FICHA TÉCNICA



Título obra Como la piel de Judas

Autoría Pierre Barrilet y Jean- Pierre Grédy

Notas de autoría Antonio Haro Oliva / traducción y adaptación

Dirección Manolo García

Elenco Nadia Haro Oliva, Carlos Riquelme, Rosita Gallardo, Teresita Mondragón, Alberto Catalá, Ricardo de Pascual, Antonio Miguel

Espacios teatrales Teatro Arlequín

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Como la piel de Judas de Barillet y Grédy, dirige Manolo Fábregas]”, en Siempre!, 28 marzo 1979.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   28 de marzo de 1979

Columna Teatro

Como la piel de Judas de Barillet y Grédy, dirige Manolo García

Rafael Solana

La moda en materia de ropa, Nadia de Haro Oliva la dicta en México. Se recuerda la sorpresa con que se la vio bajar del avión que la traía de París con el primer maxiabrigo jamás visto en México (después de 1912); y ahora, hay que ir a conocer las despampanantes combinaciones de trajes para salir a la calle y batas o shorts para estar en casa con que va a dejar boquiabiertas a sus señoras clientas, que correrán a las casas de sus modistas a pedir algo parecido. Está Nadia, una vez más, elegantísima, y, eso ya sobra decirlo, porque lo venimos repitiendo desde hace un cuarto de siglo, guapísima. Ya alguna vez hemos dicho aquí, hace años, que hay quienes van al Arlequín una vez al año a ver si ahora sí ya empieza a adivinarse la edad de la señora de Haro Oliva en algún signo exterior. Y cada año ¡plancha! Si en algo ha cambiado será para verse más joven, más esbelta, más hermosa. No sólo la palabra celulitis, sino hasta la palabra gramos faltan en su vocabulario. El agua de la eterna juventud no hay que seguirla buscando; ella la ha descubierto ya, no la bebe, sino se baña en ella, para nuestra permanente sorpresa.

Y sin embargo, hay novedad, hay cambios, hay síntomas de correr del tiempo en el teatro Arlequín; han cambiado las modas literarias, se ha transformado el vocabulario teatral; ahora se dicen otras palabras, que antes no se decían; es cierto que hace ya cinco lustros que Isabela Corona dijo unas cuantas, en Jano es una muchacha, de Usigli, y poco después Pedro López Lagar una muy cruda en el teatro 5 de diciembre, y después Lucha Núñez otra, en Cada quien su vida; pero ahora se acostumbra decirlas todas por carretadas; así lo hemos oído en el Fru Fru y en la carpa Olímpica, y hasta un poco en el Blanquita, que es un teatro para familias. Y en el cine, ya no nada más a Carmen Salinas y a Lalo “El Mimo”, sino hasta doña Sara García metió su baza, en Mecánica nacional, y don Fernando Soler estalló unos cuantos términos tomados de Picardía mexicana en El gran perro muerto, y por cierto no los dice con menos gracia que “Resortes” o que Humberto Elizondo. Pero, en boca de Nadia de Haro Oliva, esa dama tan distinguida, la elegancia, el refinamiento en persona, hasta en los papeles de cocotte (imposible darles el otro nombre, más castizo, cuando ella los hace) ¿quién se iba a imaginar esos términos? ¿Quién lo hubiera esperado nunca?

Pues nos hemos ido de espaldas cuando hemos presenciado la entrada triunfal de Nadia a la moda de las palabrotas, en Como la piel de Judas, que es, para decirlo brevemente y de una vez, la obra en que mejor la hemos visto, después de La hora soñada. Ahora sí que no podrá evitar nadie que sea mencionada en las elecciones de la mejor actriz del año. ¡Qué actuación estupenda! ¡Qué gracia, qué alegría, qué dinamismo, qué energía! Su papel de Marion, en esta simpatiquísima comedia, es algo por lo que será recordada como por el de la mujer del organista en la noche de la señora Bonacci. Está formidable.

La comedia, sin salirse del género, sin ser una obra eminentemente literaria, es una gran pieza, acertadísima en todo, construida con maestría, dialogada con infinita gracia, con personajes hábilmente dibujados, tres de ellos en alta comedia, cuatro más en tono más caricaturesco. Y tanto a los tres principales como a los cuatro complementarios ha sabido Manolo García darles una vivacidad, una ligereza admirables; Nadia, Riquelme y Rosita Gallardo, están como muy pocas veces les hemos visto, perfectos en sus interpretaciones. Y Teresita Mondragón, Alberto Catalá, Ricardo de Pascual y Antonio Miguel, impecables en sus marionetas; el director, de quien no recordamos ningún trabajo mejor, ha acertado plenamente a definir estos dos mundos artísticos, el que representan las tres primeras figuras, y el de fondo, en otros tonos, tirando un poco a la farsa, como los autores lo han pedido. De los directores del Arlequín suele hablarse poco; el propio Manolo García, antes Julián Duprez, alguna vez Pepe Solé, Antonio Haro Oliva mismo, generalmente se han limitado a poner las comedias fluentemente, a dejar que corran; Manolo García esta vez ha ido mucho más lejos; su trabajo con los artistas ha ido más allá; logra que la comedia adquiera y conserve un ritmo admirable, la desliza con ligereza y velocidad, y ha entonado, sobre todo a Nadia, pero también a Carlos y a Rosa, de manera que obtengan de sus papeles el máximo de rendimiento.

También Antonio Haro Oliva en su trabajo de traductor y adaptador, esta vez sin la colaboración de Carlos León, se anota un triunfo sobresaliente, pues ha logrado poner en los diálogos un colorido excepcional; mucho de la gracia de la comedia está en su léxico, y Antonio ha dado en el clavo al escoger cada una de las palabras que estallan en los labios de Nadia, y que pintan los cambios que se operan en su carácter. Ahora que se habla de dar premios de traductor (y el motivo de que eso viniera a cuento fue tan serio como las traducciones que de tragedias griegas ha hecho el sabio doctor don Pablo de Ballester) no habría de olvidar el primor con que Antonio Haro Oliva ha traducido Peau de vache, de Barillet y Grédy, dos autores franceses mucho menos famosos que Sauvajon o que Deval, pero en esta pieza se manifiestan maestros en el género de la comedia, que tan ilustres representativos tiene en la patria de Molière y de Beaumarchais.

Riquelme a lo largo de los 20 años que tiene en esta casa, se ha dejado a veces caer en la complacencia, y se ha conformado con repetirse a sí mismo, saboreando y masticando sus propios y legítimos éxitos. Pero vale para mucho más que para repetir sus mayores creaciones; siempre puede agregar a ellas una más, nueva; y lo hace en esta ocasión. Su cellista en nada se parece a su visitador, ni a su cardenal, es un personaje del todo diferente; y no está menos bien en él Carlos que en otros de sus triunfos que más vivamente le recordamos.

En Rosita Gallardo solíamos ver sólo una joven y linda damita; a medida que va dejando de ser lo primero, pero no lo segundo, la vemos estudiar más a fondo sus papeles, como si presintiera la proximidad del momento, que casi a todas llega (las excepciones son poquísimas) en que no le bastará con atenerse a su atrayente físico y a sus pocos años para seguir triunfando. Esta vez, además de estar muy bien vestida en la parte de su papel que lo permite, está Rosita muy intencionada, ha matizado muy bien los cambios que su personaje contiene y da la réplica a Nadia y a Riquelme en forma que nada deja que desear.

No nada más a la clientela habitual del Arlequín, sino esta vez al público teatral de todo México, recomendamos Como la piel de Judas como algo muy digno de ser visto y aplaudido.