Galindo, Otto Sirgo, tal vez... pero de todos sería un gran desperdicio.

Con Luis Rábago, María Rojo y Eduardo López Rojas la Universidad hizo un reparto suficiente; el excelente Carlos Chávez, Chin Chin el Teporocho, aparece en un papel pequeño y oscuro, con lo que no se aprovechan ni su nombre ni su talento.

Ahora bien, bajo la dirección de Adam Guevara, estos artistas, sin ser tan ilustres como los que integran la Compañía Nacional, dan un rendimiento supremo; difícilmente sus actuaciones habrían podido ser superadas por las de las más famosas estrellas. Con su talento propio, y la dirección estupenda, y el texto, que es formidable, producen una representación que habrá de figurar entre lo mejor que este año se pueda ver en los teatros de México.

Leñero se deja por esta vez de curas, de filósofos y de otro tipo de complicaciones, y regresa a lo que parece ser su terreno más firme; los cargadores, por supuesto, hablan en el mismo sápido idioma de los albañiles, y su texto, salpicado de pintoresquismos léxicos, es sumamente sabroso; pero no solamente a Los albañiles recuerda La mudanza, sino también a otras obras que posiblemente dejaron honda impresión en el ánimo de comediógrafo; hay algo de kafkiano, hay algo de Ionesco, el de Las sillas, y hay algo de los Hermanos Marx en este angustioso, pero a la vez cómico irse llenando el espacio, diremos de piedritas, hasta que no es posible soportar más y hay que reventar; Leñero ha tomado de los autores franceses de fines del siglo pasado, y también un poco de Ibsen, ese clima de intramuros de un matrimonio; ya en El señor Lamberthier, en Del brazo y por la calle, pero también en Casa de muñecas o en El pato salvaje (sólo que en otro tono) hemos entrevisto estos conflictos; Leñero los ha traducido al idioma de los cargadores, que también saben hablar los dueños de la casa. Una escenografía admirable, de premio, de Alejandro Luna, contribuye a la angustia, a la asfixia; cuando el aire se vuelve irrespirable en aquel cuarto cerrado con llave, como la vecindad de Los signos del zodiaco, Leñero se permite el discreto lujo de un personaje ficticio, ideal, simbólico, que todo lo destruye si (todo estaba destruido ya) a garrotazo limpio; Némesis implacable, Erinnia cruel, acaba con la pareja, con la comedia, de una manera drástica, nadie habría podido soportar un día más en aquella casa, en la que lo único mudable era el mobiliario.

No creemos que ningún otro director hubiera podido dirigir esta bellísima Mudanza mejor que como lo ha hecho Guevara, ni nadie habría podido colaborar en el renglón escenográfico con el acierto con que Luna lo ha hecho, al grado de convertir en cosas vivas, en bosque, en maleza que ahoga, todo aquel montón de cachivaches. Si la novela, también angustiosa, La vorágine, de José Eustasio Rivera, termina con las palabras “se los tragó la selva”, esta comedia podría terminar con “se los comieron los muebles”; porque llegan a portarse como boas aquel colchón y aquellos sillones, aquellas mesas, aquel refrigerador; entre el autor, el director y el escenógrafo han puesto alma en las cosas. “Busca en todas las cosas un alma y sentido ocultos” aconsejaba Enrique González Martínez; también los muebles, los enseres, los trajes, las copas, pueden ser pelmazos, y contribuir a hacer inhabitable una casa.

Carlos Chávez, como Benjamín Islas, Roberto Columbo y Facundo Prieto, se limitan a tener una actuación de fondo, a completar el cuadro, aunque sus pinceladas son exactas y contribuyen valiosamente a la perfección del conjunto; López Rojas tiene una actuación algo más sobresaliente, y está como nacido para el papel; Verónica Langer está excelente con la otra parte pequeña; y Luis Rábago y María Rojo se elevan hasta la eminencia con sus actuaciones, en el género naturalista, tan admirablemente logradas, que en el público no falta quien dé codazos a su vecino o su vecina para hacer notar que aquello es la vida misma, y que cada quién conoce casos como ése, hasta en su propio domicilio; puesta ante universitarios solteros quizá la obra tenga menor impacto que representada ante matrimonios, que ya han pasado por todo eso, o están pasando.

La mudanza es una obra de gran categoría, triunfo del autor, del director, del escenógrafo y de los intérpretes(1). Como también hay risas, además de drama, ha de gustar a un público muy amplio. Ya desde ahora puede asegurarse que será mencionada más de una vez a la hora de los premios.


Notas

1. Se estrenó el 18 de mayo en el teatro Arcos-Caracol. P. de m. A: Adam Guevara.