FICHA TÉCNICA



Título obra La muchacha sin retorno

Autoría Santiago Moncada

Dirección Dimitrios Sarrás

Elenco Ernesto Alonso, Rita Macedo, Emilia Carranza, Susana Cabrera, Ana Martín

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Continúa el éxito de taquilla de La muchacha sin retorno de Santiago Moncada, dirige Dimitrios Sarrás]”, en Siempre!, 21 diciembre 1977.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   21 de diciembre de 1977

Columna Teatro

Continúa el éxito de taquilla de La muchacha sin retorno de Santiago Moncada, dirige Dimitrios Sarrás

Rafael Solana

El anónimo autor de esta columna reparte su semana aproximadamente (y eso desde 1930, con pocas interrupciones) con dos noches para ir al teatro, otras dos para ir al cine, dos para asistir a conciertos, y el domingo se va a los toros; pues bien: aun con esa constancia, suele ocurrirle que se le escapen algunas obras, y algunas películas, y algunos recitales (ninguna corrida); no se puede ya, en México, asistir a todos los espectáculos. Y cuando por un motivo u otro se puede asistir a un estreno (porque se cambió la fecha a última hora, cuando ya se tenían otros planes, o porque hubo que escoger entre dos o tres, o se tuvo un compromiso de otra índole) puede suceder que se pase un año entero sin ver una obra triunfante. Pero se dice uno: si desaparece pronto del cartel será tal vez porque no valía mucho la pena (aunque no siempre); y si permanece, y vale... tiempo habrá.

La muchacha sin retorno(1), que es uno de los fenómenos de taquilla más extraordinarios de que podemos tener recuerdo, hemos venido a conocerla, y casi por casualidad, cuando ya lleva tres cuartos de millar de representaciones; ya teníamos proyecto para ir esa noche a otro teatro, un estreno mucho más reciente; pero un encuentro casual con Ernesto Alonso nos hizo variar de planes, y al final nos fuimos a conocer la obra que, con La hora soñada, La criada malcriada, Gigolo y Cada quien su vida cuenta entre las que más viejas se han hecho en los escenarios mexicanos (para las 2 500 representaciones de Debiera haber obispas Luis Basurto contó también las hechas fuera de aquí). La ratonera lleva esos pasos, pero todavía no ha llegado.

Animación extraordinaria en los alrededores del Manolo Fábregas. Propina extra por encontrar lugar en el estacionamiento; agotadas las sillas en el "Tonina" y en otros merenderos de la región. Aglomeración en la taquilla. El "Manolo" es un teatro grande, que ha sido tumba de algunos espectáculos interesantes; pues estaba, si no lleno, sí muy concurrido; y la gente era distinta de la que va a otros teatros; se veía un público mejor vestido, de caras menos toscas, de mejores modales; un público de clase media más alta que la que frecuenta las calles de Antonio Caso; parecido al de Nadia, o al de los teatros del Seguro Social, que es el más fino (pues en las funciones de la Compañía Nacional lo que más se ve es juventud estudiosa).

Ernesto Alonso se merece ese triunfo de taquilla; él se ha sabido hacer un nombre respetado, en muchos años de labor; le conocimos muy joven, cuando más que Ernesto Alonso era "el hermano del Calesero" (ahora será más bien el tío del Capitán) al lado de don Felipe del Hoyo y de América López en El divino impaciente; era un actor primaveral; estival era ya cuando hizo Crimen en la alcoba, al lado de un Rafael Baledón que ustedes verán cómo está ahora cuando se estrene Pasajero en tránsito y de una Carmen Montejo que también algo se ha ajamonado; ahora es un galán otoñal, muy orondo de sus canas; pero no calvo ni panzón ni deteriorado, de manera que, aunque es el único de su sexo en escena, muchas son las damas que acuden a verlo; se ha unido, artísticamente, una vez más a Rita Macedo, que es una gran actriz y una mujer muy bella; tiene también en el reparto a Emilia Carranza, a la actriz cómica, un poco gruesa, Susana Cabrera, y en el papel de damita joven a Ana Martín.

El periodista que se ocupa de teatros tiene dos vertientes, para escoger por cuál deslizarse; o bien le hace al crítico, y señala valores, subraya méritos, censura debilidades, exalta hallazgos, condena fallas, descubre defectos, alaba aciertos, hace comparaciones, evoca experiencias, da consejos, o, si lo encuentra más conveniente, se limita, como mero cronista, a informar sobre lo que vio, de la misma manera que un redactor de sociales al mencionar una boda sólo dice lo linda que se veía la novia, sin entrar en detalles sobre si iría fajada, el pelo pintado o los dientes postizos, ni muchísimo menos sobre las virtudes de la desposada, la decencia del novio, la solvencia de los padrinos ni las probabilidades de éxito o de duración del matrimonio.

Esta vez, ante el fenómeno taquillero, que no nos explicamos del todo, de La muchacha sin retorno, quisiéramos concretarnos al papel de cronista para asentar, como ya queda asentado, que se hacen cada noche entradones, que ya se acerca la pieza al millar de representaciones, que la gente, de mejor aspecto que la que va a otros teatros, goza la pieza, la ríe sin parar, la disfruta, sale feliz... una vez consignados todos estos verídicos datos, podríamos ahorrarnos el tener que decir que a nosotros nos pareció una obra flojísima, que nos asombró y nos entristeció la burda dirección de Dimitrios Sarrás, especialmente a Rita Macedo, que, teniendo que representar a una mujer de la edad que ya realmente tiene, hace una ridícula anciana tambaleante, o que la señorita Martín, a nuestro juicio, gesticula demasiado. Mejor diremos que al público le encanta, y que seguirá yendo, y no que a nosotros no nos gustó, lo que sería un tanto aguafiestas y descortés para quien tan amablemente nos invitó, don Ernesto Alonso, que está obteniendo el triunfo (de taquilla) más grande de su vida.


Notas

1. El cronista ya había reseñado la obra el 17 de septiembre de 1975. Se incluye en este volumen.