FICHA TÉCNICA



Título obra Dios se lo pague

Autoría Joracy Camargo

Notas de autoría Armando de Maria y Campos / traducción

Elenco Virginia Fábregas, Magda Haller, Lydia Franco, Miguel Arenas, Alberto Martí, José Luis Jiménez

Escenografía Magin Banda

Notas Comentarios sobre las representaciones de Dios se lo pague con motivo de la función en beneficio del actor Miguel Arenas con la obra homónima

Referencia Armando de Maria y Campos, “Pequeño viaje alrededor de Joracy Camargo y de su pieza Dios se lo pague que las compañías Arbeu y el Ideal estrenan el sábado de Gloria”, en Novedades, 27 marzo 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Pequeño viaje alrededor de Joracy Camargo y de su pieza Dios se lo pague que las compañías del Arbeu y el Ideal estrenan el sábado de Gloria

Armando de Maria y Campos

El año 1936 Virginia Fábregas con su compañía de dramas y comedias inició una gira artística de despedida por el interior de la República, que inició en Tampico el 9 de mayo presentándose en el teatro Palma, del que era Empresa el "Chato" César Guerra, con "la última obra de la culta escritora Catalina D'Erzell", Lo que sólo el hombre puede sufrir. Al día siguiente, sábado, representó La papirusa, anunciada como "la obra que está llenando los teatros de México y de España", por la tarde, y Doña Diabla por la noche. El domingo repitió estas obras y estrenó Garra materna, pieza norteamericana de Sidney Howard. Para las funciones de entre semana Virginia Fábregas presentó los dos estrenos de fuerza que llevaba: La flor de chícharo, Hombres a medias de Eduardo Bourdet, gran escándalo reciente en París, y Dios se lo pague de Joracy Camargo, formidable suceso teatral en Río Janeiro y en Buenos Aires.

Excelente compañía la que en esa ocasión llevó por la república la ilustre actriz mexicana. Director, Pedro J. Vázquez. Primer actor, Miguel Arenas; Magda Haller y Lupita Barragán, primeras actrices. Primer galán, José Luis Jiménez; dama joven, Carmen Cortés, y característica, Conchita Gentil Arcos. Gerente, mi inolvidable hermano Ernesto.

El miércoles 20, en función extraordinaria de gala a beneficio del primer actor español Miguel Arenas, se estrenó la comedia en tres actos, cada uno dividido en tres cuadros, original de Joracy Camargo, traducción española del portugués –con permiso del autor– de Armando de Maria y Campos, Dios se lo pague, con el siguiente reparto: María, Virginia Fábregas; Nancy, Magda Haller; Vecina, Lydia Franco; Mendigo, Miguel Arenas; Patrón, Alberto Martí y Pericles, José Luis Jiménez. Decorados de Magín Banda.

Dios se lo pague se estaba representando con singular éxito en los teatros de Río, Buenos Aires, Montevideo, Valparaíso y Santiago de Chile. Era la obra de moda en Suramérica. Había llegado a mis manos recomendada por otro gran autor brasileño, Oduvaldo Vianna, de quien el público de México acababa de admirar su preciosa comedia Amor, hecha por Paulina Singerman. Le hablé de ella a Virginia Fábregas, y me aconsejó pidiera rápidamente a la SBAT –Sociedad Brasileira de Autores Teatrales– autorización para traducirla del portugués al castellano y la exclusiva para que su compañía la representara en México, Cuba y España, si la gira que iniciaba lograba llegar a la península ibérica. Joracy Camargo me concedió el permiso, y como las maletas de la farándula de la Fábregas estaban listas para ser colocadas en la carreta de Tespis que recorría los caminos de la República, en unos cuantos días la versión quedó lista. Virginia tenía mucha confianza en que cuando pudiera estrenarla en México, alcanzaría un suceso semejante al que por esos meses registraba en Río, Bahía, Buenos Aires, Montevideo, Santiago, etcétera.

