FICHA TÉCNICA



Título obra Salomé

Autoría Óscar Wilde

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Mónica Miguel, Ricardo Cortés, Javier Díaz, Ana Bertha Lepe, Eric del Castillo

Escenografía David Antón

Grupos y compañías Teatro de la Nación

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Salomé de Óscar Wilde, dirige Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 31 mayo 1978.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   31 de mayo de 1978

Columna Teatro

Salomé de Óscar Wilde, dirige Luis G. Basurto

Rafael Solana

La ovación más estruendosa, la más unánime, la más espontánea y, sobre todo, la más sincera, la noche del pre-estreno de Salomé(1), fue la que estalló en honor de Mónica Miguel, con bravos y vivas. Cuando la cortesía y la sinceridad se inclinan por manifestaciones diferentes, y hay que optar sólo por una de ellas; dada su incompatibilidad, la gente bien educada escoge siempre la primera; Alcestes, el hombre sincero químicamente puro, es llamado misántropo, en la bella comedia de Molière, y se enemista con todo el mundo.

Pero ningún fingimiento había en aquellos aplausos para la actriz sinaloense, que se alzó como la mayor triunfadora de la noche, sin que podamos saber si eso mismo habrá seguido en las subsecuentes, ya con un público menos intransigente. La señora Miguel que además de actuar y de manejar con maestría una voz cálida y preciosa baila y canta, lo que ya ha demostrado cuando ha intervenido en comedias musicales, aquí o en Roma, está a punto de alcanzar que la obra se llame Herodías, como la ópera de Massenet y el cuento de Flaubert que tratan del mismo asunto que la ópera de Strauss y la obra teatral de Wilde; desde que aparece se hace la dueña de la situación, con su gran autoridad escénica, y se sostiene a lo largo de la obra sin flaquear jamás, siempre entonada, siempre justa, siempre incisiva en sus bocadillos y majestuosa en sus movimientos; en el prólogo nos da una versión un poco libre de lo que en la imaginación del autor (el autor del prólogo) es una pequeña orgía doméstica, y se contorsiona en forma un tanto epileptocoreográfica, y en el epílogo, que tampoco es de Wilde, canta un poco, sin llegar al flamenco, y en nada exagera, con lo que singulariza dentro del cuadro. Ya otras veces ha sido muy elogiada y premiada (el año pasado compartió un premio con su tocaya Serna); pero tal vez nunca había sido aplaudida con tanto calor como en este pre-estreno de que estamos hablando.

Otra ovación sincera fue la que oyó David Antón, que se hace el amo con una escenografía rica, fastuosa, muy teatral y muy despampanante, con un poquito de influencia de La guerra de las galaxias otro poco de pulpos en su tinta; desde que se abrió el telón apantalló David, que volverá a ser candidato este año de seguro, al premio de los críticos.

Para seguir mencionando los aplausos unánimes de esa noche, los que no despertaron ningún género de controversia ni dividieron las opiniones, como se dice en los toros, mencionaremos a dos actores de no mucho renombre, que acertaron en sus actuaciones: Ricardo Cortés, a quien costaba trabajo reconocer en su caracterización del Bautista, y Javier Díaz, cumplido intérprete del joven sirio.

Las dos actuaciones principales de la obra, o más bien las tres más importantes, la del director, que es Luis G. Basurto, y las de la actriz Ana Bertha Lepe y el actor Eric del Castillo, provocaron manifestaciones diversas, y comentarios muy apasionados, a la salida del teatro. En el papel de Salomé unos recordaban a María Douglas, que lo bailó en el Iris, y otros a la veterana soprano Rosa Paoly, que lo cantó en Bellas Artes, y de quien dijo el agudo Salvador Novo que había bailado “la danza de los siete sarapes”, pero no las recordaban por compararlas, pues la señora Lepe ni canta ni baila.

En otra ocasión haremos comentarios más amplios sobre esta obra lujosa e importantísima de Teatro de la Nación.


Notas

1. El estreno formal de la obra fue el 17 de mayo en el teatro Tepeyac. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.