FICHA TÉCNICA



Título obra El zoológico de cristal

Autoría Tennessee Williams

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Emma Teresa Armendáriz, Fernando Balzaretti, Martha Navarro, Enrique Beraza

Escenografía Roberto Cirou

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El zoológico de cristal de Tennessee Williams, dirige Rafael López Miarnau]”, en Siempre!, 30 noviembre 1977.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   30 de noviembre de 1977

Columna Teatro

El zoológico de cristal de Tennessee Williams, dirige Rafael López Miarnau

Rafael Solana

Tennessee Williams será uno de los clásicos de nuestro siglo, y El zoológico de cristal es una de sus obras más bellas; carece de la violencia sexual de algunas obras posteriores de ese autor excelente; la pondríamos en la línea de lo chejoviano, por su melancolía, su frustración, la mediocridad a que están condenados sus personajes. La hemos visto varias veces, alguna de ellas en la pantalla, y nos ha dejado siempre ese gusto amarguito de las obras tristes, ese sabor a fracaso, de vida vista a través de lentes ahumados.

Rafael López Miarnau, tal vez el más fino de todos los directores de teatro de México, al retomar esta obra conocidísima, para el lucimiento de su esposa, la ha embellecido, si es que tal cosa puede decirse de una obra maestra. Le ha aplicado nuevas luces que sin desvirtuarla la enriquecen; sigue siendo una nueva pieza deprimente o ya sin abuso; lo negativo en ella ha sido enrarecido (ejemplo: la cojera de Laura, apenas insinuada); se diría, en términos algo toscos, que se ha esforzado el director por convertir un tango en un vals; y, sin embargo, a pesar de este amable enfoque, la bellísima obra nada pierde de su emotividad ni de su fuerza; diríamos que, por el contrario, la clara iluminación arrojada sobre sus personajes y sus escenas hace todavía más sombríos, por el contraste, los fondos; y como se evita el cansancio, la reiteración y el tono melodramático, el espíritu del espectador está más vivo para recibir las emociones melancólicas, no se enconcha ni se defiende de ellas.

Hasta risas hay, que no desentonan en un drama tan triste; este equilibrio, que llamaríamos prodigioso, nos hace considerar el de López Miarnau como uno de sus más admirables, finos y delicados trabajos.

Emma Teresa Armendáriz hace de un papel que en otras actrices ha sido amargo uno de sus triunfos personales más completos; nos tememos que cada vez que la vemos decimos lo mismo de ella; pero siempre es cierto; está admirable y resplandeciente; el día que esté bien a secas en alguna obra, habrá que llamar al médico, o que hospitalizarla, porque le estará sucediendo algo grave; en cuanto a que alguna vez llegase a estar mal, eso ni siquiera cabe imaginarlo. Pone tanta verdad, tanta humanidad en su interpretación, que, aunque haya que llamarla vieja bruja, como su hijo tiene que hacer, no se puede menos que adorarla con la mayor ternura; Williams ha escrito, López Miarnau dirigido y Emma Teresa Armendáriz interpretado, uno de los papeles de madre más hermosos, más verídicos y más conmovedores de toda la literatura dramática universal.

Pero si Emma Teresa, con estar deslumbrante y magnífica, no nos ofrece ninguna novedad en cambio nos ha tirado de espaldas Fernando Balzaretti, que al mismo tiempo que de un joven flacucho se convierte en un señor robusto (ahora se parece a Wally Barrón) también se ha transformado de un galancito algo insulso en un primer actor con toda la barba. Por supuesto, mucho es la dirección; pero ha sabido el artista captar y transmitir los matices variadísimos de su papel, hasta hacer de él una creación, que habrá de llamar sobre él la atención de la crítica y del público en la forma más poderosa.

Martha Navarro roe un hueso; ya es ir en desventaja hacer un papel femenino al lado de Emma Teresa, que es un sol de tan cegador brillo que nada cerca de ella puede verse; pero además el papel de Laura es opaco, desairado, descolorido; una muchacha lisiada, pasadita de edad, pobretona, sin novio ni perspectivas de conseguirlo ("una solterona pobre es una solterona; una rica, es una dama de cierta edad que todavía no se ha casado"); tímida hasta la mudez y el desmayo, apenas tiene ocasión de dejarse ver, siempre en tono menor; pero eso, tan poco agradecido, lo hace bien, y merece aplausos. También se los gana Enrique Beraza, en sus pocas escenas. Contribuyen, como el escenógrafo Cirou, a que el todo de la representación resulte la perfección misma. Arte grande, desde la obra, que es magistral, y la dirección, y las interpretaciones, y la iluminación, hasta la colocación del último de los muebles. Algo que por ningún motivo debe dejar de verse.