Dios se lo pagueDeus lhe pague– había sido estrenada en Río de Janeiro el 13 de abril de 1933, con sorprendente éxito, sólo comparable al que en París había alcanzado un lustro antes Topacio de Marcel Pagnol, obra con la que los críticos de Suramérica comparaban Dios se lo pague, de Camargo, que acababa de merecer el primer premio de la Real Academia Brasileña de las Letras. En Buenos Aires se había estrenado, según la traducción de José Siciliano y Alejandro Ruiz, el 10 de enero de 1934, por la compañía de comedias de Roberto A. Talice, en el teatro Sarmiento, haciendo el Mendigo, Alfredo Camiña; el "otro mendigo", Carlos Belluci; el Pericles, Pascual Pellicciotta; la Vanci, Carmen Casnell y la María, María Ester Pomar. En abril del mismo año de 1934 la estrenó en Santiago el gran actor chileno Alejandro Flores y como en Chile, al igual que en Argentina y en Uruguay Dios se lo pague quedó en las principales compañías como obra de repertorio, representándose –como ahora en México– en dos o más teatros a la vez. Nuestro magnífico actor Andrés Soler la representó, en 1936, frente a frente con Alejandro Flores, en Santiago y en Valparaíso, dándola a conocer en otros países en sus giras por Colombia, Venezuela, Ecuador y las repúblicas centroamericanas. Dios se lo pague quedó incorporada desde entonces a su repertorio, y no ha dejado de hacerla en cuantas temporadas ha organizado después, representándola también en casi todos los estados de la República, hasta estas últimas semanas. No he tenido oportunidad de vérsela hacer, pero tengo informes de que logra del Mendigo filósofo, Sócrates reencarnado, como a sí mismo se llama el extraordinario personaje creado por Joracy Camargo, una magnífica creación. La que le vi hacer en los teatros Palma, de Tampico, el 20 de mayo de 1936, y de La Paz de San Luis Potosí el 28 del mismo mes, al excelente actor español Miguel Arenas, desgraciadamente arrebatado por el ecrán, fue estupenda, y la réplica que le daba el maestro de la escena don Pedro J. Vázquez, haciendo "el otro mendigo", inolvidable. Dios se lo pague no llegó a representarse en México y durante largos años permaneció olvidada esta pieza, menos por Andrés Soler, que en todas sus salidas a los estados la siguió haciendo, como se continúa representando cinco o seis veces al año, al fin obra de repertorio, en Río, en Santiago, en Buenos Aires, ahora alternada con otra gran pieza del mismo autor: Justos por pecadores, cuyo estreno en Brasil data de 1935 y en Buenos Aires de 1936.

La gran comedia de Joracy Camargo que México verá representada simultáneamente en el Arbeu por Andrés Soler y en el Ideal por Miguel Manzano encierra en la frase que le da título –¡Dios se lo pague!– una gran lección, que da un mendigo filósofo a la sociedad egoísta y desorganizada de este tiempo, mendigo enriquecido alegremente por la siempre calculada caridad pública, de la que él se burla y aprovecha, porque –lo dice durante la primera escena del primer acto–:

–La sociedad es imperfecta. Por lógica, el mendigo tendría que ser siempre pobre; por lo menos, mientras es mendigo. Por el contrario, los pobres, realmente pobres, son los ricos. ¡Pobres de espíritu, pobres de tranquilidad, de fraternidad, y, a veces, hasta de dinero!

¿Sabéis por qué habla así este mendigo millonario de 50 años de edad?. . . Porque hace muchos siglos su espíritu encendió una extraordinaria arcilla, conocida en la historia de la humanidad por Sócrates.

–Estoy reviviendo mi primera encarnación, en el siglo de Pericles –dice– ¿Sabe quién fui yo? ¡Sócrates!... ¡Lindos tiempos aquellos!